CHINA / ECONOMÍA Y ENERGÍA
China resiste el shock de Ormuz, pero la guerra empieza a presionar su modelo exportador
30.04.2026
BEIJING (Uypress) – China mantuvo señales de fortaleza pese a la guerra en Medio Oriente: el PIB creció 5,0% interanual en el primer trimestre y la industria volvió a expandirse en abril. Pero el cierre de Ormuz amenaza con encarecer energía, materias primas y costos industriales.
La economía china mostró una resiliencia que la diferencia de otras regiones importadoras de energía. Associated Press informó que el producto creció 5,0% interanual entre enero y marzo, por encima de lo previsto por analistas y en la parte alta de la meta oficial de crecimiento para 2026, fijada entre 4,5% y 5,0%. Esa meta, a su vez, es la más baja desde 1991, lo que muestra que Beijing ya trabaja con una expectativa de expansión más moderada que en ciclos anteriores.
El dato industrial de abril reforzó esa lectura. El PMI manufacturero oficial se ubicó en 50,3 puntos, apenas por debajo del 50,4 de marzo, pero todavía por encima del umbral de 50 que separa expansión de contracción. Reuters señaló que las nuevas órdenes de exportación subieron hasta 50,3, su mayor nivel desde abril de 2024, impulsadas por compradores externos que adelantaron pedidos ante el temor de que la guerra con Irán siga encareciendo los costos.
La encuesta privada de S&P Global y RatingDog fue incluso más positiva: el PMI manufacturero subió a 52,2 en abril, desde 50,8 en marzo, con mejor desempeño entre empresas privadas, pequeñas y más orientadas a la exportación. AP destacó que la demanda externa y el impulso de tecnologías verdes —un segmento dominado por fabricantes chinos— ayudaron a compensar, por ahora, el golpe de la energía cara.
Ese desempeño, sin embargo, no elimina el riesgo. Reuters advirtió que el aumento de los precios de la energía y de materias primas puede apretar márgenes industriales ya reducidos, especialmente en sectores petroquímicos, combustibles y químicos. En abril, el índice de precios de materias primas del PMI se mantuvo muy elevado, en 63,7 puntos, mientras los precios de salida bajaron a 55,1, señal de que muchas empresas siguen teniendo poco margen para trasladar costos al consumidor.
La vulnerabilidad de China está ligada a Ormuz. La Administración de Información Energética de Estados Unidos estima que en 2024 pasaron por ese estrecho unos 20 millones de barriles diarios de petróleo, alrededor de 20% del consumo mundial de líquidos petroleros, y cerca de una quinta parte del comercio global de gas natural licuado. El 84% del crudo y condensado, y el 83% del GNL que atravesaron Ormuz tuvieron como destino Asia.
China comparte con India, Japón y Corea del Sur la exposición más directa a esa ruta. Según la EIA, esos cuatro países concentraron 69% del crudo y condensado que pasó por Ormuz hacia Asia en 2024, mientras China, India y Corea del Sur fueron los principales destinos del GNL transportado por esa vía. En otras palabras, aunque China tiene más reservas, carbón, renovables y vehículos eléctricos que otros países asiáticos, no queda fuera del shock energético.
La tensión se agravó esta semana. Reuters informó que Estados Unidos busca apoyo internacional para reabrir el estrecho de Ormuz, que sigue cerrado en el marco del conflicto iniciado por ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán. La agencia señaló que el cierre bloquea cerca de 20% del suministro mundial de petróleo y gas, duplicó el precio del Brent desde el inicio de la guerra y elevó el temor a una desaceleración global.
Los mercados ya leen la crisis como un riesgo de estanflación: menor crecimiento con más inflación. Reuters informó que el Brent superó los US$120 por barril y que un escenario adverso con petróleo en esos niveles hasta fin de año podría bajar el crecimiento global a entre 1,5% y 2% y llevar la inflación principal cerca de 5%. Asia aparece como una de las regiones más golpeadas, aunque China es vista por ahora como una excepción relativa por sus reservas, su matriz energética diversificada y su baja inflación interna.
El problema para Beijing es que esa excepción puede ser temporal. La expansión manufacturera de abril parece apoyarse en parte en compras adelantadas y acumulación de inventarios, no necesariamente en una demanda final más sólida. Reuters advirtió que, si el conflicto se prolonga, el mismo factor que hoy apura pedidos podría luego enfriar nuevas órdenes, porque compradores y consumidores globales enfrentarán mayores costos, menor poder adquisitivo y más incertidumbre.
La demanda interna tampoco aparece como un colchón suficiente. El PMI no manufacturero chino cayó a 49,4 en abril, desde 50,1 en marzo, mientras las ventas minoristas siguen rezagadas frente a la producción industrial y el sector inmobiliario continúa debilitando inversión y consumo. Reuters citó a analistas que advierten que el impulso de abril puede depender casi por completo de las exportaciones, justo cuando el conflicto de Medio Oriente amenaza con deteriorar la economía global.
La respuesta política ya empezó a tomar forma. El Buró Político del Partido Comunista llamó a fortalecer la seguridad energética, mejorar la capacidad de respuesta ante shocks externos, acelerar la autosuficiencia tecnológica y construir un sistema industrial moderno. Reuters señaló que Beijing mantiene una postura fiscal “proactiva” y una política monetaria “apropiadamente laxa”, aunque sin señales de un gran estímulo inmediato.
La estrategia china combina defensa y oportunidad. Por un lado, busca proteger fábricas, cadenas de suministro y abastecimiento energético. Por otro, intenta aprovechar la demanda global por baterías, vehículos eléctricos, paneles solares y tecnologías verdes, sectores que ganan atractivo cuando el petróleo se encarece. Esa ventaja industrial ayuda a explicar por qué China sigue creciendo mientras Europa y parte de Asia sienten con más fuerza el golpe energético.
La conclusión, por ahora, es doble. China mostró una resiliencia real: creció 5%, sostuvo la expansión manufacturera y logró convertir parte del shock en demanda para sus exportaciones. Pero esa fortaleza depende de que el conflicto no erosione demasiado la demanda externa ni comprima los márgenes industriales. Ormuz no detuvo a China en el primer trimestre. Si la guerra se prolonga, puede convertirse en una prueba mucho más dura para el modelo exportador que todavía sostiene buena parte de su recuperación.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias