Un mundo sin reglas, ¿desde cuándo? Miguel Ibarlucía
28.10.2026
Políticos, intelectuales y periodistas se lamentan por el presente que vivimos, "un mundo sin reglas", en el que es posible invadir otro país, amenazar con la anexión de un territorio o apoyar su independencia, violando de este modo todos los principios que el orden inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial quiso instaurar y que se intentó plasmar en la Carta de las Naciones Unidas.
La ya evidente alianza entre Vladimir Putin y Donald Trump amenaza con instaurar un orden en el que el uso de la fuerza física ya no estaría condenado sino que sería la regla aceptada como "natural" para las relaciones entre Estados. De este modo, la Federación Rusa anexaría parte de Ucrania, Israel se quedaría con Gaza, Cisjordania (incluida Jerusalén) y las Alturas del Golán y Estados Unidos podría imponer a Irán la detención de su plan nuclear sin exigir a Israel que firme a su vez el Tratado de No Proliferación Nuclear y elimine su respectivo arsenal.
Pero ¿cuándo comenzó a disolverse ese "mundo con reglas"? ¿Es acaso un fenómeno nuevo, original e inesperado? ¿Existió alguna vez? Tradicionalmente la conquista de un territorio era título legítimo para invocar la soberanía sobre el mismo aun cuando ese territorio perteneciera a otro estado o pueblo que habitara en el mismo. El reconocimiento de la ocupación por otros estados legitimaba ese derecho de conquista. Fue después de la Primera Guerra Mundial cuando ese principio comenzó a verse cuestionado y el derecho internacional público comenzó a elaborar una doctrina que lo descartaba, doctrina que en forma paralela vio el surgimiento y reconocimiento del principio de autodeterminación de los pueblos. La Revolución Rusa fue probablemente la primera en proclamar este último apenas llegados los bolcheviques al poder al emitir el 15 de noviembre de 1917 la Declaración de Derechos de los Pueblos de Rusia y confirmarla luego en la constitución de 1924. El 8 de noviembre de 1918 Woodrow Wilson, presidente de los Estados Unidos, dio a conocer los Catorce Puntos para ordenar el mundo luego de la Gran Guerra, en los que tímidamente proponía el "reajuste de las reclamaciones coloniales, de tal manera que los intereses de los pueblos merezcan igual consideración que las aspiraciones de los gobiernos...". Poco después fue firmado el pacto Briand Kellog o Pacto de París de 1928 por quince países que condenaba la guerra como medio de solución de controversias internacionales y por el que se desistía de su uso como herramienta de solución de controversias.
Sin embargo estos principios se vieron brutalmente violados tanto por Japón al invadir China en 1931 -invasión que se prolongó hasta 1945- como Italia al hacer lo mismo en Etiopía en 1935 y, aunque habitualmente no se lo mencione, la continuación de las ocupaciones estadounidenses de Nicaragua (hasta 1933) y República Dominicana (hasta 1924).
Ya durante la Segunda Guerra Mundial, en agosto de 1941, Roosevelt hizo firmar a Churchill la Carta del Atlántico por la que sus respectivos países declaraban que "no desean ver ningún cambio territorial que no esté de acuerdo con los votos libremente expresados de los pueblos interesados" y "respetan el derecho que tienen todos los pueblos de escoger la forma de gobierno bajo la cual quieren vivir, y desean que sean restablecidos los derechos soberanos y el libre ejercicio del gobierno a aquellos a quienes les han sido arrebatados por la fuerza".
Se proclamaron de este modo los dos principios básicos que luego se introdujeron en la Carta de las Naciones Unidas: 1) la prohibición del uso de la fuerza -o la amenaza de hacerlo- contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado (art. 2.4) y 2) el derecho al autogobierno y al reconocimiento de la independencia de los pueblos del mundo (arts. 73 y 76)[1].
Tan nobles principios reconocidos en la carta fundacional de la organización que debía nuclear a todos los pueblos del mundo e iniciar un reinado de paz universal se vieron sin embargo desvirtuados por la conformación orgánica de las Naciones Unidas cuyo Consejo de Seguridad se compone de cinco miembros permanentes imposibles de remover, miembros que son los que más los han violado, ya sea mediante agresiones militares (Vietnam, Irán, Afganistán), promoción de golpes de Estado (Irán, Chile entre otros) o invasiones militares (Hungría, el Sinaí, Santo Domingo, Checoslovaquia, Afganistán e Irak, entre otras), eximiéndose de ese cargo probablemente sólo China.
Pero la primer gran violación a ambos principios se dio al poco tiempo de creada la organización cuando ésta se avocó a la resolución de lo que llamaremos la cuestión de Palestina, creando así un problema gravísimo que lleva más de 78 años sin resolverse y que amenaza la paz de todo el planeta. Para comprender por qué afirmamos esto debemos remontarnos al Pacto de la Sociedad de las Naciones de 1919 en cuyo artículo 19 se creó el sistema de mandatos, encubriendo bajo un ropaje jurídico propio del derecho civil un sistema de colonias que Estados Unidos y gran parte del mundo rechazaba. Dicha sociedad debía designar potencias mandatarias que tendrían a su cargo la tutela de aquellos territorios o países -country decía la versión inglesa- que habían pertenecido al Imperio Otomano y que, a juicio de las potencias vencedoras de la guerra, aun no estaban lo suficientemente maduras para autogobernarse. En consecuencia se les designaba una potencia mandataria que debía tutelar el territorio y llevar al mismo al autogobierno. Así fue como Gran Bretaña recibió el encargo de hacerlo con Mesopotamia -posteriormente Irak- y Palestina -ya separada de Transjordania- y Francia recibió Siria que incluía lo que después fue Líbano. Ahora bien, el mandato sobre Palestina expresamente disponía, además de promover la inmigración judía a dicho país, que la potencia mandataria, era responsable de que ninguna parte del territorio fuera cedida o arrendada o de cualquier modo puesta bajo el control del gobierno de un poder extranjero (art. 5).
Teniendo en cuenta estas premisas fácticas resulta evidente por qué motivo las Naciones Unidas violaron las reglas del sistema internacional. En efecto:
1.- La Sociedad de las Naciones fue disuelta el 18 de abril de 1946 y por lo tanto al cesar la misma cesaba automáticamente el mandato que ejercía la potencia colonial, principio elemental del derecho tanto civil como político. La mandataria, entonces, debía en forma inmediata entregar el gobierno del territorio o país al pueblo que lo habitaba para que se cumpliera el propósito de autogobierno. En vez de cumplir con su obligación Gran Bretaña pidió a las Naciones Unidas una solución al problema causado por el enfrentamiento entre la comunidad árabe -musulmana y cristiana- que pretendía llegar al objetivo del autogobierno en su territorio y la comunidad judía -mayoritariamente sionista- que pretendía proclamar su propio Estado en el mismo. Las Naciones Unidas, en vez de rechazar el pedido y señalar a Gran Bretaña que debía cumplir su cometido, aceptó el encargo y designó una comisión especial -la UNSCOP- para proponer una solución. De este modo cometió la primera gran violación al orden internacional.
Resulta evidente que Gran Bretaña no llamó a elecciones u otro procedimiento para arribar al autogobierno porque ello hubiera implicado dejarlo en manos de la población árabe que era mayoría (no menos del 66 % del total) frustrando de ese modo el proyecto sionista. Y las Naciones Unidas, controladas por los países occidentales, se prestaron al juego.
2.- La UNSCOP se abocó al tema visitando Palestina, entrevistándose con la comunidad judeo-sionista y la Liga Árabe -los palestinos carecían de una representación propia- y finalmente propuso en dictamen dividido la partición de Palestina mediante la creación de dos estados, uno árabe y otro judío. De esta forma el dictamen de mayoría firmado por los países occidentales proponía transgredir el mandato de la Sociedad de las Naciones, ya sea porque la población no arribaba al autogobierno de todo su país sino que también dividía el territorio cediendo una parte a un nuevo Estado lo que violaba el art. 5 antes referido. El dictamen de minoría, suscrito por la India, Irán y Yugoslavia proponía en cambio, un único país con un sistema federal sobre bases nacionales.
3.- La Asamblea de las Naciones Unidas aprobó el 29 de noviembre de 1947 la recomendación de la mayoría mediante el dictado de la Res. 181 conocida desde entonces como la Resolución de Partición de Palestina. El articulado de dicha resolución es ambiguo por cuanto por una parte se aprueba una simple recomendación y por la otra se invita a los pueblos involucrados a aceptarla y al Consejo de Seguridad a ponerla en práctica -lo que nunca hizo-. La misma puede ser interpretada como una mera propuesta de mediación no vinculante -lo que entendemos que realmente fue- o una decisión operativa, tal como fue interpretada por todo el mundo, incluyendo a las partes. Las Naciones Unidas nunca aclararon el punto. Lo cierto es que, tal como señalaron los países árabes a través de un comité especial que representaba a Líbano, Siria, Arabia Saudita, Egipto y Yemen, las Naciones Unidas carecía de toda facultad para decretar partición alguna ya que no hay nada en su carta orgánica que le acuerde la misma y Gran Bretaña no podía transferir esa potestad. Tal como dijo el Comité Superior Árabe, la Organización de Naciones Unidas "no tiene jurisdicción para ordenar o recomendar la partición de Palestina. No hay nada en la Carta que justifique tal autoridad, y en consecuencia la recomendación de la partición es ultra vires, está más allá de sus poderes o atribuciones y es por lo tanto nula y sin efecto" y "no tiene poder para crear un nuevo Estado. Tal decisión sólo puede ser tomada por la libre voluntad del pueblo de los territorios en cuestión". Tan clara e irrebatible postura fue ignorada por los países occidentales que dominaban la novel organización violentando las reglas del orden internacional y creando un cisma y un enfrentamiento sempiterno entre el mundo occidental -mayoritariamente cristiano- y el mundo árabe e islámico que padecemos hasta hoy.
4.- La comunidad judeo-sionista desencadenó una guerra y una limpieza étnica de Palestina que le hizo posible proclamar el Estado de Israel seis meses después, el 14 de mayo de 1948, apoderándose del 78 % del territorio -24 % más de lo propuesto por la Res. 181- y de la mitad occidental de la ciudad de Jerusalén la que, conforme a la recomendación aprobada, no debía formar parte del Estado árabe o judío sino constituir una ciudad autónoma sometida a un fideicomiso bajo la administración de la organización mundial. Desplazó además a las dos terceras partes de la población palestina fuera de las fronteras del nuevo Estado lo que motivó el dictado por la ONU de la Res. 194 del 11 de diciembre del mismo año disponiendo el derecho al retorno de la misma y que Jerusalén debía "ser colocada bajo el control efectivo de las Naciones Unidas".
El 11 de mayo de 1949 la Asamblea General, mediante el dictado de la Resolución 273 admitió como miembro de las Naciones Unidas a Israel por considerarlo un "Estado amante de la paz", que "acepta sin reservas las obligaciones consignadas en la Carta de las Naciones Unidas, y se compromete a cumplir dichas obligaciones a partir del día en que llegue a ser miembro de las Naciones Unidas".
Israel, sin embargo ni aceptó el retorno de los palestinos expulsados ni entregó el control de la mitad occidental de Jerusalén a Naciones Unidas, lo que tampoco hizo Transjordania con la parte oriental bajo su control. De esta forma el organismo encargado de la paz mundial aceptó la transgresión del sistema de reglas que debía resguardar, contribuyendo a la perpetuación del problema de los refugiados palestinos que se prolonga hasta el presente.
Sería largo y tedioso enumerar de qué otras formas las Naciones Unidas contribuyeron a la creación de un mundo sin reglas, pero lo que no cabe duda es que apenas constituida la misma, en lo referido a la cuestión de Palestina, hizo prevalecer el proyecto de los países occidentales de compensar a los judíos sobrevivientes del genocidio perpetrado por el régimen nazi a costa de un pueblo de la periferia, débil e indefenso, a la vez que lograba hacer realidad el viejo sueño de expulsar a la mayoría de los judíos de Europa relegándolos a un rincón pequeño del Asia Occidental. Como dice un viejo adagio, la paz es hija de la justicia y las Naciones Unidas rechazaron la justicia desde sus inicios contribuyendo a un mundo sin reglas y asolado por la guerra permanente.
Miguel Ibarlucía
Abogado, historiador, profesor de la Cátedra Libre Edward Said de Estudios Palestinos, Filosofía y Letras, UBA. Ha publicado Israel, Estado de conquista, Editorial Canaán 2012, Eligiendo el lado del opresor en El negacionismo de la Nakba y Sionismo, el fascismo exitoso. Una caracterización política del movimiento sionista, ambos en Nueva Editorial Canaán, 2023 y 2026.
[1] El principio de autodeterminación de los pueblos fue proclamado expresamente en el Pacto de Derechos Económicos Sociales y Culturales y en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, ambos de la década del 60.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias