MERCADOS / CAPITALES Y EMERGENTES

Capitales vuelven a mercados emergentes y América Latina aparece entre las regiones favorecidas

12.05.2026

NUEVA YORK (Uypress) – Los flujos de cartera hacia mercados emergentes repuntaron con fuerza en abril, después de las salidas registradas en marzo. El regreso de capital estuvo liderado por la deuda emergente, con América Latina entre las regiones más favorecidas por la búsqueda de rendimiento y resiliencia frente al shock geopolítico.

Según datos del Instituto de Finanzas Internacionales, los mercados emergentes recibieron en abril ingresos netos de cartera por US$ 58.300 millones, revirtiendo buena parte de las salidas de US$ 66.200 millones registradas en marzo. El rebote fue especialmente fuerte en renta fija: los bonos emergentes captaron US$ 51.900 millones, mientras que las acciones recibieron US$ 6.400 millones.

El dato muestra un cambio relevante en el ánimo inversor. Marzo había estado marcado por la salida de capitales, la guerra contra Irán, el impacto sobre el petróleo y el temor a una inflación global más persistente. En abril, sin que esos riesgos desaparecieran, los inversores volvieron a buscar oportunidades en deuda emergente, especialmente fuera de China.

América Latina fue una de las regiones destacadas. El IIF estimó ingresos por unos US$ 13.000 millones en abril, apoyados en bonos soberanos, deuda corporativa y monedas locales que mostraron mayor resistencia que en crisis anteriores. La región aparece favorecida por altos rendimientos reales, menor exposición directa al petróleo de Medio Oriente y una percepción de mayor fortaleza macroeconómica relativa.

El comportamiento latinoamericano marca una diferencia con episodios históricos. Durante décadas, los shocks internacionales solían provocar devaluaciones abruptas, salida de capitales y aumentos fuertes de spreads en la región. Esta vez, varios mercados latinoamericanos lograron absorber mejor el impacto inicial de la guerra y del encarecimiento energético.

Una de las razones es la estructura de financiamiento. Países como Brasil y México dependen mucho menos que en el pasado de deuda externa en dólares y han desarrollado mercados de deuda en moneda local más profundos. Eso reduce el riesgo clásico de crisis cambiaria cuando suben las tasas internacionales o se fortalece el dólar.

También pesa el perfil exportador. Parte de América Latina se beneficia de precios altos de materias primas, alimentos, energía y minerales, en un contexto donde la guerra en Medio Oriente encareció recursos estratégicos. Para inversores globales, eso convierte a algunos países de la región en cobertura parcial frente al shock energético, más que en víctimas inmediatas.

Brasil aparece como uno de los casos más visibles. El real se fortaleció durante el año, la bolsa paulista mostró uno de los mejores desempeños globales en dólares y los inversores extranjeros volvieron a mirar activos brasileños en medio de precios altos de petróleo, minerales y alimentos. La recuperación de emisiones corporativas e incluso el retorno del mercado de IPOs reflejan ese cambio de clima.

Pero el regreso de capitales no significa ausencia de riesgos. El propio IIF advirtió que el rebote de abril no debe interpretarse como una vuelta plena al optimismo previo a la crisis. El shock energético sigue presionando a países importadores de petróleo, empresas intensivas en energía y bancos centrales que enfrentan inflación más persistente.

El otro dato clave es China. Mientras los emergentes fuera de China atrajeron fuertes ingresos hacia deuda, el mercado chino siguió mostrando salidas en renta fija. Esa divergencia confirma que los inversores no están comprando “emergentes” como bloque homogéneo, sino seleccionando países, monedas, tasas y fundamentos.

La selectividad será central en los próximos meses. Los fondos internacionales miran inflación, política monetaria, estabilidad fiscal, reservas internacionales, credibilidad institucional y exposición a commodities. Los países que combinen rendimiento alto con fundamentos relativamente sólidos podrán seguir captando flujos. Los más vulnerables a déficit, deuda externa o dependencia energética enfrentarán mayor volatilidad.

El Fondo Monetario Internacional ya había advertido en abril que los mercados emergentes dependen cada vez más de inversores no bancarios, como fondos de inversión, gestoras y aseguradoras. Esa fuente de financiamiento ofrece profundidad, pero también aumenta sensibilidad a cambios bruscos en apetito de riesgo global.

Esa advertencia es relevante. Los flujos de cartera pueden entrar rápido, pero también salir con la misma velocidad. A diferencia de la inversión extranjera directa, que suele tener horizonte más largo, la inversión en bonos y acciones responde de inmediato a tasas en Estados Unidos, expectativas de inflación, conflictos geopolíticos y señales de bancos centrales.

Para América Latina, el escenario abre una oportunidad y una prueba. La oportunidad es captar financiamiento a mejores condiciones, sostener monedas, reducir costos de deuda y atraer inversores hacia activos locales. La prueba es evitar que el retorno de capitales derive en complacencia fiscal o dependencia excesiva de un ciclo financiero que puede cambiar rápidamente.

El repunte de abril confirma que la región volvió al radar financiero internacional, pero también que ese interés es condicional. Si la guerra en Irán se prolonga, si el petróleo vuelve a subir o si la Reserva Federal mantiene tasas altas por más tiempo, parte de esos flujos podría revertirse.

Por ahora, el mensaje del mercado es claro: después del golpe de marzo, los inversores volvieron a comprar deuda emergente y América Latina quedó entre los destinos favorecidos. El dato refleja resiliencia, pero no blindaje. En un mundo atravesado por guerra, inflación energética y tasas inciertas, los capitales regresan, aunque con menos confianza ciega y mucha más selectividad.

Economía
2026-05-12T18:07:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias