Una nueva forma de entender y tratar la obesidad. Homero Bagnulo y Carlos Vivas
06.07.2026
Durante décadas, hablar de obesidad fue hablar de kilos de más y de fuerza de voluntad. Esa época terminó. Hoy las principales sociedades científicas, entre ellas la Asociación Americana de Endocrinología Clínica (AACE), definen la obesidad como una enfermedad crónica, recurrente y multifactorial.
La AACE ha propuesto incluso una nueva terminología -"enfermedad crónica basada en la adiposidad"- para reflejar que se trata de una enfermedad heterogénea y progresiva caracterizada por el exceso, la disfunción o la acumulación anormal de tejido graso, y no simplemente por un número en la balanza.1 El cambio no es semántico: tiene consecuencias directas sobre cómo se diagnostica, se estadifica y se trata.
Hallazgos recientes postulan que un grupo de pacientes presentan una obesidad caracterizada por un estado inflamatorio crónico de bajo grado. Lo interesante es que no todos los pacientes con obesidad presentan este fenómeno con la misma intensidad. De hecho, existe el concepto de "obesidad metabólicamente sana", en la que una persona puede tener un IMC elevado, pero relativamente poca inflamación, buena sensibilidad a la insulina y menor riesgo cardiovascular. En el otro extremo están quienes desarrollan resistencia a la insulina, hígado graso, diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular, donde la inflamación parece desempeñar un papel central.
El instrumento más conocido para medir la obesidad sigue siendo el Índice de Masa Corporal (IMC), que relaciona el peso con el cuadrado de la talla. Pero el IMC tiene limitaciones importantes: no distingue entre músculo y grasa, y no dice dónde está ubicado el exceso adiposo. Ese detalle importa más de lo que parece. La obesidad abdominal es un factor de riesgo más importante que la obesidad general para predecir el desarrollo de diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular.2 La grasa acumulada en el abdomen -la llamada grasa visceral- es la que se asocia con ese riesgo, mientras que la grasa subcutánea tiene un impacto metabólico bastante menor. Por eso hoy la medición de la circunferencia abdominal forma parte del diagnóstico.
Pero el cambio más profundo no está en cómo se mide, sino en cómo se interpreta. Un paciente puede tener un IMC por debajo de 30 y, sin embargo, presentar complicaciones metabólicas que justifiquen tratamiento. Otro puede tener un IMC superior a 30 y no presentar ninguna comorbilidad relevante. La AACE sostiene desde 2016 que el IMC no aporta información directa sobre el impacto del exceso de tejido adiposo en la salud de un individuo concreto, y propone estadificar la gravedad de la enfermedad según la presencia y severidad clínica de sus complicaciones.3
Uno de los sistemas de estadificación más utilizados es el EOSS (Edmonton Obesity Staging System), un sistema de clasificación que va del estadio 0 al 4 según la presencia de factores de riesgo, síntomas y deterioro funcional. Un análisis longitudinal de casi 36.500 personas seguidas durante una mediana de 9 años demostró que el estadio 3 del EOSS duplica el riesgo de mortalidad respecto a los estadios 0 y 1 -hazard ratio de 2,66-, mientras que la obesidad clase III por IMC aumenta ese riesgo en un 58%; ambos sistemas aportan información independiente y su uso combinado permite una evaluación más completa.4 La lección es clara: el número en la balanza y el daño real en la salud no siempre caminan juntos.
Las herramientas terapéuticas disponibles
Una vez establecida la necesidad de tratar, el equipo de salud define la intensidad del abordaje combinando tres ejes: el IMC, la presencia de enfermedades asociadas -diabetes, hipertensión, apnea del sueño, hígado graso- y el grado de impacto clínico según el EOSS.
Los cambios en el estilo de vida -alimentación estructurada, actividad física e intervenciones conductuales- siguen siendo la base de cualquier tratamiento. Pero un consenso creciente señala que como única estrategia tienen eficacia limitada en la obesidad ya establecida. No se prescinden; se combinan.
El tratamiento farmacológico ha pasado por varias generaciones. Durante años, el único recurso disponible fue el orlistat, un fármaco que actúa en el intestino reduciendo la absorción de grasas dietarias. Su eficacia es modesta. La verdadera revolución llegó con los incretinomiméticos: medicamentos que imitan la acción de hormonas intestinales -llamadas incretinas- que se liberan después de comer y tienen un papel regulador sobre el apetito, la insulina y la digestión.
Los primeros en llegar fueron los agonistas del receptor GLP-1, que imitan la acción de una sola hormona. Aumentan la saciedad, enlentecen el vaciado gástrico y reducen la glucosa con bajo riesgo de hipoglucemia. Luego llegaron los agonistas duales, que actúan sobre dos hormonas simultáneamente -el GIP y el GLP-1-, con una eficacia claramente superior. La tirzepatida, el representante más conocido de esta generación, puede lograr una reducción de entre el 15% y el 21% del peso corporal.
La cirugía bariátrica, por su parte, ha ampliado sus indicaciones. Las guías de 2022 de la Sociedad Americana para la Cirugía Metabólica y Bariátrica (ASMBS) y la Federación Internacional para la Cirugía de la Obesidad (IFSO) recomiendan la cirugía para todo paciente con IMC ≥35 kg/m², independientemente de las comorbilidades, y la consideran una opción a evaluar en pacientes con enfermedad metabólica y un IMC de entre 30 y 34,9 kg/m².5 En la práctica clínica, los fármacos se utilizan también antes de la cirugía para reducir el riesgo quirúrgico y después para evitar la recuperación del peso perdido. En todo momento la decisión compartida con el paciente es central: hay quienes no aceptan la cirugía bajo ningún concepto, y otros que prefieren una solución más definitiva.
La retatrutide: el triple agonista
Es en este contexto que emerge la retatrutide, un fármaco de nueva generación que actúa sobre tres hormonas simultáneamente: el GIP, el GLP-1 y el glucagón. La inclusión del glucagón es la clave de su diferencia. Esta hormona, conocida por su papel contrario al de la insulina, actúa sobre el hígado y el tejido adiposo para movilizar reservas de energía y aumentar el gasto calórico del organismo. La acción conjunta de las tres hormonas genera un efecto sinérgico que supera la suma de sus partes.
Qué significa un estudio en fase 3
Para entender la magnitud del anuncio reciente, vale la pena detenerse un momento en qué es un ensayo clínico de fase 3. El desarrollo de un nuevo fármaco recorre etapas bien definidas antes de llegar al mercado. En la fase 1 se evalúa la seguridad en un pequeño número de voluntarios. En la fase 2 se explora la eficacia preliminar y se ajustan las dosis. La fase 3 es el gran ensayo: miles de pacientes, diseño aleatorizado y controlado con placebo, seguimiento prolongado, y los estándares más rigurosos de evidencia. Es el último escalón antes de la aprobación regulatoria.
La travesía es larga y con muchos naufragios. Datos del período 2014-2023 muestran que la probabilidad promedio de aprobación para un fármaco que entra en fase 1 es de apenas el 6,7%, y que la tasa de éxito en la transición de fase 2 a fase 3 es de solo el 28%.6 Alrededor del 50% de los ensayos de fase 3 fracasan, lo que resulta sorprendente dado que son los estudios "confirmatorios" que deberían llegar con la mayor solidez de evidencia.7 Por eso los resultados de un ensayo de fase 3 tienen un peso científico y regulatorio que los estudios anteriores no tienen: cuando el fabricante anuncia sus datos, está presentando la evidencia que decide si el fármaco existirá o no como opción terapéutica.
Los datos del TRIUMPH-1
El ensayo TRIUMPH-1 es un estudio de fase 3, de 80 semanas de duración, aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo, que evaluó la eficacia y seguridad de la retatrutide en adultos con obesidad o sobrepeso con al menos una comorbilidad relacionada con el peso, pero sin diabetes.8 Participaron 2.339 personas, distribuidas en grupos que recibieron retatrutide a dosis de 4 mg, 9 mg, o 12 mg semanales, o placebo. Los resultados, anunciados el 21 de mayo de 2026, son los más destacados que se hayan documentado para un fármaco en esta indicación.
Con la dosis de 12 mg, los pacientes alcanzaron una pérdida de peso promedio del 28,3% a las 80 semanas; con 9 mg, la pérdida fue del 25,9%; y con 4 mg, del 19%. El grupo placebo perdió un 2,2%. Una extensión prespecificada del estudio en participantes con IMC ≥35 kg/m² mostró que quienes continuaron con retatrutide 12 mg hasta las 104 semanas lograron una pérdida promedio del 30,3% del peso corporal.9 Para tener una referencia: la semaglutida alcanza pérdidas de entre el 14% y el 15%; la tirzepatida, de entre el 15% y el 21%. La retatrutide prácticamente duplica esa eficacia.
La comparación con la cirugía bariátrica es inevitable. Una pérdida sostenida del 25% al 30% del peso era hasta hace muy poco territorio casi exclusivo del bypass gástrico. La retatrutide logra resultados comparables de forma menos invasiva, reversible y con un perfil de riesgo diferente, predominantemente gastrointestinal. Las tasas de abandono por efectos adversos fueron del 4,1%, 6,9% y 11,3% con las dosis de 4 mg, 9 mg y 12 mg respectivamente, frente al 4,9% del grupo placebo.8
Una lectura crítica: ¿a quiénes estudia realmente el TRIUMPH-1?
Aquí conviene hacer una pausa y formular la pregunta que todo lector riguroso debería hacerse: ¿quiénes son exactamente los participantes del TRIUMPH-1, y cuánto se parecen a los pacientes con obesidad del mundo real?
El estudio excluyó a todas las personas con diabetes. La razón es metodológica: los pacientes diabéticos responden de forma diferente a estos fármacos, con pérdidas de peso sistemáticamente menores, lo que habría "mezclado" poblaciones con comportamientos biológicos distintos. Pero esa exclusión merece una reflexión.
La pregunta pertinente es si los obesos sin diabetes son mayoría o minoría en el mundo real. La respuesta es clara: son mayoría, y por un margen considerable. Los datos del CDC muestran que la prevalencia de diabetes en personas con obesidad clase I (IMC 30-34,9) es del 18,4%; en obesidad clase II (IMC 35-39,9), del 23,8%; y en obesidad clase III (IMC ≥40), del 29,6%.10 Esto significa que incluso en la obesidad más severa, cerca del 70% de los pacientes no tiene diabetes. La población del TRIUMPH-1 no es, entonces, un subgrupo artificialmente pequeño: representa a la mayoría cuantitativa de los obesos.
Sin embargo, la exclusión tiene una segunda implicancia, más sutil pero igualmente importante: al excluir a los diabéticos, el estudio selecciona la población con la respuesta farmacológica más favorable. Los propios datos del programa TRIUMPH lo confirman: en el ensayo TRANSCEND-T2D-1, realizado en pacientes con diabetes tipo 2, la retatrutide 12 mg logró pérdidas de peso de entre el 11,5% y el 16,8%, esto es, aproximadamente la mitad que en el estudio sin diabéticos.11 Esa diferencia no se debe a una falla del fármaco, sino a la biología: la diabetes modifica los mecanismos de regulación del peso y de respuesta a los incretinomiméticos. Es esperable y está documentada con todos los fármacos de esta clase.
No es casual que el programa TRIUMPH incluya un ensayo separado, el TRIUMPH-2, específicamente diseñado para personas con obesidad y diabetes tipo 2, cuyos resultados se esperan para el segundo o tercer trimestre de 2026.8 Que existan dos ensayos distintos -uno sin diabetes, otro con- es en sí mismo una señal: el fabricante sabe que los resultados no son intercambiables entre ambas poblaciones.
La conclusión para el lector es doble. Por un lado, los números del TRIUMPH-1 son reales y aplican a una proporción importante de los pacientes con obesidad. Por otro, corresponden al escenario más favorable: el paciente obeso sin diabetes, con una biología más receptiva a este tipo de tratamiento. El paciente promedio que llega a una consulta con obesidad y diabetes -una combinación extremadamente frecuente, dado que la diabetes acompaña a entre el 20% y el 30% de los obesos más severos10- puede esperar resultados significativos, pero probablemente más modestos que los que anuncian los titulares.
Un cambio de paradigma
La llegada de la retatrutide al mercado -si la aprobación regulatoria lo confirma, con la presentación de la solicitud prevista para fines de 2026 o principios de 202711- podría redefinir el algoritmo de tratamiento de la obesidad. Su eficacia podría desplazar a la semaglutida y eventualmente a la tirzepatida como primera línea para la mayoría de los pacientes. Y podría ocupar un espacio nuevo: el de quienes han fracasado con otros fármacos, no toleran o no desean la cirugía, y hoy no tienen una opción médica con ese nivel de eficacia.
La obesidad dejó de ser un problema de conducta para pasar a ser una enfermedad con biología propia, estadificación clínica y tratamientos específicos. Los resultados del TRIUMPH-1 son, en ese sentido, parte de un cambio de paradigma que lleva años en marcha -y que acaba de dar su paso más audaz.
Nota elaborada con el apoyo de herramientas de IA generativa de lenguaje, bajo supervisión y edición de los autores.
Referencias
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4. Muscogiuri G, et al. Complementary Role of BMI and EOSS in Predicting All-Cause and Cause-Specific Mortality in People with Overweight and Obesity. Nutrients. 2024. PMC11510653.
5. Eisenberg D, et al. 2022 American Society for Metabolic and Bariatric Surgery (ASMBS) and International Federation for the Surgery of Obesity and Metabolic Disorders (IFSO): Indications for Metabolic and Bariatric Surgery. Surg Obes Relat Dis. 2022;18(12):1345-1356. doi:10.1016/j.soard.2022.08.013
6. Norstella. Why are clinical development success rates falling? [Internet]. 2025 [citado jun 2026]. Disponible en: https://www.norstella.com/why-clinical-development-success-rates-falling/
7. Sertkaya A, et al. Phase III Trial Failures: Costly, But Preventable. Applied Clinical Trials. 2024. Disponible en: https://www.appliedclinicaltrialsonline.com
8. Eli Lilly and Company. Lilly's triple agonist, retatrutide, delivered powerful weight loss in pivotal Phase 3 obesity trial [comunicado de prensa]. Indianapolis: Eli Lilly; 21 may 2026. Disponible en: https://investor.lilly.com/news-releases/news-release-details/lillys-triple-agonist-retatrutide-delivered-powerful-weight-loss
9. Frias JP, et al. Retatrutide Achieves Large Weight Decreases in Patients Without Diabetes: TRIUMPH-1. TCTMD. 21 may 2026. Disponible en: https://www.tctmd.com/news/retatrutide-achieves-large-weight-decreases-patients-without-diabetes-triumph-1
10. Tsao CW, et al. Prevalence of diabetes by body mass index class. Centers for Disease Control and Prevention. Prev Chronic Dis. 2016;13:160056a. doi:10.5888/pcd13.160056a
11. TRIUMPH-1 Phase 3 Results: Retatrutide Delivers 28.3% Weight Loss in 2,339-Patient Obesity Trial. Retatrutide Knowledge Base [Internet]. 2026 [citado jun 2026]. Disponible en: https://www.retatrutide.med/blog/triumph-1-bariatric-level-results
Dres. Homero Bagnulo; Carlos Vivas