Uruguay ¿Tiene solución? Esteban Valenti

15.06.2026

Es la pregunta que de una u otra manera me han formulado decenas de personas en estos días en Uruguay, personalmente, por email y Whatsapp. Importa el medio para tener una dimensión del alcance.

Aunque yo no agregara ninguna otra definición, todos los lectores comprenden, a cuál problema nos referimos. Pero hay que precisarlo, esa es una clave de la política, no dejarse llevar por las madejas, por el enredo y saber pescar el hilo conductor y definirlo claramente,

El problema y la primera clave es la situación política, económica y social del país en este preciso momento, es muy delicada. 

La segunda clave para responder la pregunta, es definir con precisión para quién es el problema que hay que solucionar, en el sentido más amplio del término. No es de todos los uruguayos, es para la mayoría de la población, que vive de su trabajo, su jubilación, de invertir con decencia y sentido nacional, los que educan y aprenden, los que producen en las ciudades y en el campo, en particular medianos y pequeños productores y comerciantes, pero también empresarios de la ciudad, los que curan, investigan, innovan, están atentos a nuestro ambiente,  los que cuidan nuestra seguridad tanto la pública, como la soberanía y las fronteras de la patria. Seguramente se me escapan una cuantos. Quiero ser preciso, el problema no es para todos los uruguayos.

A esto se agregan las personas que sienten y consideran que la inseguridad es insatisfactoria, a pesar de las estadísticas y las cifras.

Debemos aceptar que algunos están de jolgorio total: los dirigentes de los partidos blanco y colorado, los grandes productores y empresarios que están ganando mucha plata, siguen ganando mucha plata y esperan ganar mucha más dentro de 4 años con su añorado gobierno de derecha. Que paradoja.

La mayoría de ellos ganan aprovechando las leyes del mercado, pero mejoradas con los privilegios que les brindará el nuevo gobierno que esperan con ansias a partir del 2030, otros se han acostumbrado tanto a las inmoralidades, a los escándalos que quieren volver a buscar amoralidades para engrosar sus cuentas bancarias en Uruguay y en el exterior.

También hay una rosca político-empresarial que se ha acostumbrado a la impunidad, en nuestro país, como nunca antes existió, ni antes ni después de la dictadura, que ha hecho de la inmoralidad de todo tipo su "modus operandi" y quieren volver a la carga, con niveles superiores de corrupción, en la compra de armas, de servicios médicos y medicinas, en las estafas con ganado, en la bolsa, y con todo lo que se pueda. Quieren seguir sacando abundante jugo, marrón y barroso.

Ahora con un agravante despiadado, han acostumbrado a una parte de la sociedad que robar, coimear, entregar la soberanía, exponer a miles de marinos y la soberanía marítima, con el "noble objetivo" para hacerse más ricos, es totalmente aceptable. Una caída moral de la sociedad uruguaya, que no tiene precedentes. 

La tercera clave para buscar una respuesta política (la madre de todas las respuestas), a la actual situación es individualizar los problemas. No tenemos una masa informe de problemas, es más, en algunos sectores en los últimos 14 meses hemos mejorado, se han hecho cosas positivas e importantes hay planes interesantes. En otras, vamos a un ritmo que no satisface a la población, estamos tan obsesionados con el equilibrio fiscal y con no cometer el pecado mortal de redistribuir la riqueza y en concentrarnos en administrarla, que poco a poco, este gobierno - elegido como progresista e izquierdista y porque debía denunciar las inmoralidades del pasado y ser un combatiente feroz por la moralidad pública-, no satisface a la mayoría creciente de la población, incluso a quienes lo votaron y, no solo los que le prestaron su voto en las últimas elecciones, sino a miles de ciudadanos que militaron, se esforzaron, algunos hasta se jugaron su libertad y la vida por este proyecto renovador de justicia social y libertad. No hace tanto tiempo.

La cuarta clave, fundamental, es que los que estaremos siempre jugados por la democracia, por el progreso del Uruguay no bajemos los brazos. No es de uruguayos. Y que los cobardes, que están golpeando en el suelo, sepan que ya les va a tocar su hora, estamos trabajando y somos persistentes. Algunos arrastran la política al barro porque es donde viven, siempre. 

Una quinta clave, es saber que hay reservas políticas, morales, a las que hay que apelar en la izquierda en general e incluso en el gobierno y que hay tiempo para convocarlas, y darle un fuerte impulso al cambio. Los blancos y colorados, la derecha insolente, ni los imagina. Esto no le quita ninguna responsabilidad a los gobernantes, al contrario deben sentir que aquí estamos, los de pie, siempre prontos a la batalla, los de izquierda y los progresistas, dentro y fuera del aparato. Que cuenten con nosotros. Siempre.

Volviendo al problema, y a la política más cruda, -disculpen que vuelva a la más elemental doctrina-, un pecado mortal, es creer que con decir algo, con afirmar una "verdad", esa es la única "verdad". 

Los datos sobre el descontento de la población, no son mi opinión, surgen de TODAS las encuestas de apoyo y rechazo al gobierno y, de la abrumadora mayoría de las conversaciones familiares, en los boliches y en todos lados, donde siguen considerando la política como algo valioso. Desgraciadamente, esta categoría de personas está en franca caída, en el mundo y en el Uruguay.

Desde hace 14 meses venimos en picada, como nunca antes había sucedido en un gobierno de izquierda, ni nacional ni departamental. ¿Será culpa de estos uruguayos que no llegan a comprender todo lo que se hace o de la mala comunicación, discursos y publicidad del gobierno? No está sucediendo lo mismo en tres departamentos a nivel de sus gobiernos, Canelones, Lavalleja y Río Negro. Pero....

No puede subestimarse a la gente, pensar que solo con comunicación se modificar la realidad y que el problema, se soluciona creando otra "sensación térmica".

La política, es el camino, en el que convergen los temas económicos, sociales, culturales, educativos, sanitarios, de seguridad, de nuestras relaciones internacionales,  nuestra energía y nuestro ambiente, es la clave, la única clave. Desde hace muchos milenios en el mundo y desde que existimos como nación en el Uruguay.

Hecho este recorrido por el razonamiento lógico y político, se imponen dos nuevas preguntas fundamentales ¿Cómo y con quiénes lo solucionamos? Lo primero es que haya una "leve" percepción de que existe el problema.

El primer responsable de resolver el "problema" y la clave de la solución, es del que ha sido elegido democráticamente para ello: el actual Presidente de la República. De él depende el ritmo del funcionamiento del gobierno, la coordinación entre los diferentes sectores, las prioridades que deben atenderse, el nivel de su autoridad que debe ejercer, obviamente dentro de la constitución y la ley, y transmitirnos con los hechos y no solo con las palabras hacia dónde vamos. 

Es una responsabilidad intransferible y nacional, la experiencia departamental eso, solo eso, es una buena experiencia, puede ser valiosa. 

Es de su responsabilidad elegir sus directos colaboradores en la Torre Ejecutiva y de realizar los cambios necesarios, algunos por razones funcionales, totalmente normales en cualquier gobierno, y otros a patadas para cierta funcionaria que se ha excedido en sus brutalidades, groserías y agresiones a otros integrantes del gobierno. 

No hay custodia de archivos o supuestas lealtades en el pasado, que contribuyan a debilitar la imagen del presidente con su permanencia. Sobre todo, si es un clamor nacional. Me corrijo, hay unos cuantos que están muy contentos con esa  situación que avergüenza la institucionalidad de la Presidencia de la República.

Otro nivel de responsabilidad y cambios, es del gobierno. En 14 meses nadie puede sentirse excluido de que los magros resultados del apoyo al Presidente y, al gobierno, excluya a Ministros, subsecretarios y altos funcionarios, en los entes y bancos del Estado. Son parte importante del problema, deben ser parte importante de la solución. No es solo un cambio de nombres, es otra coordinación y otros resultados. 

Además de esta razón fundamental, hay otra complementaria pero importante, no todos están en la misma situación, no todos tienen las mismas responsabilidades en el problema, por lo tanto, es de elemental justicia que luego de una rápida y exigente evaluación, se proceda. Eso tiene que hacerlo por razones constitucionales y políticas: el señor presidente.

Todos creemos que eso sacudirá lentitudes, ineptitudes y algunas otras situaciones que habrá que analizar. Cuando una máquina no funciona adecuadamente, no puede ser que todos los engranajes funcionen mal, pero son muy importantes, no hacen solo ruido, no funcionan. 

Los que no pueden sentirse excluidos de esto, son los senadores y diputados del gobierno y otros que todavía mantienen un sentido nacional mínimo. Todos pueden aportar sus ideas, sus debates, aprobar las leyes en el pleno funcionamiento legislativo, otros, deberían batirse con mucha más energía e inteligencia, militar abajo, recorrer el país y defender las buenas causas del gobierno. Que son importantes.

Si todo se quedara por aquí, sería doloroso pero simple, sin duda ayudaría pero no respondería adecuadamente la pregunta inicial, hay que agregar una interrogante más ¿Qué cosas hay que hacer?

Obviamente que deberá resolverlo el gobierno en su conjunto y opinando también el partido de gobierno, que tiene el derecho y la obligación, aunque el gobierno nacional sea de todos los uruguayos. El Frente Amplio tiene la responsabilidad y el deber de atender y aportar a la solución del "problema", sin violar obviamente las normas institucionales. 

¿Quién pagará los platos rotos, muchos y grandes platos rotos? El Frente Amplio, no solo en el 2029 y en el 2030, sino por un largo período de tiempo, con una derrota cultural e histórica, que muchos tememos. Y no somos alarmistas, sino optimistas bien informados.

La lista de las prioridades se ha hecho hasta el cansancio, voy a intentar resumirla: la política económica debe obligatoriamente priorizar la captación de inversiones privadas y públicas para general trabajo y lograr el desarrollo sustentable en todo el país, y debe obtener recursos con mucha más imaginación, pero también sin el temor-pánico para afrontar los proyectos de cambios que les prometimos a la gente.

Hay que tener la valentía política e HISTÓRICA de emprender la madre de todas las batallas, y estudiar y aplicar una real reorganización del Estado uruguayo en sus más diversos niveles, sin detenerse ante el surgir de los intereses corporativos. Del problema se sale con mucha valentía. 

Sin librar esa batalla HISTóRICA, el Uruguay no podrá, - no solo por problemas presupuestales-, sino por mentalidad, salir de su mediocridad y su pobre desarrollo. Ahora además, tenemos la maravilla de las nuevas tecnologías, que no nos deben asustar, como no nos asustamos con el surgimiento de los telares mecánicos.

¿Tenemos cuadros como para realmente ponerse esa mochila al hombro y no dejarse tragar por el miedo y las presiones? Tenemos.

De lo anterior, directamente relacionado con la redistribución de la riqueza, que tiene una diferencia FUNDAMENTAL con distribuir la riqueza, es decir una forma elegante de decir que lo que se repartirá es la torta cuando crezca. Tenemos que disponer de un plan y de la voluntad de que los recursos, que son muchos (tenemos el PBI por habitante más alto de toda América Latina) se puedan redistribuir, sin locuras, pero tampoco sin temblores y miedos pánicos a mencionar incluso el concepto.

¿Hay países mucho más injustos que nosotros, que pueden ofrecer oportunidades a empresarios voraces de aprovechar la situación para mejorar exponencialmente sus tasas de ganancias? No es nada nuevo, o nos resignamos a ese mundo infame, o pensamos, actuamos, imaginamos y combatimos la batalla cultural y política para avanzar. Si no, siempre seremos esclavos de esos miedos. 

¿Tenemos condiciones para competir con esos miedos, o nos tenemos que resignar a que todo se resuelve entregando y retrocediendo? ¿Hasta dónde?

Tenemos muchas posibilidades, que debemos ampliar, esa es la batalla. Tenemos territorio adecuado, mano de obra capaz, niveles de vida en amplios sectores, energía limpia, buenos transportes que deberemos mejorar, agua controlada pero abundante y una historia donde hace 100 años, nuestros antepasados construyeron uno de los países del MUNDO más desarrollados y con el primer estado del bienestar del planeta, compitiendo con vecinos desaforados en la explotación de los seres humanos. Podemos.

La redistribución no puede ser una masa amorfa, tiene sus duras prioridades, porque implica dinero y una difícil batalla educativa, de construcción de viviendas, de participación de toda la sociedad, no con limosnas, sino coordinado las muchas iniciativas del Estado y la sociedad civil. Por ejemplo, en la reducción de la pobreza y miseria infantil. Que nos debería sublevar más que la búsqueda de petróleo en alta mar.

En el aumento de los indicadores básicos de la justicia social, los salarios, las jubilaciones, los servicios adecuados de educación, de salud, de transporte, de diversión, de cultura y sobre todo de seguridad; porque es allí donde viven nuestros compatriotas más desafortunados económicamente, que se sufre el azote de la delincuencia, del delito organizado, de los homicidios en su doble condición, reclutando a nuestros jóvenes y asaltando y matando a las familias y pequeños comercios. ¿Se puede? Si simplemente formulamos esta pregunta, estamos derrotados. ¿Se debe y hay que hacerlo?

No quiero extenderme, pero prometo que en la próxima nota seguiré con la educación, la cultura, la calidad de los servicios públicos, la salud pública y privada, las infraestructuras, en particular las grandes obras que marcarán una época, por sus resultados y por reconquistar el espíritu que hizo grande, casi único a este país, no solo en la previa de un mundial. En comprar de una vez por todas las OPVs, también para demostrar que hemos despertado de la modorra.

Y por último, en un tema vital, en el Uruguay la corrupción se debe perseguir, combatir y derrotar, con todo el peso de la ley, pero también con la vigilancia de la ciudadanía y una prensa con los dos ojos abiertos por igual y, se combate no solo porque es el dinero del pueblo, sino porque se compromete la dignidad de la nación, ante nosotros mismos y ante el mundo. Y la combatimos, la procesamos, la condenamos con las fuerzas ejecutivas, con los fiscales no politizados, con la justicia y con la moral ciudadana.

Esteban Valenti
2026-06-15T07:03:00

Esteban Valenti.

Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)