ECONOMÍA / CRECIMIENTO Y DESIGUALDAD
Crecer no alcanza: los datos que cuestionan la teoría del “goteo” económico
21.09.2026
MONTEVIDEO (Uypress) – El crecimiento de una economía no garantiza automáticamente que disminuyan la pobreza y la desigualdad. La forma en que se distribuyen los ingresos, la calidad del empleo, los salarios y las políticas sociales determina cuánto de la riqueza generada llega efectivamente a los hogares más vulnerables.
La discusión suele asociarse con la denominada teoría del “goteo”, expresión utilizada para describir políticas que priorizan las rebajas tributarias, la inversión y la acumulación de capital entre los sectores de mayores ingresos, bajo el supuesto de que sus beneficios terminarán extendiéndose al resto de la sociedad mediante empleos, consumo e inversiones.
No se trata de una teoría económica única y formal, sino de una denominación crítica aplicada a determinadas políticas de oferta.
La evidencia internacional indica que el crecimiento suele contribuir a reducir la pobreza, pero su efecto depende de la distribución inicial del ingreso, la creación de empleo, el comportamiento de los salarios y las decisiones fiscales. Un país puede aumentar su producto interno bruto y, al mismo tiempo, registrar un deterioro de las condiciones sociales.
El caso de El Salvador
La economía salvadoreña creció 3,5% en 2023, impulsada por los servicios, la construcción, el turismo y el consumo.
Sin embargo, la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples mostró que la proporción de hogares en situación de pobreza pasó de 22,8% en 2019 a 27,2% en 2023, un incremento de 4,4 puntos porcentuales.
La pobreza extrema aumentó desde 4,3% hasta 8,8% durante el mismo período, prácticamente el doble que al inicio del Gobierno de Nayib Bukele.
Los indicadores corresponden a hogares y no deben confundirse con las mediciones de pobreza sobre el total de personas utilizadas en otros países. Aun así, permiten observar que el crecimiento de la producción no fue suficiente para compensar la inflación, la precariedad laboral y las dificultades experimentadas por una parte de la población.
Tampoco puede atribuirse toda la evolución a una sola política. Entre 2019 y 2023 estuvieron presentes la pandemia, el aumento internacional de los alimentos y la energía, la desaceleración económica y las características estructurales del mercado laboral salvadoreño.
El resultado muestra, no obstante, que producir más riqueza no implica necesariamente distribuirla de una manera capaz de reducir la pobreza.
Estados Unidos: patrimonio y salarios
Los datos de la Reserva Federal muestran una fuerte concentración patrimonial en Estados Unidos.
Entre el primer trimestre de 2025 y el mismo período de 2026, el patrimonio conjunto del 1% más rico pasó de aproximadamente US$49,8 billones a cerca de US$55 billones, un incremento nominal superior al 10%.
Durante ese período, la serie de remuneración real por hora de los trabajadores de producción y sin funciones de supervisión presentó un avance considerablemente menor. El salario horario ajustado por inflación pasó de alrededor de US$11,24 a US$11,30, expresado en dólares constantes de la base estadística utilizada.
La comparación permite apreciar la diferente velocidad con la que evolucionaron la riqueza financiera y los salarios, pero no debe interpretarse como una relación directa de “20 a uno”.
El patrimonio es un stock acumulado que incluye acciones, propiedades, participaciones empresariales y otros activos valorizados a precios corrientes. El salario, por el contrario, es un flujo de ingresos laborales y la serie mencionada está ajustada por inflación. Son indicadores relevantes, pero económicamente distintos.
El aumento de las bolsas y de los precios de los activos beneficia especialmente a los hogares más ricos porque concentran una proporción elevada de las acciones y los fondos de inversión. Los trabajadores de menores ingresos dependen principalmente de sus salarios y poseen muchos menos activos capaces de revalorizarse.
La reducción de la pobreza en México
México ofrece un resultado diferente. La pobreza multidimensional descendió de 41,9% de la población en 2018 a 29,6% en 2024, según la medición oficial.
En términos absolutos, aproximadamente 13,4 millones de personas abandonaron esa situación durante el período.
La mayor parte de esa reducción ocurrió durante el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Claudia Sheinbaum asumió la Presidencia en octubre de 2024, por lo que no corresponde atribuirle en igual medida toda la evolución observada desde 2018.
Los estudios sobre el período identifican como factores importantes el crecimiento de los ingresos laborales, el aumento acumulado del salario mínimo, el mejoramiento del empleo y las transferencias públicas.
El salario mínimo general pasó de 88,36 pesos diarios en 2018 a 248,93 pesos en 2024, con un incremento superior a la inflación. La recuperación también repercutió en trabajadores informales cuyos ingresos se encuentran vinculados indirectamente con el valor de referencia.
La mejora convivió con problemas pendientes. Millones de mexicanos continuaron sin acceso adecuado a los servicios de salud y la pobreza extrema disminuyó con menor intensidad que la pobreza general.
Empleo y transferencias en Brasil
Brasil también registró una caída importante de la pobreza durante el tercer Gobierno de Lula da Silva.
De acuerdo con el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, la proporción de personas pobres bajó de 31,6% en 2022 a 27,4% en 2023. La disminución de 4,2 puntos porcentuales representó la salida de aproximadamente 8,7 millones de personas de esa condición.
La pobreza extrema descendió de 5,9% a 4,4%.
El IBGE vinculó la mejora con la recuperación del mercado laboral y la ampliación de programas de transferencia de ingresos, entre ellos Bolsa Família.
Como referencia, durante el primer año de Jair Bolsonaro, entre 2018 y 2019, la pobreza medida entonces por la línea de US$5,50 diarios en paridad de poder adquisitivo disminuyó de 25,3% a 24,7%, una caída de 0,6 puntos.
Las cifras ilustran evoluciones diferentes, pero no permiten aislar por sí solas el efecto de cada presidente. Los años comparados tuvieron condiciones económicas, líneas internacionales de pobreza y políticas públicas distintas.
El propio IBGE estimó que, sin las transferencias sociales, la pobreza y especialmente la pobreza extrema habrían sido considerablemente mayores.
Crecimiento y distribución
El Banco Mundial sostiene que el crecimiento continúa siendo una condición importante para reducir la pobreza, pero advierte que su impacto depende de la desigualdad y de los mecanismos mediante los cuales los ingresos llegan a la población.
El mismo aumento del ingreso promedio puede producir una reducción importante de la pobreza en una sociedad relativamente igualitaria y un efecto mucho menor en otra donde la riqueza se encuentra altamente concentrada.
La inversión privada, el desarrollo empresarial y la creación de empleo son fundamentales. Sin mejoras de productividad y nuevas actividades económicas, las políticas distributivas enfrentan límites fiscales y pueden resultar difíciles de sostener.
Pero el crecimiento, por sí solo, no determina quién se beneficia. Para que se traduzca en una mejora generalizada necesita empleos formales, salarios capaces de superar la inflación, educación, salud, protección social, un sistema tributario adecuado y transferencias orientadas hacia quienes más las necesitan.
La pregunta relevante, por tanto, no es únicamente cuánto crece una economía, sino qué sectores generan ese crecimiento, qué empleos produce y cómo se distribuyen sus resultados.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias