Transición capturada. José Antonio Vera (desde Asunción)
14.02.2026
En estos días iniciales de febrero, se han cumplido en Paraguay 37 años de la caída del régimen totalitario encabezado por el General Alfredo Stroessner, apoyado en el Ejército, en el Partido Colorado y en el empresariado ganadero, siempre bajo la batuta permanente de Estados Unidos que, desde hace 80 años, a la mitad del siglo pasado, lo considera uno de sus protectorados.
Más de cuatro décadas de predominio colorado absoluto sobre el Estado, fue suspendido en la noche del 2 y 3 de febrero de 1989, en medio de los ajustes que operaba en la región el Gobierno de Jimmy Carter, decidido a cambiar el look de los regímenes leales, encabezados por militares y civiles muy corruptos y sanguinarios, cuyo descrédito afectaba a la potencia imperial, que necesitaba ser representada por políticos civiles dóciles, presentables, fáciles de someter.
Paraguay, fundador del Operativo Condor, impulsado por el Departamento de Estado y el Pentágono, con diseño de Henry Kissinger, aplicó ese proyecto golpista bajo la responsabilidad de un grupo de los colaboradores más íntimos de Stroessner, que Washington seleccionaba y dirigía. El número dos, el General Vernon Walter, fue uno de los pilotos de esa nave zozobrante.
La cabeza local de la conspiración, fue el Comandante del Ejército, el General Andrés Rodríguez, suegro y mano derecha del tirano, que desde los años 70 lideraba el narco tráfico compartido que, sin pudor, Estados Unidos cubría desde Asunción con fuerte bombardeo anticomunista en la prensa regional.
En ese escenario se llegó al 89, cuando Stroessner fue sacado en avión para su exilio final y dorado en Brasil, donde poseía propiedades y varios millones de dólares depositados en bancos extranjeros. El poderoso vecino, lo recibió como huésped de lujo. Conteiner de desperdicios, decían los opositores.
La algarabía inundó las calles guaraníes, renació la esperanza en la punta de una ilusión marchitada por años de sufrir injusticias, represión, con miles de presos, 90 por ciento torturados y cientos de muertos y exiliados. Violada, mancillada, gran parte de la adolescencia de hogares pobres y, en paralelo, señoras casadas con miembros del anillo presidencial eran obsequiadas a Stroessner, como refuerzo trujillista de la unidad granítica del régimen.
El Rey había muerto, pero aparecieron herederos en masa, diciendo "viva el Rey", porque "ha llegado nuestra oportunidad", escuché decir en tono celebratorio a un grupo de connotados personajes políticos y de prensa, días antes fieles al tirano en la descomposición moral de la sociedad.
En ese ambiente de frenesí, con una inmensa carga emocional, y déficit racional entre la mayoría, nació la transición hacia "la democracia", ese adorado evangelio que nunca contiene respuesta al "qué hacer?" de los pueblos cuando carecen de conducción política en circunstancias que la historia va registrando en una larga lista de fracasos, decepciones y traiciones.
Washington sí sabía qué hacer. Cooptó al grueso de la militancia antiestronista y la indujo a organizarse en ONG. En un par de años, nacieron centenas, lideradas por los jóvenes activistas antimperialistas más entusiastas, a quienes la USAID remuneraba bien. Exitosa operación de descabezamiento de la generación más rebelde, secuestrando los anhelos de transformar el país, como prometían los discursos, sin conciencia de su vacío ideológico.
Debió pasar casi dos décadas para que se abriera un paréntesis al verticalismo colorado, desde 1989 al 2008, cuando en una de las pocas elecciones limpias, se impuso para presidir el Ejecutivo Nacional el exobispo Fernando Lugo, al frente de la novel Alianza Patriótica para el Cambio.
Victoria popular, sin duda, pero la propia nominación de Lugo "tengo amigos que quieren que me tire en una pileta sin agua" (me dijo), fue clara muestra de la impotencia de la oposición en la urgente tarea de formar dirigentes que hicieran de la transición la herramienta transformadora, con un planteo táctico que desmontara el estronismo.
Paraguay, con una estructura productiva semifeudal, sin industrialización, sin masa obrera a considerar, ha sido siempre un terreno dificultoso para la organización sindical y los pocos gremios, aún hoy, tienen por principal vocación la reivindicación de mejores condiciones laborales. Casi inexistente el encare político, obra de la instrucción oficial en colegios y universidades, donde la tecnología, suplanta a la formación científica, facultando que el sentir y accionar estronista estén activos desde la primaria hasta el máximo nivel académico.
En tibia respuesta, un movimiento popular creciente expresa hartazgo de la política del gobierno presidido legalmente por Santiago Peña, pero conducido por el empresario multimillonario Horacio Cartes, algo indultado hace unos meses por el Departamento de Estado que, en el 2023, lo calificó "satisfactoriamente corrupto", cabeza del narcotráfico y del contrabando regional. Le confiscó sus activos y lo despojó de la visa de entrada a EEUU.
Esa sanción, bajo la administración de Joe Biden, incluyó a toda su familia, a socios comerciales y a altos jerarcas estatales y privados. Cartes vivió más de año y medio, amenazado de extradición, para ser juzgado por tribunales del imperio, nada generosos en cobrar para reducir los años de cárcel.
En esa coyuntura, llegó Trump y convirtió las amenazas en extorsión haciendo del presidente Peña un obediente fiel en el apoyo al genocidio en Palestina. Peña y Cartes, han viajado separados a Israel para abrazarse con Netanyahu.
La orden recibida es distanciarse de China, vilipendiar a Rusia, complicar la integración regional y activar en la cruzada imperial contra Venezuela. Peña asistió a la vergonzosa entrega del Nobel de la Paz en Oslo a Corina Machado. El corral se cierra con una serie de acuerdos militares y la oferta del país para alojar a inmigrantes expulsados por Estados Unidos.
El entreguismo es tal que, prácticamente, el gobierno dedica más tiempo a tareas en el extranjero que a la atención de los graves problemas nacionales. En los 30 meses de asumir, Peña ha viajado más de sesenta veces a todos los continentes. Un record entre los mandatarios del mundo, mientras pacientes mueren en los pasillos de los hospitales, esperando atención, escuelas que se caen a pedazos, aumenta imparable el costo de vida y el 25 por ciento de la mano de obra ocupada, percibe salarios de miseria, con horarios de 12 horas.
Las protestas son reprimidas, en especial las campesinas e indígenas, pero los castigos han llegado a las ciudades, contra personal docente, el hospitalario y los jubilados. La desazón aumenta en la sociedad, frente a la corrupción y la narcopolítica, en medio del desquicio administrativo del Estado, un colador por el que desaparecen dos mil millones de dólares por año, según el Banco Interamericano, que no denuncia dónde van, pero si lo sabe bien.
FERNANDO LUGO AUN SERIA ALTERNATIVA
Sin un respaldo político orgánico, Lugo administró el gobierno con medidas de sensibilidad social, en especial en salud y educación, posibilitando entender que es posible cambiar algunas cosas. Aunque no llegó a repartir los panes, igual fue sancionado "por Dios y la democracia", a los cuatro años, cuando faltaban apenas 14 meses para terminar su ejercicio constitucional.
El Partido Liberal, casi desaparecido hoy, que ocupaba la Vicepresidencia, ejecutó la traición encabezada por Federico Franco, quien noches antes, en una cena con la Embajadora de EEUU Eliana Ayalde, rodeada de jerarcas militares de ambos países, se ofreció para liderar el golpe que, horas más tarde, ejecutó el parlamento en una planificada sesión de gallos a medianoche.
Lugo fue destituido el 22 de junio del 2012, acusado de mala praxis, por no evitar la masacre de 11 labriegos y seis policías que, desde una semana antes, trataban de negociar para bajar la tensión por el reclamo de tierras fiscales, ocho millones de hectáreas regaladas por Stroessner entre sus amigos. En los ampos de Curuguaty, cercanos a la frontera con Brasil, 17 paraguayos, ignorando la encerrona criminal orquestada por la derecha, fueron ejecutados como pretexto contra Lugo y su gobierno bien intencionado.
Por encima de algunas críticas, en las propias filas seguidoras, partidarias de haber resistido, sordas a la postura de Lugo, quien optó por la entrega del cargo "para evitar una nueva guerra civil", el exobispo, con mucho apoyo campesino, indígena y urbano, pasó a ocupar una banca en el Senado hasta que un ACV lo alejó de la actividad. Conserva, aún hoy, un considerable capital político que aún sería alternativa frente a la ausencia de liderazgo.
La oposición, en amplio abanico, continúa incapaz de construir una fuerza unitaria, tal como ocurrió desde 1989 hasta el 2008, fracaso que se prolonga desde el 2012 hasta ahora, con dirigentes repetidos, sin carisma ni propuestas credibles que saquen al país del pozo de las injusticias sociales, del atraso cultural, con educación sin aplazados que ordena memorizar y no razonar, con parlamentarios que "7x3 es 18", y con académicos que ocupan altos cargos del Estado con falsos diplomas, como sería el actual Presidente del Congreso.
La disputa por la postulación a cargos electorales, caracteriza a la oposición en Paraguay, dividida, fragmentada, y estancada en su conducción alimenta a los herederos estronistas que, desde principios del siglo pasado, se han ido encaramando impunes en todos los poderes del Estado, con el único objetivo de utilizar el país como hacienda familiar de medio millón de habitantes, entre los seis millones y medio registrados. Sumados los emigrantes, se podría llegar a nueve. Dos en la Argentina, y el resto por Brasil, España, USA y otros sitios.
Desde 1880, cuando terminó la infame Guerra de la Triple Alianza, que destruyó el país y aniquiló a tres cuartas partes de su población, Paraguay no puede salir de su atraso, víctima de un Estado estructurado con las normas del capitalismo, con la infame división de la población en clases, que sirve a una élite angurrienta dueña de los medios de producción y de comunicación, y un extracto social medio, prisionero de incultura que es el sostén electoral colorado, y de algunos emblemas emparentados, que fingen independencia.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias