Yamandú, con la cuarta trancada. Fernando Gil Díaz
Transcurriendo el segundo año de su mandato la velocidad del cuarto gobierno frenteamplista está sufriendo las consecuencias de un contexto internacional adverso al que se le suman sus propios actos fallidos, en lo que parece ser una caja de velocidades que tiene los cambios trancados.
A pesar del cambio de gobierno, (dejando atrás a los peores cinco años que nos regalaron los multicolores), la situación financiera recibida con las arcas públicas vacías, un déficit fiscal recontra maquillado, nefastos compromisos abrochados a días de dejar el mando y la ausencia de mayoría parlamentaria, conformaron un clima complejo que inevitablemente incide en la gestión. La militancia frenteamplista se malhumora y lo demuestra en la caída de la imagen presidencial, algo que se corresponde también con la masa multicolor que también evalúa negativamente a los suyos, lo que deja un panorama abierto para la llegada de la antipolítica que ya rige en la región. En ese complejo escenario, el gobierno no logra instalar su agenda ni convencer con argumentos sólidos sobre su gestión. Lo cierto es que Yamandú tiene la cuarta trancada...
Gobierna la izquierda, pero el ruido es de la derecha
Ganar el gobierno no implica ganar el poder, primero porque el poder hay que ejercerlo y para ello se necesita tener músculo burocrático. Algo que la derecha supo hacer muy bien siempre, aún cuando ejerza el gobierno cada 30 años como el caso del Partido Nacional. ¿Acaso nos olvidamos que a poco de dejar el mandato se presupuestaron cientos de cargos en diferentes organismos públicos? Ese músculo burocrático es el que luego usan para frenar o acelerar las políticas públicas según sus intereses.
Cuando gobierna la izquierda en cambio, los ingresos se democratizan (claro que me podrán citar casos en que no se hizo) pero las generales fueron el concurso o el sorteo, en su mayoría. Sin preguntarles a quién votaron. Eso es ejercer el poder con criterios democráticos pero que no son políticamente los mejores para los que construyen poder de forma sigilosa pero constante en el tiempo. Esos que luego manipulan desde las sombras y tienen a su merced las políticas públicas que necesitan de su trabajo para concretarse. Ese "mamut" que representa el Estado no se mueve sin su participación, y ahí radica finalmente el verdadero poder.
Hoy estamos padeciendo en gran medida esa circunstancia en lugares estratégicos en los que las estructuras no se modificaron y siguen siendo dirigidas por los mismos de la pasada administración. No se trata de los cuadros dirigenciales propiamente dichos, pero los mandos medios, esos que siguen flotando gobierno tras gobierno, son los que terminan aplicando o no las decisiones.
Esto que se vive en cada repartición pública, se potencia con la imposición de una agenda mediática que también es propiciada por errores propios que contribuyen a dimensionarlos. Errores que - a esta altura - deberíamos haber superado ampliamente, pero que los hechos han dejado en evidencia absoluta.
Daniel Chasquetti hizo referencia a la falta de un equipo técnico que chequeara la situación de los cuadros políticos designados o se plantee escenarios posibles previos a la toma de resoluciones. Algo que parece lógico pero que no se aplica y que debería imponerse como regla ya mismo para corregir procedimientos y evitar estos incidentes que distraen de lo verdaderamente importante.
La memoria colectiva es corta
Qué rápido nos olvidamos de las conquistas de los gobiernos frenteamplistas, las ocho horas del trabajador rural, la agenda de derechos; las mejoras salariales para policías, maestros, trabajadores de la salud, las jubilaciones y pensiones; la recuperación salarial ininterrumpida a pesar de las crisis internacionales, etc.
Tan rápido como nos olvidamos que a días de asumir se empezó a deshacer el pésimo negociado del proyecto Neptuno; que la represa de Casupá es un proyecto en curso; que una estancia pasó a ser un proyecto colectivo (María Dolores) y no un negocio para un privado; que la estafa de Cardama se paró y hay patrulleras reales en el horizonte; que hay bono escolar para que los gurises tengan sus materiales para empezar las clases; que volvieron los medicamentos para los usuarios de la salud pública; y que también empezamos a conocer los resultados de las auditorías que se derivan a la justicia, y no precisamente por encontrar café vencido, entre tantos otros hechos que sería muy largo enumerar.
Hoy son otros detalles los que inciden en la decisión del soberano, ese que se olvida rápidamente de lo bueno conseguido y cambia su humor a la velocidad de las redes sociales que lo amplifican. Mucho más cuando el protagonista del incidente es un referente de izquierda.
No podemos caer en la conducta hipócrita de una derecha que no repara en aplicar cualquier recurso a costa de volver a ejercer el poder, ese que construyen de forma permanente pero que necesita ser legitimado desde el gobierno.
La caja de velocidades del gobierno de Yamandú está mostrando problemas, el contexto internacional incide y condiciona, tanto como la acumulación negativa de un gobierno multicolor que dejó al país endeudado y comprometido mucho más allá de su mandato. Aspectos a los que se le suman los actos fallidos de los que tenemos que hacernos cargo, por supuesto.
Lo que está muy claro y no podemos dejar librado al olvido colectivo es que la diferencia entre este gobierno y el multicolor sigue siendo abismal, donde la corrupción dejó su huella distintiva. Pero, para un gobierno de izquierda hay que ser y parecer, y ahí es donde tenemos que ser claros.
La cuarta está trancada, pero la confianza sigue intacta en que más temprano que tarde el Uruguay avanzará al ritmo y la velocidad que los uruguayos nos merecemos.
el hombre quería meter un cambio,
el perro también...
Fernando Gil Díaz