Una salida a la venezolana. Ernesto Kreimerman

02.03.2026

 

La guerra estalló con brutalidad bélica, pero no sorprendió. Se temía un desenlace así, pero no por presumido menos doloroso y temerario. Ordenemos la información para intentar comprender algo de lo que está pasando. Ya todos sabemos cómo se inició; así que vayamos al punto siguiente, a partir de la reacción de Irán y fundamentalmente, revisemos su estrategia para descubrir sus motivos.
Irán reaccionó y atacó a varios países árabes no por enemistad directa, sino como extensión del conflicto con EE. UU. e Israel. Los blancos no fueron los Estados en sí, sino la infraestructura militar y política que sostiene la presencia estadounidense en la región.

Los países afectados fueron Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Qatar, Kuwait y Jordania. Todos comparten un rasgo central: albergan bases militares de EE. UU., sistemas de defensa integrados con Washington o cooperación operativa con Israel. En Bahréin se encuentra la Quinta Flota; en Qatar, la base aérea de Al-Udeid; en Arabia Saudita y Emiratos, nodos clave de defensa aérea y logística; Jordania coopera en control del espacio aéreo. El objetivo iraní fue romper la neutralidad funcional del Golfo, demostrar que esos territorios no son zonas seguras si facilitan ataques contra Irán y elevar el costo político interno de esa cooperación. Por eso los ataques fueron limitados, calibrados y mayormente interceptados: buscaban señalizar capacidad y voluntad, no provocar una guerra regional abierta.

En términos estratégicos, Irán ha optado por enviar un mensaje a dos puntas, simultáneamente: a Washington, que su red de bases es vulnerable; y a los gobiernos árabes, que la alineación pasiva también tiene consecuencias. La lógica no parece ser castigar, devolver golpe por golpe, sino provocar una reacción, una corriente de presión regional a favor de la desescalada bélica.

Alineamientos

Por un lado, Reino Unido, Francia y Alemania respaldan la preocupación por el programa nuclear iraní y adhieren a las sanciones. No obstante ello, no participan en los ataques y llaman a la contención. Eventualmente, dependiendo de la evolución del conflicto bélico podrían llegar a algún tipo de participación. Desde el punto de vista de las instituciones regionales, la ha expresado su preocupación por la escalada y de manera compartida más allá de los matices, prioriza la vía diplomática. Y en esa línea, ha reforzado misiones navales defensivas, no ofensivas. En el caso de Canadá y Australia, cercanos políticamente a Washington, pero sin involucramiento directo en acciones militares. De todos modos, Canadá mantiene fuertes tensiones en el marco del acuerdo que comparte con México y el propio Estados Unidos. La componente irritante es que la práctica discursiva de Trump, agresiva y personalizando los conflictos, dificulta las relaciones de los jefes de gobierno.

En la región...

Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos aunque comparten rivalidad estratégica con Irán y cooperan en inteligencia y defensa aérea, toman el recaudo para no aparecer como beligerantes. De este modo, revelan una mayor preocupación por el día después de la escalada que por el corto plazo.
Por su parte, Jordania colabora en defensa aérea y control del espacio, pero sin sumarse a ataques o algún tipo de protagonismo en acciones directas. Su apoyo es más propio de una cuestión tácita y defensiva, diseñada para evitar represalias iraníes directas.

El bloque iraní...

Por su parte, Irán lidera un sistema de alianzas asimétricas, que no constituye una coalición formal. No pocos analistas entienden que el propósito no es la guerra abierta, sino disuadir, fragmentar y encarecer cualquier ofensiva directa. Una mirada algo optimista que olvida todo un costado de Irán marcado por cuestiones como las bombas en Buenos Aires a la Embajada de Israel primero, y a la AMIA después. Incluso, hay quienes también responsabilizan a Irán por la muerte del exfiscal de la causa AMIA, Alberto Nisman, una causa judicial que se empantanó y no ha podido concluir si se trató de un homicidio, de un suicidio inducido o de un suicidio. Volviendo a esa lectura de un sistema de alianzas asimétrica, el núcleo estatal Irán actúa como coordinador estratégico: financia, arma y entrena, pero evita exponerse militarmente de forma directa. Siria funciona como plataforma logística y territorial, clave para el despliegue iraní hacia Líbano y Gaza, aunque con capacidad militar propia limitada.

Apoyos...

Pero hay otros actores. Por caso, Hezbollah. Se trata del principal vector militar: ha logrado capacidad misilística masiva y disuasión directa contra Israel, algo asumido. También las milicias chiítas en Irak presionan bases y rutas estadounidenses. Los hutíes amplían el conflicto al plano marítimo, atacando la navegación en el mar Rojo. No hay que olvidar a Hamás y Yihad Islámica que a pesar de su deterioro mantienen valor simbólico y de desgaste, aunque militarmente debilitados. Rusia, aunque carga con la mochila de su guerra con Ucrania en las que no las ha tenido todas consigo, aporta un elemento de mayor valor: cobertura diplomática y cooperación militar selectiva, pero también sin entrar en combate directo. Desde una perspectiva más aplomada y sobria, China cuida sus equilibrios y ponderaciones, y no ha soltado a su suerte a Irán. Por ello ha levantado su voz con claridad y cautela que se respete la soberanía iraní y ha reclamado el cese inmediato de las acciones militares, evitando alinearse militarmente. Mucho más discretamente, Corea del Norte aporta cooperación técnica puntual.

Desde una lectura estratégica, los socios de Irán no muestran ningún interés por la acción directa en el conflicto. Han optado por otro camino: multiplicar frentes, diluir responsabilidades y sostener un conflicto prolongado que desgaste a EE. UU. e Israel sin cruzar líneas rojas irreversibles.

¿Qué pasará?

En el presente, las herramientas con que cuenta la diplomacia son limitadas. Entre otros muchos factores, el principal es el vaciamiento de las instituciones multilaterales, en particular para este caso, las Naciones Unidas. Por ello, casi ninguna iniciativa cuenta con un "escenario natural" para ser viabilizada ni tampoco para imponerle condiciones reales a los países en conflicto. Mientras se suceden llamados pidiendo un alto el fuego, a retomar negociaciones serias y responsables, Estados Unidos e Israel avanzaron en lo que parece ser un camino irreversible e incierto, la eliminación de buena parte de la cúpula iraní. Estados Unidos habría optado por una solución "a la venezolana", descabezando el régimen y encumbrando a quien asumiera el rol de desandar el camino. Un plan que da resultados de corto plazo pero no inmediatos. Y bien puede asegurar un tránsito no violento hacia otras condiciones, más parecidas a la democracia. Pero todo es incierto. Mientras, lamentablemente, sigue la guerra y la muerte. Un proceso civilizatorio en regresión, como la concentración del poder y la riqueza. Ojalá ese optimismo de algunos de que este lío "podría resolverse en pocos días" sea algo más que una expresión de deseos.

 

(*) Artículo originalmente publicado en El Telégrafo, 02/03/2026. Reproducido con autorización expresa del autor.

 

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2026-03-02T11:04:00

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