Una reflexión sobre una plaza, un barrio y algo que quizás todavía podemos recuperar. Marcelo Tassino
23.10.2026
Durante años pensé que seguir adelante era una forma de dejar atrás determinadas cosas. Que si uno caminaba lo suficiente, si llenaba los días de trabajo, de hijos, de proyectos, de cosas urgentes, algunas preguntas podían quedarse quietas detrás. Como esas casas que uno ve por el espejo retrovisor y que, de a poco, se hacen pequeñas.
Pero hay cosas que no se hacen pequeñas ni con el tiempo, aunque ya hayan pasado más de 50 años. La desaparición de mi padre fue una de ellas y ahora la plaza que lleva su nombre, creo que tampoco.
Durante mucho tiempo el Presupuesto Participativo fue para mí una de esas expresiones que uno escucha sin escuchar. Sabía que existía. Creo que existe desde hace más de veinte años. Pero nunca me había detenido a pensar qué significaba realmente.
Hasta ahora.
Tal vez porque durante muchos años intenté eso de seguir para adelante, o simplemente porque pensé que también era política partidaria, eso que ocurría en otro lugar. En oficinas, en despachos, en reuniones donde personas que no conocíamos decidían cosas que después supuestamente cambiaban nuestras vidas.Y también porque casi cualquier votación termina, tarde o temprano, convertida en una discusión de partidos, colores, banderas, unos contra otros.
Oscar Tassino, además, carga con una historia que hace muy difícil escapar de esa lectura. Fue un desaparecido de la dictadura. Y para algunos eso alcanza para ponerlo inmediatamente de un lado. Tal vez porque, después de más de cincuenta años, todavía nos cuesta hablar de algunas heridas de nuestra historia sin dividirnos en bandos.
Pero yo hoy quisiera contarles otra cosa. Quisiera contarles quién era Oscar antes de convertirse en una fotografía, en un nombre, en una ausencia. Oscar era un vecino. Uno de esos tipos que conocían a la gente por su nombre. Que podía sentarse a hablar con el "loco" Dardo en el mismo bosque que hoy lleva su nombre, y al rato organizar con todos los gurises del barrio una salida a remontar cometas en la playa, o llevarlos al Cine Carrasco. O pasar meses intentando conseguir algo tan poco heroico cómo los benditos bornes para que la Escuela 175 de Avenida Italia y Lido, pudiera finalmente tener teléfono. No estaba tratando de cambiar el mundo. O tal vez sí. Solo que empezaba por su cuadra, por su barrio.
Por eso, el otro día me pasó algo extraño. Volví a salir a la calle a hablar con desconocidos. Hacía muchísimo que no lo hacía. Fue durante una actividad para presentar los proyectos del Presupuesto Participativo del Municipio E. Había poca gente participando y mucho menos interés de las personas que pasaban por ahí.
Muchos de los que pasaban tenían esa mirada que todos conocemos... -Otra cosa de políticos, decían... Algunos ni siquiera frenaban. Otros escuchaban unos segundos y seguían, murmurando bajito de porque mejor no me iba a "trabajar"... jóvenes, adultos, personas mayores. Distintas edades, pero una desilusión bastante parecida.
Y entonces se acercó una mujer. Se había jubilado hacía poco. En realidad se acercó porque pensó que aquello tenía algo que ver con las elecciones del BPS. Terminamos hablando de cualquier cosa menos de la plaza. De su jubilación. De que no sabía a quién votar en el BPS. De una muela que tenía que arreglarse y le costaba veinticinco mil pesos. Por suerte -me dijo- el dentista se la dejaba pagar en cuotas.
Y ahí pasó algo. No sé explicarlo mejor. Por un momento dejé de estar tratando de conseguir un voto. Estábamos simplemente dos personas hablando de la vida. Y pensé en mi viejo. Y de pronto entendí algo: Ah... era esto. Esto era lo que hacía. Hablar con la gente. Escuchar. Preocuparse. Entender que detrás de cada puerta había una historia que seguramente no aparecía en ningún discurso.
Por supuesto que quiero que gane nuestro proyecto, el proyecto del bosque /plaza que hoy lleva su nombre. Quiero recuperar la plaza y cuidar el bosque. Quiero senderos. Quiero que haya cultura, memoria, naturaleza; niños, jóvenes y adultos mayores; gente caminando, aprendiendo, haciendo ejercicio, conversando. Quiero que esa plaza vuelva a estar llena de comunidad sin dejar de ser bosque, y que siga cumpliendo ese papel tan importante que tiene para toda la zona.
Y también quisiera algo más. Me gustaría que cuando alguien escuche el nombre de Oscar Tassino no piense solamente en un desaparecido de la dictadura. Me gustaría que también pudiéramos recordarlo por todo lo que fue antes de convertirse en una ausencia. Un vecino. Un hombre preocupado por los demás. Por su barrio. Por los hijos de sus amigos. Por una escuela que necesitaba un teléfono. Por unos gurises que querían ir al cine o remontar cometas en la playa. Porque su desaparición forma parte de nuestra historia y de nuestra memoria, y nunca debería olvidarse.
Pero su vida fue mucho más que la forma en que terminó. Y quizás esta plaza pueda servir también para eso, para recordar no solamente cómo desapareció Oscar Tassino, sino cómo vivió. Cómo se vinculó con los demás. Cómo entendió la comunidad. Cómo creyó que las pequeñas cosas también podían mejorarle la vida a alguien. Y cómo una persona puede dejar huella mucho antes de convertirse en un nombre escrito en una placa.
Pero descubrí que quiero otra cosa todavía más. Quiero que volvamos a creer que sirve participar. Aunque sea un poco. Que por una vez no miremos una votación pensando: "No sirve para nada, va a seguir todo igual." Porque esta vez no estamos eligiendo un presidente, ni un intendente, ni un partido.
Estamos decidiendo qué queremos hacer con los lugares que compartimos. Hay 46 proyectos solo en el Municipio E. Seguramente detrás de cada uno haya una historia, una necesidad y un grupo de vecinos convencidos de que algo puede estar mejor. Muchos son excelentes. Muchos son necesarios. Tal vez ahí esté lo más importante.
No solamente en cuál gana. Sino en volver a tirar una piedra al agua. Una pequeña. Y mirar cómo aparecen los círculos. Primero uno. Después otro. Después otro más. Hasta que llegan más lejos de lo que imaginábamos.
Mi padre entendía eso. Yo tardé bastante más. Por eso, cuando llegue el momento de votar, me gustaría pedir algo que va incluso más allá de nuestro proyecto. Participá, elegí, decidí... No importa a quién votaste en la última elección. No importa qué partido preferís. Incluso no importa si hace tiempo que dejaste de creer demasiado en todos ellos.
Porque antes que todo eso, somos vecinos. Y hay algo que todavía nos pertenece. Quizás recuperar una plaza no cambie el país. Pero puede cambiar una cuadra. Después un barrio. Después, quién sabe.
Las piedras pequeñas también hacen ondas. Y algunas llegan mucho más lejos de lo que imaginamos. Tal vez de eso se trate participar. De volver a entender que, más allá de nuestras diferencias, hay algo que sigue siendo de todos. Algo sobre lo que todavía podemos conversar, encontrarnos y decidir.
El lugar que compartimos.
Marcelo Tassino. Trabaja en comunicación desde hace más de 40 años. Apasionado por las historias, las ideas y las personas, hoy vuelca su experiencia en proyectos que buscan conectar, acercar conocimiento y generar impacto real.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias