Venezuela chavista
TERREMOTO EN VENEZUELA Y ASISTENCIA DE ISRAEL. Tablero indoafrolatinoamericano en era Trump. Luis E. Sabini Fernández
Escribí en alguna nota hace añares que respecto de Hugo Chávez Frías me cabían tres juicios sucesivos y claramente diferenciados: que su primera década al frente del gobierno a la sazón bolivariano estaba siendo deslumbrantemente antiimperialista y creativa, que una segunda década iba a ser una continuidad menos gloriosa y más atada a un personalismo que no iba a ayudar a la gestación de “un pueblo fuerte” que el propio Chávez postulaba, y que una tercera década iba a ser insoportablemente frustrante, con un verticalismo que iba a negar en los hechos muchos de los brotes políticos de la “primera década”.
Esa profecía se reveló, como en general las profecías, equivocada y/o falsa y la prematura muerte de Chávez me hizo pensar, como a tantos, en un asesinato político desde el poder consolidado que domina nuestras sociedades al menos de un siglo a esta parte (escuetamente, el anglosionismo).
El entrañable zambo Chávez murió, mejor dicho fue muerto, dentro de su "primera década". Nunca sabremos cómo habría sido su trayectoria. Pero sí conocemos, algo al menos, de la del chavismo.
La "revolución chavista" siguió al frente de Venezuela hasta con quien fuera designado por el mismo Chávez como su sucesor; Nicolás Maduro.
Junto al ejercicio político de la presidencia se mantuvo en pie la estructura, militar, que amparó el poder de Chávez; el ejército venezolano, bolivariano; chavista.
Pero una revolución que cuestiona privilegios es algo removedor. Y una estructura militar consolidada es, por definición, lo menos removedor que existe (aunque puede haber consolidaciones de poder aún más intensas, con raíz religiosa, por ejemplo).
Y la revolución chavista fue siendo esmerilada por el poder imperial norteamericano, cortando suministros, ahogando financieramente... lo que ya sabemos, es el recetario habitual de tratamiento para estas dislocaciones. Y con el progresivo ahogo monetario y material, el rebrote repetido de opositores tipo Leopoldo López o Corina Machado... Venezuela se fue enfrentando a las limitaciones características de las crisis políticas por asfixia; el "amo" norteño procurando inmiscuirse cada vez más.
Venezuela empezó a sufrir una fuerte emigración porque la escasez generalizada afectó a la sociedad antera.
Las crisis energéticas han hecho lo suyo. El disloque social y familiar, la emigración forzada. Los mecanismos de control electoral también han hecho lo suyo; cada vez sabemos menos. La gente de la calle sabe cada vez menos acercas de los resultados electorales; si son fruto de las votaciones o de los recuentos teledirigidos orquestados al margen de "la voluntad popular", tan invocada como a menudo manipulada.
Maduro siguió fungiendo como presidente tras problemáticas elecciones (o al menos conteos).
3 enero 2026
Ese día vimos con la detención violenta, cruenta, y el encarcelamiento de Nicolás Maduro, entonces presidente de la República Bolivariana de Venezuela y su cónyuge, Cilia Flores, el largamente conocido intervencionismo salvacionista a cargo de un destacamento militar estadounidense actuando como policía sin fronteras.
No hubo resistencia alguna de numerosas instituciones supranacionales que se supone resguardan cierto orden internacional; la OEA, el Tribunal Penal Internacional, la ONU, la Corte Internacional de La Haya... ni antes ni siquiera después del ejercicio tipo Far West de los sofisticados secuestradores, que debieron matar a decenas de guardias, venezolanos y cubanos, para proceder a "la extracción".
El ejercicio punitivista estadounidense dejó entrever el tembladeral político que ya se había adueñado de Venezuela desde tiempo atrás. Pero también del tembladeral institucional que nos gobierna o desgobierna en el concierto internacional.
Porque los acontecimientos no caen solos del firmamento; siempre se eslabonan, suelen obedecer a alguna causalidad. ¿Cómo entender entonces el acontecimiento del 3 ene 2026? En la cuestión del poder y dominio planetario tenemos un dato histórico: que la élite WASP, forjadora del poder de EE.UU. hace ya mucho tiempo que perdió el dominio absoluto que la caracterizara en el siglo xix y hasta las primeras décadas del xx. Con el golpe de mano del 3 de enero asoma a su vez en Venezuela una nueva configuración del poder; con Maduro aprisionado y a la espera de un juicio, no sobreviene la ocupación tradicional que designa una junta militar y provisoria. Como si todo funcionara ahora correcta, institucionalmente, es el gobierno de Maduro, sin Maduro, el que sigue funcionando "con total normalidad".
La continuación de la vicepresidenta Delcy Rodríguez, de Diosdado Cabello (el de la "línea dura") y en general del elenco chavista, incluyendo al hijo de Nicolás Maduro al frente del gobierno venezolano, es desconcertante.
¿Tratan de salvar lo salvable ante la ofensiva imperial o son "el troyano" instalado por Trump & Co.?
Vemos entonces que los pasos de "el imperio" tienen una modalidad distinta a la vieja metodología de "las juntas militares", y los administradores posgolpe son también radicalmente distintos; los golpistas no ponen al "elenco de confianza" (con la anuencia imperial): queda en pie la vieja estructura administradora de la Venezuela chavista.
24 junio 2026
La situación actual, con la dirección "chavista" recibiendo y con honores un contingente del estado racista, supremacista, genocida israelí tiene un alcance abismal que hace imprescindible re-conocer, ubicar, justipreciar.
¿Cómo Hugo Chávez y su gigantesco antirracismo pudieron derivar en el gobierno actual de Delcy Rodríguez?
Israel era, precisamente, uno de los objetivos de crítica más certeros, y con justicia, de Hugo Chávez.
La razón de tan peregrina visita o acercamiento: el terremoto doble sufrido por Venezuela en la afueras de la capital y con epicentro en La Guaira.
Es indudable la conmoción con semejante tragedia nacional. Los terremotos pertenecen a la naturaleza, al planeta. Y en ese sentido son apolíticos, carecen de coloratura política.
Pero desde 1946 tendríamos que decir que muchísimos fenómenos naturales carecen de aquella apoliticidad, que por tanto tiempo atribuimos, con lógica, a los fenómenos naturales, climáticos, tectónicos, porque inmediatamente de terminada la 2GM, el Reino Unido y EE.UU. se abocaron a la tarea de controlar el clima, de "gobernar la atmósfera". Una clara expresión de poder tecnológico en expansión. Ese primer proyecto, conocido bajo la sigla HAARP (en castellano, Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia) que, como en su original en inglés no nos dice casi nada, busca provocar cambios atmosféricos que desencadenen determinados fenómenos climáticos. Por ejemplo, lluvias con tormentas e intensidad con las que se han logrado inundar poblados hasta casi hacerlos desaparecer.
Es decir, desarrollar políticas con el clima como herramienta. En 2023, el devastador terremoto habido en Turquía y Siria fue denunciado como provocado.
Obviamente, si hubiere autores detrás de fenómenos aparentemente naturales pero trágicos, no se van a autoincriminar.
Tampoco podemos imputar un trastorno de la naturaleza del calibre de un terremoto como provocado por humanos sólo porque perjudique o afecte a una sociedad en conflicto con un poder imperial (aunque fuere el que está empeñado en "gobernar" la naturaleza). Pero sí debemos dar un paso más y ser conscientes que la humanidad, su tecnodesarrollo, han generado fuerzas que, fuera de control, han terminado provocando tragedias mayúsculas (y a menudo con desconocidas secuelas).
Ni siquiera tienen porque ser en el ámbito militar; pensemos apenas en las desconocidas consecuencias ambientales que nos ha generado la petroquímica con su diseminación de plásticos en el planeta.
O lo acontecido con Fukushima, en Japón, 2011, que ante un tsunami al parecer generado por movimientos tectónicos (maremoto y terremoto), que alcanzó las instalaciones de varios reactores de provisión de energía atómica, se terminó generando un escape radiactivo amplísimo, sobre todo a las aguas del océano Pacífico (que alcanzó las costas americanas a varios miles de km de distancia).
La historia del planeta tenía hasta nuestro presente sólo fuerzas naturales que podían causar y causaban desastres naturales. Nuestra historia ha logrado registrar lo que ha podido de ello. También hemos tenido enormes tragedias colectivas antropogénicas como las guerras (y sobre todo las mal llamadas "mundiales", la primera europea y la segunda, sí, mundial), que han arrojado decenas de millones de muertos. También tenemos otros desastres provocados por el hombre, como algunos naufragios y hambrunas, éstas últimas sobre todo generadas por el colonialismo, y a menudo han sido aún más homicidas que las mismas guerras.
Nuestros desarrollos tecnológicos nos han ido permitiendo "mezclar" cada vez más factores naturales con tecnoconstrucciones generadas por humanos, que podrían generar avasallantes desastres ya no exactamente naturales (aunque pueda haber interés en que sean presentados así).
Fukushima podría ser un ejemplo. Aunque ajeno a la política (sólo hubo dos factores interrelacionados: energía atómica antropogénica y tsunami natural).
Pero el Homo technologicus se nos presenta como una realidad cada vez más acabada y activa. Y para muchos deseable.
La Guaira y Caracas
De lo acontecido en La Guaira y Caracas llamó la atención la "precisión" en el blanco. Pero eso puede ser casualidad, la misma por la cual un temporal puede castigar una rambla y otro similar, una costa desierta, y el primero arroja muchos muertos y el segundo, ninguno.
No tenemos leyes ni regularidades para discernir tales casos. Sólo nos llama la atención cierta coincidencia en su secuencia con la del terrible terremoto de 2023 en Turquía y Siria; ambos se han descargado en sociedades y humanos malquistados con el mayor poder que conocemos; el eje anglosionista; generador de tantos conflictos, hambrunas, asedios y exterminios en las últimas décadas.
A esa coincidencia que puede no ser más que eso, hay que agregarle la política ya decidida y puesta en práctica al menos desde fines de la 2GM, que ya hemos aludido, de adueñarse de la naturaleza; acumular tecnopoder haciéndose de resortes y herramientas que permitan instrumentalizar manifestaciones climáticas o tectónicas, en una palabra, gobernarlas.
Conseguir objetivos de este tipo no sería en modo alguno una adquisición que pase al acervo humano, como se suele entender o sobreentender que acaece con descubrimientos o inventos. Porque se trataría -si los hubiere- de poderes hoy en día secretos, confidenciales. Y a esa adquisición tecnocientífica, si la hubiere, habría que agregarle un rasgo absolutamente decisivo: el más amplio y sofisticado uso del engaño por parte de los mandos israelíes en todas sus tareas y empeños. Los mistarviim constituyen un ejército de espías actorales que no tienen igual en sociedad alguna de nuestro presente.
No sabemos si los terremotos de La Guaira-Caracas fueron provocados.
Pero sí sabemos que la asistencia gentil israelí a Venezuela forma parte de su política de Public Relations; basta ver el alineamiento geopolítico israelí en nuestro continente: con los comportamientos más reaccionarios y oligárquicos, como el apoyo entusiasta al narcotraficante expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, al actual presidente argentino Javier Milei que se autoproclama "el presidente más sionista del mundo", al presidente de Paraguay, Santiago Peña, que inauguró hace un año -en pleno genocidio a la luz del mundo- la embajada de ese país en Jerusalén junto a Beniamin Netanyahu; la promesa del flamante presidente colombiano Abelardo de la Espriella de restaurar relaciones diplomáticas con Israel, que habían sido suprimidas por el gobierno anterior a causa de los genocidios desencadenados por Israel en Palestina y Líbano; las relaciones excelentes que el actual presidente ecuatoriano Daniel Noboa mantiene con el régimen sionista.
El apoyo asistencial israelí a la devastada Venezuela se liga así con el apoyo israelí a los regímenes más reaccionarios centro- y sudamericanos.
Israel despliega todas estas relaciones, revelando un apoyo creciente de lo más conservador y retardatario de nuestra América valiéndose de una eslabonada construcción de mentiras.
"Estimo a los palestinos" declara el militar israelí Roni Kaplan (nacido en Uruguay), al frente de la comitiva israelí en Venezuela, y sabemos que la población con más rengos, mancos y amputados del mundo es la palestina por la política israelí de quebrar o disparar a los miembros para invalidar población; y es la población en el mundo entero con mayor mortalidad infantil por disparos de armas de fuego, porque los militares israelíes practican tiro al blanco con infantes palestinos, eligiendo para sus competencias las cabezas, la entrepierna o el corazón.
¿Qué significa entonces el amor o la estima de Roni Kaplan? ?
1. https://www.voltaire.net.org/article218839.html. Véase además "Tsunami bomb NZ's devastating war secret" y "Devastating tsunami bomb viable, say experts", por Eugene Bingham, The New Zealand Herald, 25 y 28 setiembre 1999, "Experimental bomb to create huge wave was tested en 1944, Katty Marks, The Independent, 27 setiembre 1999.
2. La erupción del Mont Pelée en la isla caribeña de Martinica se estima que mató a decenas de miles de humanos; el estallido del volcán Kra-ka-toa en la actual Indonesia deshizo la isla de la que emergía, mató a decenas de miles de humanos y provocó maremotos con una potencia equivalente a miles de bombas atómicas como la empleada en Hiroshima.
3. En Uruguay, cuyo gobierno sumiso ante Israel ha eludido calificar de genocidio al genocidio en marcha en Palestina ha surgido, empero, "una admirable alarma" con Pablo Chargoñia, abogado y querellante contra Roni Kaplan, por genocidio, precisamente.
Luis E. Sabini Fernández
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