Vicenta: cocina honesta entre la brasa, la memoria y el ritmo de barrio. Esteban Valenti
22.10.2026
No teníamos cocina en casa y para cumplir con un rito, fuimos seis al restaurante Vicenta en Tomás Diago 796 en Pocitos teléfono 2710 78 97 (Los domingos conviene reservar)
En una escena gastronómica montevideana a menudo tentada por el artificio o la réplica apresurada de modas foráneas, Vicenta (en el corazón de Pocitos/ Cordón Soho) propone un anclaje distinto: el del bodegón moderno que no reniega de sus raíces pero se niega a la dejadez. No busca deslumbrar con pirotecnia conceptual; su ambición pasa por la precisión del fuego, la nobleza de la materia prima y una hospitalidad que respeta los tiempos de la sobremesa.
La puesta en escena
El espacio dialoga con la tipología clásica de la casona montevideana intervenida con criterio contemporáneo: techos altos, maderas cálidas, iluminación tenue bien dosificada y una cocina a la vista donde la parrilla y los fuegos imponen su presencia sin invadir el salón de humo ni estridencias. Hay una atmósfera despojada pero cuidada, propicia tanto para el almuerzo distendido como para la cena conversada con una buena copa al lado. Caben un máximo de 22 comensales, pero hay tres mesas en la vereda para los días soleados.
En la mesa: el elogio del producto y el punto justo
La carta es sensata, acotada y construida alrededor de la estación, lo que siempre constituye una señal de rigor:
Las entradas: la panera y los abrebocas dan la primera pauta de respeto al comensal. Destacan las entradas donde el vegetal y las grasas nobles dialogan sin taparse: vegetales de estación quemados a la brasa con emulsiones de hierbas o quesos de pasta hilada, y achuras tratadas con pulcritud técnica (mollejas crocantes por fuera y untuosas en el centro, sin excesos cítricos que enmascaren la pieza).
Los principales: el dominio del fuego es el eje vertebrador. Los cortes vacunos llegan al punto exacto solicitado, un mérito que en Montevideo muchas veces se da por sentado pero rara vez se cumple con milimétrica regularidad, con buen sellado y reposo adecuado, reteniendo jugos sin desangrar el plato. Cuando la carta incursiona en la pesca del día, se agradece el punto de cocción corto y la piel crocante, acompañada de guarniciones que no son un mero relleno decorativo sino platos pensados en sí mismos (purés aterciopelados, papas rotas con textura, hojas amargas bien aliñadas). Si hay pasta en el menú, la masa muestra consistencia al dente y las salsas exhiben horas de reducción y paciencia, lejos del atajo industrial.
Los postres: huyen de la saturación de azúcar. Se valoran las reinterpretaciones de clásicos rioplatenses -el flan con densidad y sin agujeros, un buen dulce de leche equilibrado con toques salinos o cremas ácidas-, cerrando el menú con redondez.
Servicio y bodega
La carta de vinos es uno de sus aciertos más sólidos: da cabida tanto a etiquetas consolidadas como a pequeños productores nacionales de baja intervención, permitiendo maridajes ágiles que escapan de la monotonía. El servicio en sala es atento, solvente en sus recomendaciones y con ese trato cercano pero sobrio que distingue a los proyectos con identidad propia.
El cocinero
Marco Bonino, un veterano de diversos restaurantes en diversos países de tres continentes y de la Ciudad Vieja. Estudiante de Arquitectura y amante de cocinar estudiando los platos y los ingredientes de cada época.
Veredicto
Vicenta no reinventa la rueda ni pretende hacerlo. Su mérito radica en algo más difícil y escaso: ejecutar con rigor, respetar la temporalidad del ingrediente y ofrecer una experiencia donde el confort, el sabor reconocible y la técnica de cocina conviven en armonía. Una parada indispensable para quien busca comer bien, sin atajos ni pretensiones vacías. Hicimos una evaluación entre los cuatro comensales, plato por plato con un puntaje del 1 al 10. Obviamente para los restaurantes de Montevideo. Bandeja de panes, entradas/sopas, principal y postres y el promedio nos dio 8.5. Excelente para un restaurante y a decir verdad de los mas altos de Montevideo. Decidimos que utilizaremos todos los fines de semana ese sistema.
Los precios
Sin el descuento de las tarjetas del banco Itaú, que van del 10, el 15 y hasta el 25 por ciento el costo por comensal sin incluir la bebida fue de 1.600 pesos. Muy razonable
Las estrellas
En Uruguay no tenemos estrellas Michelín, que son 3 y que casi nadie sabe la historia de Edgardo Melades, su inventor. Tienen directa relación con el gasto de los neumáticos. Si el restaurante tiene una sola estrella, de vez en cuando y si no está muy lejos, el potencial comensal irá hacia ese restaurante y gastará por lo tanto poco neumático. Si tiene 2 estrellas michelín irá más seguido y aunque esté bastante más lejos de su ubicación. Si tiene 3 estrellas Michelín, aunque el restaurante esté realmente muy lejos el cliente recorrerá los kilómetros correspondientes y tratará de ir asiduamente gastando una importante proporción de sus neumáticos. Como puede apreciar se una visión gastronómica pura.
Vicenta, para nosotros seis montevideanos tiene comparativamente con los restaurantes de todo el país que hemos visitado 2 estrellas. Y nosotros embromamos a Melades, fuimos a pie.
Esteban Valenti.
Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)