Uruguay quiere jugar en las grandes ligas. Gerardo Amengual
03.10.2026
Una política exterior más ambiciosa necesita credibilidad, estrategia y protagonistas capaces de transformar prestigio internacional en resultados para el país
Uruguay parece haber tomado una decisión que merece ser observada con atención: intentar ocupar un espacio internacional mayor que el que naturalmente le asignan su territorio, su población y su peso económico.
No necesariamente se trata de una pretensión desmedida. Para un país pequeño, la política exterior puede ser precisamente una herramienta para multiplicar su influencia. Uruguay tiene activos importantes: estabilidad institucional, democracia, respeto por las reglas, tradición de solución pacífica de las controversias y una imagen internacional de país previsible.
El propio Plan Estratégico 2025-2030 del Ministerio de Relaciones Exteriores establece entre sus objetivos posicionar a Uruguay como un actor confiable para el diálogo y la construcción de consensos, fortalecer las capacidades de mediación y, simultáneamente, ampliar la inserción económica internacional, atraer inversiones y acceder a nuevos mercados.
Por tanto, parece existir una concepción que vincula credibilidad política, presencia diplomática e inserción económica.
Un pequeño país que busca aumentar su influencia
Uruguay atraviesa durante 2026 una coyuntura internacional singular. Por primera vez asumió la presidencia del G77, que reúne a 134 países, y simultáneamente ejerce posiciones relevantes en CELAC y Mercosur. En su reciente reunión con António Guterres, Presidencia destacó precisamente el liderazgo uruguayo en esos tres ámbitos.
Eso genera una oportunidad. Uruguay difícilmente pueda competir internacionalmente por poder militar, tamaño de mercado o población. Pero puede intentar hacerlo mediante algo diferente: confianza.
En un mundo atravesado por guerras, enfrentamientos comerciales, disputas geopolíticas y creciente polarización, ser considerado un país serio, estable y capaz de dialogar con actores diferentes puede constituir un activo.
Y ese activo político puede tener también consecuencias económicas. La credibilidad internacional puede contribuir a abrir mercados, atraer inversiones, generar alianzas y establecer relaciones con países y regiones con los cuales Uruguay necesita profundizar sus vínculos. No significa que una buena diplomacia produzca automáticamente inversiones, pero política exterior y desarrollo económico tampoco son compartimentos estancos.
Palestina aparece entonces bajo otra perspectiva
Es dentro de esta estrategia que debería analizarse la decisión del gobierno de Yamandú Orsi de proponer a Marcos Carámbula como embajador de Uruguay ante Palestina.
El canciller Mario Lubetkin ha explicado que el gobierno quiere enviar una figura política, de confianza del presidente y con capacidad de articulación. También señaló que la decisión forma parte de un conjunto más amplio de movimientos realizados por Uruguay en Naciones Unidas y de su defensa de una solución de dos Estados.
Según información publicada el 2 de octubre, el propósito sería jerarquizar la representación uruguaya en Ramala y otorgarle credibilidad a un eventual esfuerzo uruguayo de intermediación.
Esto modifica sustancialmente la discusión. Si simplemente se tratara de cubrir una embajada, la controversia podría limitarse a discutir si correspondía designar a un diplomático profesional o a una figura política.
Pero si Uruguay pretende utilizar su presencia en Palestina como parte de una estrategia internacional mucho más ambiciosa, entonces la pregunta adquiere otra dimensión.
¿Por qué Marcos Carámbula?
Carámbula posee una extensa trayectoria política y de gestión pública. Ha sido legislador, intendente de Canelones y presidente de ASSE. Además, mantiene una histórica relación política y personal con Yamandú Orsi.
La confianza presidencial importa. Un representante que actúe en un escenario extremadamente sensible y que eventualmente deba transmitir posiciones políticas necesita saber que habla con el respaldo del presidente de la República.
Pero la confianza política no sustituye necesariamente la experiencia diplomática. Palestina constituye uno de los escenarios internacionales más complejos. Allí confluyen Israel, la Autoridad Palestina, Estados Unidos, países árabes, Naciones Unidas, Europa y múltiples intereses políticos, económicos y estratégicos.
Por eso sigue existiendo una pregunta legítima que el gobierno debería responder con mayor profundidad:
¿Qué capacidades específicas aporta Marcos Carámbula para esta misión que justifican elegirlo frente a un diplomático profesional con experiencia internacional? No se trata de cuestionar su trayectoria ni sus condiciones personales. Se trata precisamente de comprender la estrategia.
Porque cuanto más importante sea la misión que Uruguay pretende desarrollar, mayor debe ser la explicación sobre la elección de quien habrá de representarlo.
Prestigio internacional para obtener resultados nacionales
Existe además otra dimensión que Uruguay no debería perder de vista. Una política exterior exitosa no puede agotarse en reconocimiento internacional. El posicionamiento político debe finalmente contribuir al interés nacional.
Uruguay necesita mercados. Necesita inversiones. Necesita tecnología. Necesita generar empleo y aumentar su productividad. Necesita relacionarse simultáneamente con China, Estados Unidos, Europa, América Latina, Asia y el mundo árabe sin quedar atrapado innecesariamente en las disputas entre las grandes potencias.
Cancillería coloca precisamente la diversificación de mercados y la atracción de inversiones entre los objetivos centrales de su estrategia 2025-2030.
Por eso, si Uruguay consigue construir una identidad internacional de país confiable, democrático, previsible y capaz de conversar con diferentes actores, habrá acumulado un capital político importante. El desafío posterior será convertir parte de ese capital en oportunidades concretas para su gente.
Una estrategia que necesita coherencia
El gobierno de Orsi parece estar intentando una política exterior más ambiciosa.
La presidencia del G77, el protagonismo en CELAC y Mercosur, la defensa del multilateralismo, la apertura hacia diferentes regiones y ahora la decisión de jerarquizar la representación en Palestina pueden leerse como partes de una misma búsqueda de posicionamiento internacional.
Es una apuesta que puede ser significativa para un país pequeño. Pero cuanto mayor sea la ambición, mayor deberá ser también la profesionalidad de su ejecución.
No alcanza con estar presentes. No alcanza con obtener fotografías, declaraciones o reconocimiento internacional. Hay que definir objetivos, seleccionar cuidadosamente a las personas, construir relaciones de largo plazo y evaluar resultados.
Y fundamentalmente hay que responder una pregunta sencilla: ¿qué gana Uruguay con cada movimiento?
No exclusivamente en términos económicos. También en influencia, cooperación, seguridad, mercados, inversiones, conocimiento y capacidad para defender sus intereses. Uruguay puede aspirar a jugar un papel internacional mayor.
Su historia democrática y su institucionalidad le proporcionan condiciones para intentarlo. Pero jugar en las grandes ligas exige algo más que prestigio. Exige estrategia, profesionalidad, coherencia y resultados.
Y justamente por la importancia que puede tener esta nueva orientación de la política exterior uruguaya, la designación de Marcos Carámbula en Palestina merece una explicación que vaya más allá de la confianza política y personal del presidente.
No porque esa confianza carezca de valor.
Sino porque la misión que Uruguay parece querer asumir es demasiado importante como para que esa sea toda la explicación.
Gerardo Amengual es integrante de la Dirección Nacional de SER, lista 141 FRENTE AMPLIO.
Foto: Santiago Mazzarovich / adhocFOTOS
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias