Venezuela: Traición estratégica o preservación táctica. Federico Fasano Mertens
23.01.2026
Todas estas semanas desde el giro copernicano trumpista del 3 de enero que inició una nueva era en la geopolítica mundial, he estado pensando que no era posible secuestrar a un presidente latinoamericano sin la traición interna.
No funcionaron las defensas antiaéreas, no se derribó ni a un solo avión ni a un solo helicóptero, no murió ni un solo militar invasor norteamericano, murieron todos los soldados cubanos que protegían a Maduro. A lo que agrego, ¿cómo sabían en cuál de los numerosos refugios y túneles y vías de escape que protegían al presidente de Venezuela, se hallaba Maduro en el momento del ataque?
De ahí a la conclusión de la existencia de una traición hay un solo paso.
Pero me dije que intentara primero plantear los problemas y tratar de buscarles solución sin preconceptos. Abrir todo lo ancho que nos está permitiendo la polémica realidad venezolana, al viento purificador y vivificador del raciocinio. Optar por el análisis y despreciar el pálpito y preferir, como en el verso de Machado, las voces a los ecos. Era importante reencontrar la espesura de la nueva realidad política surgida tras la ruptura de la soberanía venezolana y el secuestro de su presidente.
Todo me llevaba a suponer, sin pruebas fehacientes y tan solo con fundamentos indiciarios o intuitivos, que Maduro había sido entregado por altos dirigentes del chavismo.
Tres elementos me han llevado a considerar que podría estar equivocado.
El primero fue conversar con un par de conocidos chavistas de antaño, furiosos por la escasa defensa ante los invasores, que me desmintieron de plano toda posibilidad de traición.
No me quedé con esa opinión y consulté a una conocida politóloga chavista, que rompió con Maduro y abandonó el alto cargo que detentaba, que también me desmintió la especie.
Y por último recurrí a los porfiados hechos, que siempre exhiben una elocuencia superior a toda intuición.
Y los hechos hablan claro, Venezuela continúa con el programa que instrumentaba Maduro, con todo su ejecutivo estratégico en los mismos cargos que detentaban antes de la invasión, con una presidenta encargada que reconoce a Maduro como presidente prisionero de guerra, con el hijo del secuestrado avalando a la presidenta a cargo, es decir presidenta "encargada" por el aval de Maduro.
Obviamente, que hubo acciones preparatorias de la central de inteligencia estadounidense, tal cual insólitamente lo anunció con bastante antelación el presidente Trump, rompiendo el secretismo institucional de la CIA desde su fundación, nadie lo duda. Y que esas acciones hayan obtenido el apoyo de colaboracionistas venezolanos, tampoco hay duda. O que la promesa de los 50 millones de dólares a quien aporte elementos para la captura de Maduro, hayan tenido un efecto potente en el cerebro codicioso de algún traidor. Todo eso es posible, pero no alienta la tesis de la deserción de la presidenta a cargo, Delcy Rodríguez, o de su hermano Jorge el presidente de la Asamblea Nacional o del Ministro del Interior Diosdado Cabello o del Ministro de Defensa y Comandante de las Fuerzas Armadas, el general Padrino López.
Durante un tiempo seguí con mucha atención una noticia del portal UY PRESS, que me hizo dudar.
Esa agencia reveló con la firma de su director, Esteban Valenti, que el General Padrino López fue el que entregó toda la información a la CIA que posibilitó la captura relámpago de su presidente. UY PRESS fundamentó su noticia en varias fuentes . Incluso dio fechas precisas de la traición del General Padrino afirmando que fue en agosto de 2024 que Padrino López fue reclutado por la CIA. Pero al no revelar las pruebas o las fuentes, esa noticia queda en stand by, hasta que aparezcan hechos que la avalen. Habrá que esperar que los acontecimientos confirmen o desmientan esta información.
Mientras tanto queda como una hipótesis de trabajo, sujeta a confirmación.
No podemos ocultar que el actual chavismo reanudó relaciones con el país invasor, EE.UU., y que además el actual gobierno venezolano le acaba de vender 50 millones de barriles de petróleo a su secuestrador en modalidad humillante sobre la administración de su precio, así como el diálogo y la coordinación permanente entablada entre la víctima y el victimario.
Esta nueva realidad, no avala empero, la tesis de la traición.
Sería lo mismo que acusar de traición a Napoleón Bonaparte cuando entregó Francia a los monárquicos al ser derrotado en la batalla de Leipzig en octubre de 1813. No fue traición firmar el Tratado de Fontainebleau en 1814, a cambio de ser gobernador de la isla de Elba, su prisión domiciliaria.
Lo que hizo Bonaparte fue arriar las banderas imperiales y abdicar ante la gran coalición monárquica, para que su Grande Armée esperara el momento propicio para revertir la derrota, oportunidad que se concretó en febrero de 1815 , cuando huyó de la isla de Elba, reagrupó a sus fuerzas y derrotó a la monarquía. No fue una traición a Francia, sino una retirada estratégica, como dice Sun Tzu en "El arte de la guerra", a la espera de su momento histórico. La traición de Napoleón no ocurrió en 1814, sino en 1804 , diez años antes, cuando desertó de la revolución francesa, enterró la República y se convirtió en Emperador.
¿O acaso acusaríamos de traición al emperador japonés, el príncipe Michi, llamado Hirohito, cuando se rindió ante el crimen de lesa humanidad perpetrado por los EE.UU. en 1945 en Hiroshima y Nagasaki, salvando de esta manera a millones de japoneses de una muerte abominable, pese a entregar la soberanía de su país a los EE.UU., el primer asesino serial atómico.
¿O acaso tendríamos que acusar a Lenin de traidor cuando firmó una humillante paz con Alemania en marzo de 1918, en Brest Litovsk, que permitió consolidar la revolución rusa de 1917, que cambió la historia del siglo XX, con el nacimiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, que impidieron el dominio unipolar norteamericano, durante más de 70 años?
Todo lo condenaba a Lenin. La potente Alemania, enemiga de los revolucionarios, le entrega a Vladimir Ilich, un tren blindado para que lo traslade con fuerte protección a Moscú donde lo acusaban de alta traición por intentar firmar la paz con el enemigo haciéndole importantes concesiones territoriales. Lenin necesitaba ganar tiempo para asegurar la revolución proletaria.
Fue traición estratégica la de Lenin, o preservación táctica.
El gran líder ruso, el autor del ¿Qué hacer?, manual que orientó durante años a la dirigencia bolchevique, no se equivocó con su falsa "traición".
La humillante paz de Brest Litovsk, que le entregó a la Alemania belicista, toda Ucrania y parte de Polonia, a la que se opuso Trotsky, fue el salvavidas de la República de los soviets.
Ignoro si estos tres ejemplos se pueden aplicar al actual gobierno venezolano, ayudando de esta manera a despejar la incógnita sobre traición o preservación táctica. Esta decisión la dejo en manos de los lectores. Mi intención es aportar la mayor cantidad de elementos para armar este polémico rompecabezas.
Toda mi vida fui seducido por las grandes épicas de la humanidad, y siempre me enrolé en el partido de los perdedores, conducta ética que mucho valoro. Forjaron mi corpus ideológico las épicas de la Comuna de París, de los republicanos en la guerra civil española, de los hebreos en Masada, de los celtíberos en Numancia, donde no cedieron hasta que no quedaba nadie más para ofrendar su vida, porque "no se rinde el gallo rojo, solo cuando ya está muerto".
Pero ni Masada, ni Numancia, ni la Comuna de París, ni la República española con su heroico testimonio, pudieron modificar la realidad injusta que los rodeaba. Y de lo que se trata es de cambiar la realidad, no solo de exhibir la dignidad y el testimonio de su heroísmo. Cambiar la realidad, para derribar los muros que impiden avanzar hacia la emancipación humana. Hay veces en que es inteligente aceptar que "soldado que huye sirve para otra batalla".
Marx y Engels ante circunstancias similares nos recuerdan en su ensayo "La Sagrada Familia" que "Si el hombre es formado por las circunstancias, hay que formar las circunstancias humanamente".
Creo que es lo que está pasando en Venezuela. Espero no equivocarme otra vez. Aunque una siniestra información que me llega sin confirmación cuando termino de redactar este artículo, vuelve a poner en duda las hipótesis de mis análisis. La noticia que puede o no ser una fake news, afirma que los 32 soldados cubanos que conformaban el anillo protector de la vida de Maduro fueron asesinados por el ejército venezolano. Tal acusación se basa en el hecho de que fueron entregados a las autoridades cubanas, 32 urnarios con las cenizas de los militares cubanos que protegían a Maduro, en lugar de ser entregados sus cuerpos en féretros sellados, como ocurrió siempre que un soldado cubano perdía la vida en acción en otro país.
Pero también sabemos de los testimonios de dos dignos soldados cubanos que sobrevivieron, el Coronel Pedro Yadín y Yohandris Varona Torre, quienes integraban el círculo de seguridad más próximo al presidente venezolano y ambos, no solo relataron el coraje con que se defendieron y la dignidad con qué recuperaron los cuerpos de sus compañeros caídos sino que además negaron cualquier ataque del propio ejército venezolano contra ellos.
Cada país tiene su Minotauro. Salir del laberinto venezolano es imprescindible para despejar esta terrible historia.
Habrá que esperar que hablen los acontecimientos de los próximos meses de este annus terribilis, para poder descifrar la incógnita del título: traición estratégica o preservación táctica.
Federico Fasano Mertens
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias