China desborda al mundo con su superávit y se acerca un "Acuerdo Mandarín", según exministro británico

13.09.2026

LONDRES (Uypress)- Jim O'Neill, exministro del Tesoro británico y expresidente de Goldman Sachs Asset Management, advierte que el desequilibrio comercial chino ya es insostenible y plantea un pacto global para revalorizar el yuan y estimular su demanda interna.

 

El enorme superávit comercial de China está llevando a la economía mundial hacia un punto de tensión que, según el economista británico Jim O'Neill, terminará exigiendo una respuesta coordinada de las principales potencias.

Su hipótesis es que el mundo podría encaminarse hacia una suerte de "Acuerdo Mandarín", una negociación internacional comparable al Acuerdo Plaza de 1985, cuando Estados Unidos y sus principales socios acordaron políticas coordinadas para debilitar al dólar y corregir los desequilibrios comerciales de la época.

La diferencia es que ahora el centro del problema sería China. En agosto, las exportaciones chinas crecieron 25% interanual, después de haber aumentado 23,9% en julio. El resultado fue un superávit mensual de US$ 119.100 millones, una cifra extraordinaria incluso para la segunda economía del mundo.

El fenómeno no se limita a determinados sectores. Aunque los productos vinculados con inteligencia artificial explican parte de la expansión, también crecieron con fuerza muchas otras exportaciones.

Incluso los envíos hacia Estados Unidos aumentaron 34,3% interanual, aunque O'Neill advierte que esa cifra parte de una base particularmente baja debido a la guerra comercial del año anterior.

El problema no son solamente los aranceles

Uno de los argumentos centrales del economista es que los aranceles, por sí solos, difícilmente pueden corregir estos desequilibrios.

La razón es estructural. China ahorra mucho más de lo que invierte internamente, mientras su consumo continúa siendo relativamente débil. Estados Unidos presenta el fenómeno contrario: ahorra poco y necesita financiarse con capital extranjero.

El resultado se refleja en las cuentas externas: China acumula superávits y Estados Unidos déficits. Por eso, elevar aranceles puede modificar los flujos comerciales entre países, pero no necesariamente elimina el desequilibrio global.

Las exportaciones chinas pueden desplazarse hacia terceros mercados, mientras esos países venden posteriormente más productos a Estados Unidos. El déficit estadounidense, por tanto, puede mantenerse aunque cambien sus proveedores directos.

China exporta porque consume poco

El otro componente del problema está dentro de la propia economía china. El consumo doméstico continúa mostrando debilidad, mientras el mercado inmobiliario todavía arrastra las consecuencias de la enorme burbuja que comenzó a desinflarse en 2021.

Ese deterioro afectó la confianza de muchas familias que habían vinculado buena parte de su riqueza al valor de las viviendas. Al mismo tiempo, el país mantiene una elevada tasa de ahorro, especialmente entre sectores que carecen de una red de protección social suficientemente amplia.

Para O'Neill, esa combinación empuja a China a depender cada vez más de las exportaciones para sostener su crecimiento.

El PIB real chino creció a una tasa anualizada de 4,3% en el segundo trimestre, frente al 5% del período enero-marzo. Si la demanda interna no se recupera, Pekín necesitará exportar todavía más para alcanzar su objetivo de crecimiento de entre 4,5% y 5% para 2026.

Un superávit gigantesco

Los números muestran la magnitud del fenómeno. Con los datos de agosto, China acumuló en los primeros ocho meses del año un superávit comercial cercano a US$ 805.000 millones.

O'Neill considera probable que al cierre de 2026 pueda superar incluso el récord del año anterior, de aproximadamente US$ 1,2 billones, equivalente a alrededor del 6% del PIB chino. El economista sostiene que un desequilibrio de semejante tamaño no puede mantenerse indefinidamente.

El problema ya comienza a afectar incluso a países que durante años se beneficiaron enormemente del comercio con China. Alemania, México y otras economías aumentaron sus intercambios con Pekín, pero hoy observan que las importaciones chinas pierden dinamismo mientras sus mercados reciben una avalancha creciente de productos chinos. La relación se vuelve así cada vez más asimétrica.

El yuan, 20% por debajo de su valor

Aquí aparece el corazón de la propuesta de O'Neill. Según sus cálculos, el renminbi estaría aproximadamente 20% infravalorado en términos ponderados por el comercio, posiblemente incluso más.

Una apreciación de la moneda china tendría varios efectos simultáneos. Los productos chinos serían más caros en el exterior, reduciendo parcialmente la ventaja exportadora del país.

Al mismo tiempo, los consumidores chinos ganarían poder adquisitivo internacional y podrían comprar más bienes importados. Eso ayudaría a reequilibrar una economía excesivamente dependiente de inversión, ahorro y exportaciones.

Pero O'Neill sostiene que la moneda por sí sola tampoco sería suficiente. La revaluación debería estar acompañada por un estímulo fiscal importante destinado a fortalecer el consumo interno, mejorar la confianza de las familias y reducir la dependencia del ahorro precautorio.

El recuerdo del Acuerdo Plaza

El precedente histórico es 1985. Entonces, Estados Unidos sufría un enorme déficit comercial y un dólar extraordinariamente fuerte. Washington reunió a Francia, Alemania Occidental, Japón y Reino Unido en el Hotel Plaza de Nueva York.

Los cinco países acordaron intervenir coordinadamente para debilitar al dólar. La operación modificó rápidamente los tipos de cambio internacionales y terminó convirtiéndose en uno de los acuerdos monetarios más importantes de la posguerra.

O'Neill cree que el mundo podría estar acercándose a una situación parecida, pero con los papeles invertidos. En lugar de un dólar excesivamente fuerte, el problema sería ahora un renminbi excesivamente barato y una economía china que exporta mucho más de lo que importa.

¿Un "Acuerdo Mandarín" en 2027?

El economista apunta incluso a una posible instancia diplomática. Reino Unido presidirá el G20 en 2027 y, según O'Neill, podría aprovechar esa posición para impulsar una negociación monetaria internacional destinada a corregir los desequilibrios.

No existe hoy ningún acuerdo de ese tipo en negociación formal. El "Acuerdo Mandarín" es una propuesta analítica de O'Neill, no una iniciativa ya acordada entre gobiernos. Pero su advertencia es clara: una economía de US$ 20 billones no puede seguir acumulando superávits externos gigantescos mientras buena parte del resto del mundo absorbe su producción.

El éxito exportador chino, que durante años fue presentado como una prueba de fortaleza industrial, podría convertirse así en una fuente de creciente conflicto. Y esa es precisamente la paradoja planteada por O'Neill: China puede estar exportando demasiado bien para que el resto del mundo siga aceptándolo sin exigir un nuevo equilibrio monetario y comercial.

Economía
2026-09-13T06:26:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias