Suicidio en Uruguay: la conversación ausente. Magela Misurraco
01.03.2026
En Uruguay el suicidio es un problema grave y constante. En 2024 murieron 764 personas por esta causa y en 2022 se registró la cifra más alta desde que se hacen mediciones, 823 casos. Se dice que el tema preocupa, sin embargo no está en la conversación ni en la agenda pública. Como si a nadie escandalizara esta tragedia.

Según datos oficiales, el país tiene 24, 8 suicidios cada 100 mil habitantes. En promedio mueren en Uruguay 16 personas por semana y se produce un intento de autoeliminación cada tres horas. Es la primera causa de muerte violenta. Son cifras altisímas que ubican al país liderando una triste estadística.
En números simples: entre 700 y 800 personas mueren por suicidio cada año en un país de poco más de tres millones de habitantes. Más muertes que las producidas por accidentes de tránsito. No es un hecho aislado. Es un problema estructural de Uruguay.
La mayoría de las muertes son de hombres. Entre el 75 y el 80 % de los suicidios corresponden a varones. Las mujeres intentan más veces, pero los hombres usan métodos más letales. Por eso mueren más. Esta diferencia no se explica solo por razones biológicas. Tiene que ver con la forma en que los hombres fueron educados para vivir el malestar y el sufrimiento.
Las tasas más altas aparecen en dos grupos. Por un lado, hombres mayores de 70 años, donde las cifras superan los 35 ó 40 cada 100 mil. Por otro, hombres de 20 a 34 años, aquí el suicidio es la principal causa de muerte.
En adolescentes la tasa es más baja, pero aumentan las consultas por pensamientos e intentos de suicidio a edades cada vez más tempranas. Hoy, un joven de 15 años puede tener un historial de tres intentos de suicidio.
En los jóvenes influyen la dificultad para construir una identidad firme, la presión social y la sensación de no tener un futuro claro. En los mayores pesan la jubilación, las pérdidas, las enfermedades y la soledad.
Falta espacio para hablar del sufrimiento psíquico y se estigmatiza a quien lo padece.
El suicidio suele estar precedido por pensamientos persistentes y por un malestar profundo. Cuando ese sufrimiento no encuentra escucha ni palabras, el riesgo aumenta. Es una muerte evitable.
Uruguay es un país envejecido y pequeño. Existe una fuerte idea de que cada persona debe arreglarse sola. El dolor emocional se minimiza o se vive en silencio. El suicidio sigue siendo un tema difícil de hablar en las familias y en los medios. Es tabú y hay un montón de mitos y supuestos básicos erróneos, como el que quiere morir no avisa o que el suicidio es un acto de cobardía y no de desesperación, por ejemplo.
Existen líneas de ayuda y planes de prevención. Pero ninguna medida será suficiente si el tema sigue siendo evitado. Hablar del suicidio no supone exagerar ni dar detalles innecesarios. Implica reconocer que el problema existe y sostener la conversación en el tiempo para que baje el número de suicidios y haya detección temprana del riesgo.
Cuando durante décadas un país mantiene tasas que duplican el promedio mundial, el problema ya no es solo individual. Es social y cultural endémico.
Línea Vida de prevención del suicidio
Desde teléfono fijo: 0800 0767
Desde celular: *0767
Magela Misurraco es Licenciada en Comunicación. Opción Publicidad y Relaciones Institucionales. Udelar.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias