Vivienda y salud: reflexiones para Uruguay a partir de un debate internacional. Homero Bagnulo y Carlos Vivas
09.06.2026
La publicación en 2026 del documento Explorando dominios de políticas relevantes: política de vivienda y salud de la población, elaborado por las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos, constituye un aporte particularmente estimulante para reflexionar sobre una relación que frecuentemente permanece subestimada en el debate público: el vínculo profundo entre vivienda y salud.
El texto, basado en un taller multidisciplinario de expertos, parte de una idea sencilla, pero de enorme alcance: las condiciones habitacionales no solo influyen sobre la salud de las personas, sino que constituyen uno de sus determinantes estructurales más importantes. (1)
Aunque el documento se encuentra fuertemente anclado en la realidad norteamericana, muchos de sus conceptos permiten pensar problemas que también atraviesan a Uruguay. De hecho, parte de su interés radica precisamente en mostrar que las inequidades sanitarias no nacen exclusivamente dentro de hospitales o consultorios, sino también en la forma en que las sociedades organizan el acceso al suelo, la vivienda, los servicios urbanos y las oportunidades territoriales.
Uno de los aportes más interesantes del documento es la identificación de cuatro dimensiones mediante las cuales la vivienda impacta sobre la salud: condición, contexto, costo y consistencia. La "condición" refiere a las características materiales de la vivienda; es decir, su calidad constructiva, ventilación, saneamiento, aislación térmica y seguridad. El "contexto" alude al entorno territorial donde la vivienda se inserta: infraestructura urbana, contaminación ambiental, transporte, acceso a servicios, seguridad y oportunidades sociales. El "costo" remite a la presión económica que la vivienda ejerce sobre los ingresos familiares. Finalmente, la "consistencia" -quizás el concepto más novedoso- refiere a la estabilidad residencial, a la posibilidad de habitar un entorno sin amenaza permanente de desplazamiento, endeudamiento o pérdida del hogar.
Estas dimensiones no actúan de manera aislada. Se potencian mutuamente y producen efectos acumulativos sobre la salud física y mental a lo largo de toda la vida.
La relación más evidente entre vivienda y salud aparece vinculada a las condiciones materiales de la habitación. Problemas como humedad persistente, hacinamiento, ventilación insuficiente, contaminación intradomiciliaria o instalaciones inseguras generan consecuencias sanitarias conocidas: aumento de enfermedades respiratorias, exacerbación del asma, infecciones, accidentes domésticos y deterioro de la salud mental. (2)
En Uruguay, estas situaciones continúan presentes en asentamientos irregulares, viviendas precarias, pensiones deterioradas y hogares afectados por pobreza energética. En muchos casos, el invierno no solo representa una estación fría, sino también un período de agravamiento sanitario asociado a filtraciones, humedad y dificultades para mantener temperaturas adecuadas.
Dentro de este conjunto de factores, la calidad de los pisos merece una consideración especial. Aunque frecuentemente aparece como un aspecto secundario frente a otros déficits habitacionales más visibles, diversos estudios internacionales han mostrado que los pisos precarios o de tierra se asocian a mayor exposición a parásitos, diarreas, infecciones y enfermedades respiratorias, particularmente en la infancia. (3) La sustitución de pisos de tierra por materiales adecuados ha demostrado impactos sanitarios positivos incluso en intervenciones relativamente simples y de bajo costo.
En Uruguay, algunas iniciativas sociales y comunitarias comenzaron a prestar atención específica a este componente de la vivienda, entendiendo que la dignidad habitacional también se expresa en elementos aparentemente básicos, pero decisivos para la vida cotidiana. Esa perspectiva resulta especialmente relevante porque recuerda que las políticas habitacionales no necesariamente requieren siempre grandes obras de infraestructura para producir mejoras concretas en salud.
Sin embargo, el vínculo entre vivienda y salud excede ampliamente las condiciones físicas del hogar. El documento de las Academias Nacionales insiste en otro aspecto central: el costo de la vivienda también enferma. Cuando una familia debe destinar una proporción excesiva de sus ingresos al alquiler o a la vivienda, inevitablemente comienza a restringir otros consumos esenciales como alimentación, medicamentos, transporte o controles médicos. La expresión utilizada en el taller -"el alquiler come primero"- sintetiza de forma muy gráfica esta dinámica.
Este fenómeno adquiere creciente relevancia en Montevideo y su área metropolitana, donde el aumento sostenido del valor de alquileres y del suelo urbano ha intensificado procesos de segregación territorial y desplazamiento hacia periferias con menor acceso a servicios. La inseguridad económica vinculada a la vivienda genera estrés crónico, ansiedad y deterioro de salud mental, factores que hoy son reconocidos como determinantes relevantes de enfermedad cardiovascular y sufrimiento psíquico. (4)
La vivienda no funciona solamente como refugio físico. También constituye una pieza central de la estabilidad emocional y económica de las personas.
Precisamente por ello, el concepto de "consistencia" propuesto por el documento merece especial atención. La estabilidad residencial constituye un factor protector de salud frecuentemente invisibilizado. Poder permanecer en un entorno habitable, sostener vínculos comunitarios, mantener continuidad educativa y conservar acceso regular a servicios de salud tiene efectos profundos sobre el bienestar individual y colectivo.
La amenaza permanente de desalojo, el endeudamiento habitacional o la movilidad residencial forzada producen estrés tóxico y fragmentación social. Diversos estudios muestran que la inseguridad habitacional se asocia a mayor prevalencia de ansiedad, depresión y deterioro del desarrollo infantil. (5)
En Uruguay, aunque el fenómeno no alcance las dimensiones observadas en algunas ciudades norteamericanas, existen expresiones locales de inestabilidad residencial vinculadas a informalidad habitacional, ocupaciones precarias, alquileres inseguros y dificultades de acceso al suelo urbano. La vivienda estable permite construir redes sociales, continuidad educativa y seguimiento sanitario; la vivienda inestable, por el contrario, erosiona silenciosamente esos soportes.
Otro aspecto particularmente relevante es la relación entre territorio y salud. La vivienda no puede analizarse de manera aislada respecto al entorno donde se ubica. Dos hogares con características físicas similares pueden producir resultados sanitarios completamente distintos dependiendo del barrio donde se encuentren. El acceso a transporte público, espacios verdes, servicios de salud, centros educativos o alimentos saludables condiciona fuertemente las oportunidades de vivir saludablemente. (6)
La segregación urbana observable en Montevideo y otras ciudades uruguayas posee consecuencias sanitarias concretas. Los largos tiempos de traslado, las dificultades de acceso a determinados servicios y la desigual distribución territorial de infraestructura terminan configurando verdaderos mapas de desigualdad sanitaria.
En este contexto, los establecimientos de larga estadía para personas mayores constituyen un capítulo particularmente sensible dentro del vínculo entre vivienda y salud. Los ELEPEM representan espacios híbridos donde las condiciones habitacionales y edilicias impactan directamente sobre poblaciones extremadamente vulnerables. Los incendios ocurridos en algunos residenciales uruguayos durante los últimos años, varios de ellos asociados a deficiencias de infraestructura o ausencia de habilitaciones adecuadas, muestran de forma dramática cómo las fallas habitacionales pueden transformarse rápidamente en tragedias sanitarias. (7)
La discusión sobre vivienda y salud también obliga a reflexionar sobre la forma en que las sociedades conciben la vivienda. El documento estadounidense propone abandonar la visión exclusivamente financiera o mercantil del hogar para recuperar la idea de vivienda como bien social y derecho humano.
Ese debate posee creciente actualidad en Uruguay frente al aumento del valor del suelo urbano, las dificultades de acceso para sectores jóvenes y los procesos de fragmentación territorial. Sin embargo, el país posee también una larga tradición de experiencias cooperativas y comunitarias de vivienda que muestran la posibilidad de pensar modelos parcialmente desacoplados de la lógica puramente especulativa del mercado inmobiliario.
Probablemente la principal enseñanza que deja el documento de las Academias Nacionales sea que las políticas habitacionales no deberían considerarse únicamente políticas sociales o urbanísticas. También son políticas sanitarias preventivas. Mejorar viviendas, reducir hacinamiento, fortalecer seguridad edilicia, estabilizar trayectorias residenciales y disminuir segregación urbana puede producir efectos sanitarios tan relevantes como muchas intervenciones médicas tradicionales.
Las condiciones en que las personas habitan moldean silenciosamente sus posibilidades de enfermar, de acceder a cuidados y de desarrollar una vida saludable. Comprender esa relación obliga a integrar mucho más estrechamente las políticas de vivienda, urbanismo y salud pública. En una sociedad crecientemente fragmentada, quizás uno de los grandes desafíos sanitarios del futuro no consista únicamente en construir mejores hospitales, sino también en construir mejores entornos para vivir.
Nota elaborada con el apoyo de herramientas de IA generativa de lenguaje, bajo supervisión y edición de los autores.
Referencias
- National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine. Exploring Relevant Policy Domains: Housing Policy and Population Health: Proceedings of a Workshop-in Brief. Washington, DC: The National Academies Press; 2026.
- World Health Organization. WHO Housing and Health Guidelines. Geneva: WHO; 2018.
- Cattaneo MD, Galiani S, Gertler PJ, Martinez S, Titiunik R. Housing, health, and happiness. Am Econ J Econ Policy. 2009;1(1):75-105.
- Meltzer R, Schwartz A. Housing affordability and health: evidence from New York City. Housing Policy Debate. 2016;26(1):80-104.
- Bentley R, Baker E, Mason K, Subramanian SV, Kavanagh AM. Association between housing affordability and mental health: a longitudinal analysis of a nationally representative household survey in Australia. Am J Epidemiol. 2011;174(7):753-760.
- Commission on Social Determinants of Health. Closing the Gap in a Generation: Health Equity Through Action on the Social Determinants of Health. Geneva: World Health Organization; 2008.
- Uruguay. Ministerio de Desarrollo Social. División Personas Mayores. Regulación y supervisión de establecimientos de larga estadía para personas mayores (ELEPEM). Montevideo: MIDES.
Dres. Homero Bagnulo; Carlos Vivas