Una economía, dos motores. Federico Rodríguez Aguiar

19.02.2026

En muchos países -sobre todo en economías pequeñas y abiertas- el debate económico tiende a caer en una falsa disyuntiva: importadores versus exportadores. Como si fueran dos bandos enfrentados, disputando recursos, atención del Estado y legitimidad pública.

Sin embargo, esa lectura no solo simplifica demasiado la realidad: también termina debilitando la capacidad de diseñar una política de desarrollo coherente.

La verdad es menos dramática y más útil: importadores y exportadores no son enemigos naturales. Son piezas complementarias de una misma cadena productiva. Y si se entiende bien ese vínculo, se puede pasar del conflicto a la cooperación.

En términos simples, un exportador rara vez exporta "solo". Detrás de cada producto que sale al mundo hay insumos, repuestos, tecnología, combustibles, maquinaria, envases, software o componentes que en muchos casos provienen del exterior. En otras palabras: una parte importante de las exportaciones modernas se sostiene gracias a importaciones estratégicas. Incluso sectores tradicionalmente asociados a lo "nacional", como el agro o la industria, dependen cada vez más de fertilizantes, genética, equipos y servicios especializados que se adquieren fuera del país.

Del otro lado, un importador no es necesariamente alguien que "reemplaza producción local" o que solo abastece consumo. Muchas importaciones son inversión: equipamiento, innovación, insumos para producir más y mejor, o tecnología que permite ahorrar energía y aumentar productividad. Reducir al importador a un actor "de corto plazo" es tan injusto como pensar que todo exportador es automáticamente un motor de transformación.

El verdadero dilema, entonces, no debería ser quién gana o quién pierde, sino cómo se diseña una política económica capaz de alinear a ambos sectores hacia objetivos comunes.

El punto de partida es la previsibilidad. Cuando las reglas son claras, los permisos ágiles y el acceso a insumos está basado en criterios transparentes, el sistema productivo se ordena. En cambio, cuando la economía funciona con incertidumbre, restricciones cambiantes o decisiones discrecionales, aparecen tensiones inevitables: se compite por divisas, por autorizaciones o por acceso a bienes críticos. Y esa competencia no produce desarrollo; produce fragmentación.

La política pública puede hacer mucho para transformar esa tensión en coordinación. Un camino concreto es priorizar importaciones que aumenten capacidad productiva: maquinaria, tecnología, repuestos esenciales, insumos vinculados a exportación y bienes que eleven la productividad. No se trata de "abrir todo" sin criterio, sino de importar mejor. Importar lo que multiplica.

A la vez, exportar más no depende solo del esfuerzo empresarial. Requiere infraestructura, logística eficiente, financiamiento, acuerdos comerciales, promoción inteligente y una estrategia país. En el mundo real, la competitividad no se construye solo en la fábrica o en el campo: se construye en puertos, carreteras, regulaciones, servicios y estabilidad.

En ese marco, el desafío de fondo es cultural y político: dejar de mirar la economía como un tablero de ganadores y perdedores, y empezar a verla como una red de cadenas productivas. En cada cadena -agroindustrial, tecnologíca, construcción, turismo, logística- importadores y exportadores se necesitan. Si uno se tranca, el otro también.

Quizás el paso más importante sea reemplazar la lógica del "sector contra sector" por una idea más moderna: un pacto productivo basado en metas. Metas de inversión, de empleo, de innovación, de exportación y de mejora de productividad. Metas que puedan ser compartidas por quienes traen insumos y por quienes colocan bienes y servicios en el exterior.

Al final, la pregunta clave no es si un país debe importar o exportar. La pregunta es cómo logra integrar ambas cosas en una estrategia inteligente, realista y sostenible. Porque el desarrollo no se construye eligiendo bandos: se construye conectando capacidades.

 

Federico Rodríguez Aguiar. Analista en Marketing, egresado de la Universidad ORT-Uruguay, con sólida formación en estrategias comerciales y desarrollo económico. Su trayectoria académica está complementada por diversas certificaciones y cursos internacionales en áreas clave como la gestión pública, cooperación internacional, y liderazgo.

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2026-02-19T09:47:00

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