Tatuajes: entre la expresión personal y la responsabilidad sanitaria. Homero Bagnulo y Carlos Vivas
23.03.2026
El tatuaje se ha convertido en una tendencia global. Los estudios que analizan esta práctica parten de considerarlo una modificación corporal voluntaria. Entre sus principales impulsores se señalan la motivación estética y el deseo de explicitar una afiliación grupal, fundamentada en la afirmación de la individualidad y la construcción de una narrativa personal [1].
La alta frecuencia de tatuajes múltiples o de gran tamaño ha motivado numerosos estudios psicológicos. Una revisión sistemática que resume 70 años de investigación no encontró ninguna motivación legítima para el estigma inherente hacia las personas que modifican voluntariamente sus cuerpos. El enfoque persistente en la desviación o el riesgo con respecto a las modificaciones corporales parece una afirmación desesperada de una postura moral anticuada que, vista hoy, resulta casi absurda [2].
El papel de los influencers en la popularización de los tatuajes ha sido analizado en diversos estudios académicos. Estas investigaciones concluyen que las figuras de celebridades proporcionan una forma de "legitimidad cultural" para tatuarse, incluso en entornos restrictivos. Los influencers con tatuajes son percibidos como más auténticos y efectivos, independientemente de su género o área de contenido. Este efecto es tan poderoso que funciona incluso en contextos donde cabría esperar rechazo [3].
¿Por qué se tatúa tanta gente y tan rápido? La sociología ofrece dos respuestas complementarias. La primera es la soberanía corporal: la idea de que decidir sobre el propio cuerpo es un derecho incuestionable. La segunda es más sutil: la larga historia del tatuaje nos hace creer que es una práctica segura. Llevamos siglos tatuándonos, así que ¿qué podría salir mal? El problema es que esa continuidad es solo aparente. Las tintas de antes y pigmentos industriales de ahora, son radicalmente distintos. No solo en su composición química, sino en su comportamiento: las tintas modernas tienen una capacidad, que exploraremos más adelante, para atravesar la piel e instalarse en órganos clave de nuestro sistema de defensas.(4)
Las tasas de prevalencia más altas de tatuajes (hasta un 30-40%) se observan en Europa y EE. UU. en adultos menores de 40 años, pero también un número creciente de personas en países de ingresos bajos y medios se están tatuando. Aunque los datos exactos son escasos, en Brasil y Sudáfrica la prevalencia se estima en un 20% en los grupos de edad más jóvenes, y las tasas están creciendo. Este fenómeno demográfico se acompaña de la publicación de artículos médicos de buena calidad, auditados por pares, que advierten sobre los riesgos a los que se exponen quienes participan de estas prácticas.
Pero, por el momento, varios Estados prefieren presentarse como los guardianes de una falsa neutralidad. Conscientes del posible impacto negativo de estas prácticas en la población, se escudan tras el principio de autonomía individual para justificar su inacción y evitar el conflicto político que supondría hacer públicas las advertencias sanitarias ya comprobadas. Por suerte esta actitud de mirar para otro lado no es sostenida por todas las autoridades sanitarias a nivel mundial. Cabe destacar la acción de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que en su sitio web Tattoo difunde evidencias y buenas prácticas (OMS, 2024), aunque no faltan quienes le señalan que muchas de sus declaraciones no impactan la realidad, atrapadas en su estilo burocrático y sin capacidad normativa.
Riesgos de los tatuajes respaldados por evidencia sólida:
Las tintas de tatuaje, que consisten en pigmentos de color diluidos en un líquido portador, pueden contener hasta 100 sustancias químicas. A diferencia de los fármacos y cosméticos, no se le realizan pruebas de seguridad para su uso en humanos. Los análisis químicos identifican consistentemente sustancias clasificadas por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC por su acrónimo en inglés), agencia dependiente de la OMS, como cancerígenas, probablemente cancerígenas o posiblemente cancerígenas. Estas sustancias se asocian con un mayor riesgo de diversos tipos de cáncer (pulmón, riñón, hígado y vejiga), dependiendo de la sustancia. Está bien demostrado que entre el 60 y el 90% del pigmento se transporta desde la piel a los ganglios linfáticos y potencialmente a otros órganos con el paso del tiempo y la decoloración por la luz. Hay evidencia objetiva de esto en exámenes patológicos donde los ganglios cercanos muestran tintas visibles macroscópicamente (5).
No hay dudas de que las reacciones alérgicas constituyen la complicación más común asociada a los tatuajes. Diversos estudios estiman que entre el 10% y el 50% de las personas tatuadas experimentan algún tipo de reacción adversa, siendo las alergias las más prevalentes (6). El mismo estudio encontró que las tintas rojas son responsables del 96.9% de todas las reacciones alérgicas documentadas. Lo preocupante es que estas alergias pueden manifestarse años después de haberse realizado el tatuaje, con un tiempo promedio de aparición de síntomas de aproximadamente 10 meses, aunque en algunos casos han surgido hasta 7 años después del tatuaje inicial.(7)
La evidencia científica actual ha encontrado una paradoja respecto a los riesgos asociados al tamaño de la superficie corporal tatuada. No existen dudas que a mayor piel que se tatúa las reacciones alérgicas e inflamatorias locales aumentan en relación directa. (Friis, 2024). En lo que refiere al riesgo de aumento de enfermedades malignas, no hay por el momento evidencias que lo respalden. Las series más grandes no han encontrado relación de asociación ni de causalidad de la superficie tatuada con un riesgo elevado de cánceres de piel ni de linfomas. (8), (9).
El riesgo de infecciones por mala higiene está bien establecido. El tatuaje conlleva riesgos de Hepatitis B, Hepatitis C y de HIV. Aunque los estándares de higiene han reducido estos casos, existe preocupación por el aumento de tatuajes en países en desarrollo donde las condiciones de higiene podrían ser deficientes (5).
Situaciones clínicas cuya evidencia solo permite emitir una alerta sanitaria:
Existen tres áreas donde la evidencia actual justifica una vigilancia especial: riesgo incrementado de cáncer de piel, riesgo incrementado de linfomas, y riesgo incrementado de sufrir enfermedades malignas luego de la remoción del tatuaje, en especial mediante la aplicación de láser o cremas abrasivas.
La dificultad para estudiar los efectos a largo plazo de los tatuajes reside en los métodos de investigación que deben aplicarse. Tanto las cohortes prospectivas como los estudios de casos y controles son los diseños de referencia para estudiar la etiología de enfermedades crónicas. No obstante, tienen serias limitaciones: son muy costosos y largos, requiriendo seguir a miles de personas durante décadas.
Frente a estas dificultades, la estrategia más habitual es comenzar con series de casos clínicos que alerten sobre una consecuencia grave para la salud humana. Luego se hacen estudios piloto pequeños, lo que permite generar hipótesis que justifiquen realizar los estudios de mayor envergadura. Llegados a este punto, se tendrá el estímulo académico y la necesidad de comprender un mecanismo biológico nuevo que puede causar daños a gran escala. Este es el punto donde hoy se encuentra la mayor parte de los investigadores, porque la gran pregunta es: ¿quién lo financia?
Para responder a esta pregunta, los Estados deben asumir qué importancia le dan a un problema de salud pública. ¿Lo reconocen como tal, o le asignan el carácter de anomalía y observan su desarrollo? Si bien las agencias nacionales de los EEUU y de Europa tienen recursos financieros, la mejor estrategia para abordar estas investigaciones costosas sin recargar las cuentas públicas es obligar a la industria a que investigue y reporte sobre la seguridad de sus productos. Para ello, los Estados deben recurrir a la regulación para exigir a la industria estudios toxicológicos rigurosos de sus tintas.
Aquí, además de voluntad política, se requiere involucrar a la sociedad. Al definir el tema como una prioridad de salud pública, los Ministerios de Salud tienen el mandato de investigar estos riesgos potenciales para tomar decisiones informadas sobre regulación, información al ciudadano y vigilancia epidemiológica. Pero para que no quede solo en decisiones burocráticas, se debe tomar en cuenta que la creciente comunidad de personas tatuadas está cada vez más informada y pregunta por los riesgos. Su demanda de información fiable puede presionar a las instituciones para que investiguen.
Este planteo nos lleva al campo de la sociología y la economía del conocimiento. ¿A qué normativas pueden recurrir las autoridades sanitarias de un Estado para regular la importación, producción, distribución y comercialización de un producto cuando se tienen firmes sospechas de que causa un problema de salud pública?
Cuando hay sospechas fundadas pero no certeza absoluta, se activa el principio de precaución (10). Este principio permite a los Estados actuar para proteger a la población basándose en la mejor evidencia disponible, aunque esta sea incompleta. Como fue mencionado, en la actualidad los Estados temen ser señalados como irrespetuosos de las libertades individuales. Pero esto no puede ni debe paralizar la protección de la población, que es uno de los fines del Estado. Para ello, además pueden recurrir al principio de proporcionalidad (11), pues este les permite actuar ante sospechas fundadas, siempre que las medidas sean proporcionadas, transparentes y temporales. No es lo mismo regular la composición de las tintas que prohibir una práctica.
Un ejemplo de que estas políticas de salud son aplicables fue la decisión europea de crear el Registro Europeo de Evaluación, Autorización y Restricción de Productos Químicos (REACH). Desde 2022, las tintas para tatuajes y maquillaje permanente están reguladas. El REACH, un instrumento europeo vinculante para la seguridad del consumidor establece límites de concentración para sustancias químicas peligrosas en productos de consumo. Esta nueva regulación ha llevado a la prohibición o restricción de más de 4000 sustancias químicas en virtud de la Entrada 75 del Anexo XVII del Reglamento (CE) n.º 1907/2006. (12) Aunque esto supone un buen paso hacia la armonización de la regulación y la seguridad de las tintas, aún no está claro en qué medida los fabricantes de tintas para tatuajes podrán producir tintas conformes con la normativa y con la calidad suficiente para fines artísticos del tatuaje. Se necesitan con urgencia análisis químicos de las nuevas tintas que ya se están comercializando.
Sin embargo, no todos los países han adoptado normas similares para la protección de su población. Por ejemplo, en Estados Unidos, que es el mayor fabricante de tinta del mundo y tiene la mayor prevalencia de tatuajes, los pigmentos de color están básicamente regulados, pero las tintas para tatuajes y maquillaje permanente no están sujetas a aprobación previa a su comercialización.
Nota elaborada con el apoyo de herramientas de IA generativa de lenguaje, bajo supervisión y edición de los autores.
REFERENCIAS
1. Owens R, Filoromo SJ, Landgraf LA, Lynn CD, Smetana MRA. Deviance as an historical artefact: a scoping review of psychological studies of body modification. Humanit Soc Sci Commun. 2023;10(1):33.2.
2. Joorabchi, T. N., Najjaran, R., & Kafshdar Tousi, E. (2026). Influence of media and celebrity identification on tattoo choices, motifs, and body image perceptions among young Iranian women. Visual Studies, 1-29.
3. Fernandes, T., Nettleship, H., & Pinto, L. H. (2022). Judging a book by its cover? The role of unconventional appearance on social media influencers effectiveness. Journal of Retailing and Consumer Services, 66, 102917
4. Tabea Jerrentrup M. Gaining and Losing Control: Tattoos and Interpretive Sovereignty. Signs and Society. 2022;10(1):1-16.
5. Organización Mundial de la Salud (OMS). Tattooing [Internet]. Geneva: WHO; 2024 [citado 14 Feb 2026]. Disponible en: https://tattoo.iarc.who.int/background/
6. van der Bent SAS, Rauwerdink D, Oyen EMM, Maijer KI, Rustemeyer T, Wolkerstorfer A. Complications of tattoos and permanent makeup: overview and analysis of 308 cases. J Cosmet Dermatol. 2021 Nov;20(11):3630-3641. doi: 10.1111/jocd.14498.
7. Friis K, Ladehoff Thomsen AM, Olsen J, Rahbek Rørth M, Serup J. Tattoo-Associated Skin Reactions: A Danish Population-Based Survey in 5,914 Tattooed Individuals. Dermatology. 2024;240(2):297-303.
8. Mo T, Zins M, Goldberg M, Ribet C, Kab S, Schreiver I, Siewert K, Ezzedine K, Schüz J, Foerster M. Tattoos and risk of cutaneous melanoma and non-melanoma skin cancer in France. J Natl Cancer Inst. 2025 Nov 19
9. Nielsen C, Jerkeman M, Jöud AS. Tattoos as a risk factor for malignant lymphoma: a population-based case-control study. EClinicalMedicine. 2024 May 21;72
10. Naciones Unidas. Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo. Río de Janeiro: ONU; 1992.
11. Pou-Giménez F, Clérico L, Restrepo-Saldarriaga E, editores. Proportionality and Transformation: Theory and Practice from Latin America. Cambridge: Cambridge University Press; 2022. p. 1-18.
12. Reglamento REACH. Disponible en https://www.miteco.gob.es/es/calidad-y-evaluacion-ambiental/temas/productos-quimicos/reglamento-reach.html
Dres. Homero Bagnulo; Carlos Vivas