Un triste disparate de Fernando Sabater. Rúben H. Díaz
03.05.2026
Desconcertante. Fernando Sabater es un intelectual respetable, su actitud democrática en la región vasca de España, es conocido su valor en los tiempos de la ETA. Un gran escritor sin duda.
El año pasado en Argentina, publicó un libro titulado El placer de la lectura. Lo recomiendo, estoy leyendo los libros que menciona, entre otros especialmente el libro sobre el Danubio de Claudio Macris. Tiene opiniones inteligentes y simpáticas cuando dice "tanto Camus como Orwell fueron librepensadores, sostuvieron principios y argumento, no "partidos". Lo mismo en la nota "Elogio cauteloso del bestseller" al expresar "el más inequívoco criterio que todos aplicamos para determinar que una obra literaria es realmente buena, grandiosa, clásica... es el éxito. La Odisea, La Divina Comedía, los Ensayos de Montaigne, Hamlet, Don Quijote, Crimen y Castigo o Cien años de Soledad son indiscutibles logros literarios excelentes porque han tenido un éxito innegable e inamovible a través de las generaciones.".
Venía muy bien con Sabater y su libro, pero en determinado momento me pico un bichito. En fin, será porque al igual que él, pienso que Erasmo de Rotterdam es una joya del pensamiento de la libertad que es el libre albedrío. En su nota sobre este había algo que no me cerraba. Empezaba con una confesión del autor muy bella. "El otro día un periodista foráneo me preguntó: ¿Qué cree usted que necesita hoy Europa ?. Sin vacilar y supongo que cometiendo el pecado que más detesto, la pedantería, repuse: Erasmo". Después afirmo que "Elogio de la Locura" equivale en su extensa obra a Cándido en la de Voltaire, para entendernos".
Allí fui encontrando una extraña coincidencia entre Voltaire y Savater. Voltaire afirmo, en el prólogo del libro que escribió el Rey de Prusia Federico II "que el veneno de Maquiavelo circulo demasiado sin antídoto". No leyó ni sabía de la existencia del libro de Erasmo "la educación del Príncipe Cristiano" que escribió para Carlos V cuando tenía dieciséis años, y solo era Príncipe de la Borgoña. Justamente criticando al "Príncipe" de Maquiavelo.
El error increíble que tuvo Sabater fue recordar la crítica gratuita que hizo Erasmo al condenar a Julio II en su sátira "Julio II el excluido del reino de los cielos". Esa sátira la escribió Erasmo entre 1514 y 15. Julio II había muerto en 1513. No firmo el trabajo, se sabe que lo hizo, pero era anónimo. Tuvo razones muy fuertes, tan fuertes como impresentables para el anonimato.
Julio II fue uno de los benefactores de Erasmo. Le permitió salir de la orden de los Agustinos, donde estaba en una situación precaria, y recibir dineros del vaticano. Que le vinieron muy bien. Ya había terminado el vínculo con Enrique VIII, y se distanciaba del rey de Francia porque no quiso instalarse en Paris. Erasmo estuvo en Bologna cuando entro triunfante Julio II. Se entrevistó por primera vez con este papa en 1507, recibió por mucho tiempo suculentos aportes del vaticano por decisión de este Papa.
Voltaire, no quiso nunca a Erasmo. Como todos o casi todos los enciclopedistas lo consideraban un erudito sin ideas o sin filosofía. En el fondo, el complejo de los franceses de siempre con los belgas.
Erasmo fue un hombre de grandes y generosas ideas. Como muchos o casi todos los grandes pensadores, muy vinculado al poder, viviendo de él y haciendo concesiones a ese poder. No necesitan que se les presente como santos. Con esas ideas alcanzan. Julio II, antes Alejandro VI y después León X no fueron sin duda tampoco Santos. Pero hicieron aportes indudables en el Renacimiento. Momento que todavía en estos tiempos influye positivamente en nuestras vidas.
El error que cometieron Voltaire y Sabater en sus escenarios y tiempos fue el mismo, olvidar que el hombre es hombre siempre, con sus grandezas y sus limitaciones. Es una unidad.
Ya que hablamos de aquellos tiempos, tan o más criticados que estos, valoremos también al presente. Esta nota se realizó porque hubo una memoria humana, unas vidas portentosas y sublimes y una inteligencia artificial que también hizo lo suyo. Ni el carácter intrépido de Julio II, el miedo pesimista de Erasmo, ni el temor al cambio de la Inteligencia artificial lo son todo. La esperanza y optimismo, siempre al final, por lo menos hasta este momento, se han impuesto.
Rúben H. Díaz
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias