Uruguayo, izquierdista, frenteamplista y partidario del actual gobierno. Esteban Valenti
18.05.2026
Cuando Rodney Arismendi regresó al Uruguay en 1984, hizo en una sola breve frase la mayor renovación de toda la historia del Partido Comunista de Uruguay (PCU). Por eso pasamos a utilizar esa sigla, en una semana tuvimos un nueva imagean gráfica y fue el tema de fondo, no solo del acto del Franzini, sino de algunos que lograron captar su significado.
No fue una frase de impacto, propagandística, cualquiera que conozca un mínimo de la trayectoria y del aporte político y teórico que Arismendi hizo a la izquierda uruguaya puede comprender que estaba resumiendo lo que se había operado en la práctica de los comunistas desde la unidad sindical y por encima de todo por la unidad en el Frente Amplio, como un avance histórico para el pueblo y la izquierda uruguaya.
Fue la mejor definición, bastante implícita, hay que reconocerlo, al debate posterior sobre la dictadura del proletariado, a que el problema principal de la Revolución uruguaya era la fuerza del propio PCU y a muchos otros temas claves relacionados con la democracia, y al propio concepto de la Democracia Avanzada.
El "crimen" de Jaime Pérez fue hacer explícitos esos cambios dramáticos, transformarlos en mensajes a todo el país, revalorizar profundamente la democracia para los comunistas uruguayos. Y lo pagó muy caro.
Esta no es una columna sobre el pasado, es profunda y radicalmente sobre el futuro.
Uruguayo parece ser una definición simple, no lo es. De mi parte implica que la prioridad absoluta en materia política, económica, cultural en sus relaciones internacionales es obviamente el Uruguay. Hasta en el fútbol. Eso no quiere decir de ninguna manera que voy a liquidar demagógicamente aquellas taras, defectos, retrocesos que el país ha tenido y tiene y que son aspectos estructurales de su propia identidad.
Hay un ejemplo muy claro de, uruguayo, es oponerse con firmeza e inteligencia a la entrega de nuestra soberanía, como en el escandaloso caso de Katoen Natie.
"Nadie va a inventar el camino del Uruguay, sino nosotros mismos, los orientales, basados en nuestra manera de ver y en nuestras realidades." Decía con gran acierto Liber Seregni
Izquierdista, ya es más complejo, hay tantas definiciones y variantes y como nadie se puede atribuir la capacidad y la soberbia de distribuir "izquierdismos", como además desde que nació en 1789 en París ha cambiado en forma permanente y sigue siendo una referencia histórica, política y cultural fundamental tendremos que dedicarle un espacio más amplio que esta columna.
En Uruguay, decir izquierdista, tiene implícita una definición bastante precisa y con muchos matices.
La prioridad absoluta para todas esas izquierdas es el cambio social, favorecer a los trabajadores, a los más necesitados y débiles y redistribuir la riqueza a través de muchos instrumentos para asegurar que la mayoría de los uruguayos tengan una vida mejor. Y no un momento, sino a lo largo de un proceso que cambien la estructura económica, la economía política, las políticas educativas y culturales, incluso la realidad institucional. En mi opinión no tiene ya nada que ver con el monopolio del Estado hasta de los puestos de la feria. Ese modelo ya fracasó estrepitosamente.
Un elemento fundamental en mi definición de izquierda, es la honestidad, la moral pública y ciudadana y la lucha por el sentido más amplio de los derechos humanos y por la igualdad en todos los planos entre mujeres y hombres.
Seguimos o deberíamos seguir siendo internacionalistas, en el sentido más amplio, desde el multilateralismo, hasta la solidaridad con los pueblos agredidos.
Ser Frenteamplista ha ido cambiando positiva y negativamente. Obviamente es tener como referencia nuestra historia, nuestras definiciones programáticas, incluso con toda la carga polémica las formas de participación de los ciudadanos frenteamplistas en la política, una forma original pero que reclama un profundo análisis crítico.
Es el respeto y la capacidad de diálogo, que aprendimos a lo largo 53 años desde la fundación del FA, con fuerzas muy diversas, de orígenes diferentes y con objetivos diversos que fueron confluyendo hacia una plataforma común y una acción política común. Una experiencia casi única en el mundo.
Es la batalla por la moral con una batalla indoblegable contra la corrupción, en primer lugar en nuestras propias filas, asumiendo que el ejercicio del gobierno nos ha impuesto duras pruebas, que las hemos sorteado con heridas.
Naturalmente que ser frenteamplista implica la batalla permanente por alcanzar el gobierno nacional y la mayoría de las intendencias. No somos una iglesia ni una secta que predica, somos un frente político. Esta definición está muy lejos de transformarnos en una máquina donde la prioridad absoluta y que crece, es conseguir algún cargo estatal a los diversos niveles.
"La unidad es un bien precioso e indispensable... pero no queremos una unidad muerta que se agote reclamándose a sí misma." Decía Liber Seregni.
Y por último ser partidario de este gobierno elegido por el FA ha ido cambiando de definición, al menos para mí. Está muy bien que en un gobierno elegido por el FA se reconozca, se explicite que nosotros gobernamos para todos los ciudadanos y no hacemos política menor partidaria. Lo que no tiene nada que ver es desconocer que visitar un portaviones norteamericano en este momento de ofensiva feroz del gobierno de Donald Trump contra diversos pueblos, Venezuela, Irán, Cuba y en general con una nueva versión de la doctrina Moroe multiplicada por 3 en su relación con América Latina.
Es por esos "detalles" que ser izquierdista y frenteamplista no comporta hoy ser automáticamente partidario de este gobierno. No es un matiz.
No es lo m ismo cuando no se protege la institución Presidencia de la República y se deja en un alto cargo, real y simbólico como la Secretaría de Derechos Humanos, a una persona totalmente indigna de permanecer un solo minuto y se incinera a un cuadro importante del gobierno mandando a protegerlo. Eso si, con mucha velocidad.
No puede implicar apoyar ciegamente aspectos de la política económica, de las prioridades sociales, como la pobreza infantil o elementos de la política industrial.
Ni respaldar el clima de impunidad en muchas dependencias del Estado frente a errores o cosas peores como si algunos, no todos los cargos estuvieran soldados.
Sin embargo hay que decirlo claro y sin cola de paja, que apoyo con fuerza los avances y los cambios positivos que se han realizado por este gobierno. Muchos más grandes que esta sola frase. Lo hice y lo seguiré haciendo mientras esos cambios y avances se sigan produciendo, sabiendo que no es una tarea simple y que realmente el gobierno de derecha de Lacalle Pou le dejó una herencia realmente maldita.
No confundimos cerrar filas ante la feroz campaña de la derecha encabezada por los blancos y los colorados y los restos del PI que realizan desde el 2 de marzo del 2025, con el apoyo "desinteresado" de los canales de televisión de manera descarada y ante la cual el gobierno y la izquierda un poco menos responde con extrema debilidad. Sin perder, incluso reforzando nuestra lucha por la estabilidad institucional, por las relaciones democráticas y respetuosas entre los partidos. Entre todos, no el FA con una sonrisa y la oposición con un hacha en cada mano y esperando que ni siquiera nos demos cuenta.
No somos de los que le atribuyen todos los problemas a la mala comunicación, que también existe, los problemas, las lentitudes, la falta de oportunidad al afrontar ciertos problemas y el rumbo definido en otras áreas existen.
Se puede tener un buen gobierno, un excelente gobierno de izquierda aún con deficiencias en la comunicación, es difícil transformarse en un líder, pero para la gente de a pie, la clave es tener un gobierno sensible y que cumpla sus promesas principales.
En próximas notas, vamos a profundizar en las cuatro definiciones, porque las consideramos algo mucho más profundo que temblar ante las encuestas y estar calculando y midiendo las broncas en nuestra gente. Hay que impulsarnos, como uruguayos, como izquierdistas y como frenteamplistas en el año 2026 y hacia el futuro.
Esteban Valenti.
Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)