AUDIOVISUAL / INDUSTRIAS CREATIVAS Y DESARROLLO
Audiovisual uruguayo: una industria que mueve inversión, empleo y marca país
30.05.2026
MONTEVIDEO (Uypress) – La visita del presidente Yamandú Orsi al set de El futuro es nuestro, la serie internacional de Netflix protagonizada por Enzo Vogrincic y filmada en Montevideo, volvió a colocar en primer plano una pregunta de fondo: cuánto pesa realmente la industria audiovisual en la economía uruguaya.
El dato inmediato es fuerte. La producción de Netflix supone una inversión estimada de US$ 8 millones, 15 locaciones y unos 4.000 puestos de trabajo directos e indirectos. Pero su importancia excede el caso puntual. Funciona como una postal de una transformación más profunda: el audiovisual uruguayo dejó de ser visto únicamente como expresión cultural y empezó a consolidarse como industria creativa, exportadora de servicios, generadora de empleo y herramienta de marca país.
La frase utilizada por Orsi en redes sociales —“apostar a la industria audiovisual es construir país”— resume una lectura que viene ganando espacio en las políticas públicas. Un rodaje internacional no solo contrata actores, técnicos y directores. También mueve transporte, hotelería, catering, seguridad, construcción de sets, alquiler de equipos, permisos, locaciones, vestuario, maquillaje, posproducción, comunicación, servicios legales y logística.
Esa capacidad de derrame es una de las razones por las que el sector adquirió relevancia estratégica. El audiovisual combina cultura, tecnología, servicios, empleo calificado y exportación. Además, genera una visibilidad internacional difícil de medir en términos tradicionales: cada producción filmada en Uruguay también proyecta locaciones, talento, capacidad técnica e institucionalidad.
La última medición oficial completa disponible de la Cuenta Satélite de Cultura ya mostraba la importancia del sector. El audiovisual aparecía como el complejo cultural de mayor peso económico, con un aporte estimado de US$ 310 millones, un Valor Agregado Bruto de US$ 134 millones y una participación de 0,44% a 0,49% del PBI, según las distintas presentaciones oficiales del período. También era el sector cultural con mayor cantidad de puestos de trabajo relevados, con 5.286 empleos.
Ese dato, sin embargo, pertenece a una etapa anterior del mercado audiovisual global. Desde entonces, cambió la escala de producción, crecieron las plataformas de streaming, se profesionalizaron los servicios, aumentó la competencia regional y Uruguay fortaleció su política de atracción de rodajes.
El gran punto de inflexión fue el Programa Uruguay Audiovisual. Esta herramienta de incentivo, basada en devolución de parte del gasto realizado en el país, permitió que Uruguay compitiera con otros destinos de la región para atraer producciones internacionales, comerciales, series y contenidos de ficción.
Uruguay XXI informó que, antes de ese salto, la industria audiovisual uruguaya exportaba en promedio unos US$ 20 millones anuales en servicios de producción de comerciales y contenidos de ficción. El objetivo del programa fue duplicar esas exportaciones en un año y posicionar al país como set competitivo para productoras internacionales.
El impacto no fue solo exportador. Según esa misma información, el sector empleaba unas 1.500 personas en actividades de producción, posproducción y proyección de películas, a las que se sumaban otras 1.500 en encadenamientos vinculados a rodajes, como transporte, arrendamiento de equipos, catering y alojamiento.
En 2023, la Agencia del Cine y el Audiovisual del Uruguay anunció una nueva etapa del Programa Uruguay Audiovisual con US$ 12 millones, distribuidos entre producción internacional, publicidad internacional, producción nacional, desarrollo y nuevas líneas de fomento. Esa ampliación consolidó al instrumento como una política pública de desarrollo sectorial.
El Observatorio de ACAU mostró luego que la inversión total en producción audiovisual mediante Fondo de Fomento y PUA Nacional alcanzó en 2024 su máximo, con más de $ 278 millones. Ese dato no representa todo el tamaño de la industria, sino el universo de proyectos apoyados por esos instrumentos. Aun así, confirma una tendencia de crecimiento y mayor formalización de la producción nacional.
El problema metodológico es que Uruguay todavía no cuenta con una medición actualizada que permita decir con exactitud cuánto aportó el audiovisual al PBI en 2022, 2023, 2024 y 2025. La última referencia completa de Cuenta Satélite quedó desactualizada frente a los cambios del sector. Por eso, el Ministerio de Educación y Cultura, el Instituto Nacional de Estadística y el Banco Central avanzan en una nueva medición de la economía cultural.
Esa aclaración es clave. El sector creció, atrajo inversión y generó empleo, pero el porcentaje actualizado de su participación en el PBI todavía está en proceso de medición oficial. Afirmar una cifra cerrada sin esa base sería metodológicamente débil. Lo correcto es señalar que el audiovisual ya tenía un peso cercano al medio punto del producto en la última medición disponible y que desde entonces aumentó su escala internacional.
La nueva Cuenta Satélite permitirá dimensionar mejor un fenómeno que hoy se percibe con claridad en el territorio, pero que necesita estadísticas actualizadas: cuánto valor agregado genera, cuántos empleos sostiene, cuánto exporta, cuánto derrama en otros sectores y qué peso tiene dentro de las industrias creativas.
La diferencia entre empleo directo e indirecto también es relevante. El audiovisual no funciona como una fábrica tradicional con plantilla estable. Buena parte de su trabajo es por proyecto, zafral, técnico y tercerizado. Una serie puede activar durante semanas o meses una red extensa de trabajadores, empresas y servicios, sin que todo ese empleo aparezca como permanente en las estadísticas laborales clásicas.
Por eso, una producción como El futuro es nuestro puede involucrar miles de puestos directos e indirectos sin que eso equivalga a 4.000 empleos estables anuales. La cifra expresa intensidad de actividad, derrame económico y capacidad de movilización de una cadena productiva amplia.
El crecimiento del sector también se explica por ventajas competitivas específicas. Uruguay ofrece estabilidad institucional, seguridad jurídica, distancias cortas, diversidad de locaciones, equipos técnicos calificados, buena conectividad, capacidad de gestión y una institucionalidad sectorial que combina ACAU, Uruguay XXI, la marca Uruguay Audiovisual, intendencias, productoras y servicios privados.
Esa combinación permite resolver en poco tiempo lo que en otros países puede implicar mayores costos, demoras o incertidumbre. Para una productora internacional, filmar en Uruguay no significa solo acceder a paisajes o edificios. Significa operar en un país previsible, con técnicos formados, trámites relativamente ágiles y una red de proveedores capaz de responder a estándares globales.
El posicionamiento internacional también se fortaleció en mercados como Cannes, Berlinale, Iberseries, Ventana Sur y Content Americas. Uruguay ya no se presenta únicamente con películas terminadas, sino con una oferta integral: locaciones, servicios, incentivos, coproducción, talento, técnicos, empresas y capacidad institucional.
La realización de Ventana Sur en Montevideo y la presencia sostenida en el Marché du Film de Cannes confirman esa estrategia. El país busca ocupar un lugar en la cadena regional y global del audiovisual, no solo como exportador de obras culturales, sino como plataforma de producción.
Ese cambio tiene consecuencias económicas y políticas. Para un país pequeño, con limitaciones de escala industrial, las industrias creativas ofrecen una oportunidad de diversificación. Son intensivas en talento, generan empleo joven, incorporan tecnología, agregan valor y pueden exportar sin depender de grandes volúmenes físicos.
También tienen un efecto de imagen. Cada producción internacional que elige Uruguay refuerza la percepción de un país confiable, moderno, seguro y técnicamente capaz. Esa marca derrama sobre turismo, servicios, cultura, inversiones y posicionamiento internacional.
El desafío ahora es sostener la política en el tiempo. El audiovisual compite globalmente por incentivos, talento, costos, locaciones y velocidad de respuesta. Si Uruguay quiere consolidarse como plaza regional, necesita previsibilidad presupuestal, continuidad del PUA, actualización estadística, formación técnica, infraestructura, profesionalización y coordinación entre Estado y privados.
También debe cuidar el equilibrio entre producción internacional y producción nacional. Atraer Netflix, Amazon, HBO o grandes productoras genera empleo y visibilidad, pero el desarrollo de una industria propia requiere fondos, guionistas, directores, productores, distribución, salas, festivales, formación y circulación internacional de obras uruguayas.
La clave está en entender ambas dimensiones como complementarias. Los servicios internacionales fortalecen capacidades técnicas, generan ingresos y entrenan equipos. La producción nacional construye identidad, lenguaje propio, propiedad intelectual y presencia cultural. Una industria madura necesita las dos cosas.
La visita de Orsi al set de Netflix aparece, entonces, como algo más que una foto con Enzo Vogrincic. Es una señal sobre el lugar que el audiovisual puede ocupar en el modelo de desarrollo uruguayo.
El país tiene ahora una oportunidad: convertir un ciclo de rodajes, incentivos y visibilidad en una política de largo plazo. Medir mejor, invertir mejor, formar más, exportar más y construir una industria capaz de sostener empleo, talento y marca país.
El audiovisual uruguayo ya demostró que puede atraer inversión y generar trabajo. La pregunta de los próximos años será si Uruguay logra consolidarlo como un sector permanente de su economía creativa o si lo deja depender de oportunidades aisladas.
Para responderla, hacen falta datos actualizados, políticas estables y una convicción que empieza a instalarse: filmar en Uruguay no es solo hacer cultura. También es producir valor, empleo y futuro.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias