Un amigo oportuno fue quien dateó a Trump. Ernesto Kreimerman
02.02.2026
Fue Ronald Lauder la persona que le susurró al oído a Donald Trump acerca de una audaz y oportuna inversión, de escala y de futuro. Nada más ni nada menos que "pasarle un dato" al presidente para encender su codicia: la audacia de una expansión al Ártico con el que se abrían a un mundo novedoso y certero.
La historia es un poco más larga de lo que parece en primera instancia. Para quienes creen que Donald Trump es de memoria corta, se equivocan. Si de una oportunidad de negocios se trata, la guarda por lo menos unos 7 u 8 años e incluso un poco más.
Hay quienes aseguran que esa es una virtud destacada entre quienes desarrollan una actividad como la intermediación en el sector inmobiliario. Básicamente es unir dos puntas, una de quien busca comprar y otra de quien busca comprador. Dicho de otra forma, vincula oferta con demanda. Por ello, recordar oportunidades, rostros y posibilidades, es una necesidad básica del negocio.
En Estados Unidos, la actividad del promotor inmobiliario se define como la del real estate developer: la persona o entidad que concibe, financia, coordina y ejecuta proyectos de desarrollo inmobiliario, asumiendo el riesgo empresarial desde la adquisición del suelo hasta la venta, alquiler u operación del inmueble terminado.
Pero no necesariamente el promotor es el desarrollador. Entre el real estate developer y no developer (aceptemos por buena esta traducción coloquial) hay diferencias estructurales y funcionales.
El real estate developer es el creador del proyecto inmobiliario, es quien concibe el proyecto, asume el riesgo empresarial, gestiona el marco regulatorio y sus restricciones, estructura el capital, coordina a todos los actores partes (arquitectos, ingenieros, constructores, abogados, bancos), finalmente, es quien decide la estrategia de la salida al mercado.
En cambio, el "no developer" es el comercializador del producto ya creado. Usualmente, su rol empieza cuando el activo existe o también, cuando está definido. Serán responsabilidades suyas la promoción y venta; la intermediación entre comprador y propietario. En la monetización del acuerdo, percibirá una comisión por operación cerrada. Pero no asume riesgo estructural del proyecto.
No obstante, existen otras posibilidades que dependen de las fortalezas y debilidades de las asociaciones que entre partes logren alcanzar. Los antecedentes de la Organización Trump dejan en claro cuál es su posicionamiento; es algo más que un real estate broker, un comercializador de un producto ya creado, sino que su participación parte de una premisa; el desarrollo inmobiliario se ajustará a una cultura de producto propia e identitaria de la Organización Trump.
La experiencia Trump en Punta del Este
La Trump Tower Punta del Este, una torre de lujo de 26 plantas, es un ejemplo paradigmático de separación entre developer y marca/ventas: Donald Trump no fue promotor ni desarrollador. Su rol fue exclusivamente el de licenciante de marca y apoyo comercial, mientras que el riesgo, el capital y la ejecución recayeron en desarrolladores "locales", aunque en sentido estricto, argentinos, cuyos socios principales son Felipe Yaryura y Moisés Yellati.
El proyecto debió sortear dificultades que los inversores debieron superar. Se anunció en noviembre de 2012, la construcción arrancó en febrero 2014, pero la obra estuvo parada hasta que se terminó e inauguró en octubre de 2022. La torre lleva el nombre de Donald Trump y fue supervisada por su hijo, Eric Trump. Se trató de un acuerdo de licencia que autorizaba el uso del apellido en la identidad del edificio, Torre Trump, y un conjunto de condiciones y obligaciones relacionadas a la identidad corporativa, y especialmente el tratamiento corporativo de la comercialización.
Sin embargo, en junio de 2019, el New York Times, con las firmas de Jesse Drucker y Manuela Andreoni, reflejan las complicaciones de aquellos meses al tiempo que destacaron que "la Trump Organization no ha sido acusada de irregularidades en el proyecto Punta del Este".
Volviendo a Groenlandia
Recuerda John Bolton, por entonces asesor de seguridad nacional en 2018, que el presidente Trump, primer mandato, le "dijo que un empresario destacado acababa de sugerir que Estados Unidos comprara Groenlandia". Hace unas semanas, el propio Bolton reveló el momento al diario inglés The Guardian.
Bolton se refirió a Lauder como un amigo de toda la vida del presidente que acabaría adquiriendo intereses comerciales en el territorio danés. Dos amigos neoyorquinos con más de sesenta años de amistad. Días después de ese impulso presidencial, Bolton recibió a Ronald Lauder para conocer de primera mano la propuesta. A partir de ese momento, Bolton encargó a un equipo técnico de la Casa Blanca analizar la cuestión, al mismo tiempo que formularon escenarios posibles para elevar la influencia estadounidense en el amplio y frío territorio ártico bajo control dinamarqués.
Aunque nada dice acerca de lo que sucedió después, Bolton ha venido a revelar un modo de conducta de Trump: "fragmentos de información que escucha de sus amigos los toma como verdad y no puedes quitarte su opinión".
En aquella ocasión, las cosas no prosperaron, pero unos ocho años después, "otro" Trump, en una actitud aún de mayor despotismo y desafiante, rescató la idea y ahora está empecinado en comprar Groenlandia, o eventualmente conquistarla por la fuerza. El estilo Trump podrá ser efectivo en el real estate, pero en el de las relaciones internacionales "lo que toca, rompe". Migración y diplomacia, dos materias en las que no logra ningún éxito relevante.
Bolton es un republicano que ha trabajado para todos los presidentes republicanos desde Ronald Reagan hasta Trump, con quien colaboró durante 17 meses del primer mandato. En un reportaje a Bolton publicado el pasado 20 de enero por la alemana Der Spiegel, se incluye la siguiente pregunta y su respuesta: Der Spiegel: La Casa Blanca publicó recientemente una nueva estrategia de seguridad que presenta a Europa como el verdadero adversario de Estados Unidos, y no como Rusia o China.
Bolton: Dudo que Trump haya leído ese documento. Simplemente no piensa en esos términos. Realmente parece que fue escrito para una administración de JD Vance. Da más coherencia a lo que ha ocurrido en el último año de la que existe en realidad. Es una retaguardia estratégica. Quiero decir, he sido un crítico bastante acérrimo de la Unión Europea durante mucho tiempo. Pero sigue estando aliado de Estados Unidos".
Un dato, una invasión o una compra imperial. Un documento agresivo que desconoce. Ya lo había advertido Antoine de Saint Exupéry, "lo esencial es invisible a los ojos".
(*) Publicado originalmente en El Telégrafo de Paysandú, 01/02/2026. Reproducido con autorización expresa del autor.
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