Cuba abre las puertas al capital privado para evitar el colapso
06.09.2026
LA HABANA (Uypress)- La crisis y las sanciones de EEUU aceleran las reformas: crecen las mipymes y una nueva clase empresarial mientras el Estado retrocede en sectores antes vedados, según artículo de Le Monde diplomatique, firmado por la periodista Julia Neima.
Cuba atraviesa una transformación económica que hasta hace pocos años parecía difícil de imaginar. Presionado simultáneamente por una profunda crisis interna y por el endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos, el gobierno cubano apuesta a ampliar el espacio de la iniciativa privada, facilitar el desarrollo de las mipymes y permitir actividades empresariales que durante décadas estuvieron reservadas al Estado.
El proceso es analizado por la periodista Julia Neima en un reportaje publicado por Le Monde diplomatique. Su tesis central es provocadora: acorralada económicamente, la Revolución está impulsando una liberalización que favorece el surgimiento de una nueva clase empresarial y acomodada.
La transformación ocurre mientras Washington mantiene y profundiza su presión económica. En julio, el Departamento de Estado estadounidense sancionó a otras diez empresas y entidades gubernamentales cubanas, entre ellas organismos vinculados con sectores estratégicos de la economía de la isla. La estrategia estadounidense continúa buscando restringir las fuentes de ingresos del Estado cubano.
Una residencia privada como símbolo del cambio
El reportaje utiliza una imagen particularmente reveladora para describir la magnitud de la transformación. En El Vedado, uno de los barrios más conocidos de La Habana, funciona TaTamanía, presentada como la primera residencia privada para adultos mayores de Cuba. Abrió durante 2026 en una casa completamente renovada, mientras los establecimientos públicos dedicados al cuidado de ancianos sufren desde hace años la escasez de recursos.
El caso tiene un fuerte contenido simbólico: durante décadas una actividad de estas características no podía desarrollarse como emprendimiento privado. Ahora aparece como parte de una economía en la que particulares comienzan a ocupar espacios que tradicionalmente correspondían exclusivamente al Estado.
No se trata únicamente de pequeños restaurantes, comercios o servicios turísticos. La apertura comienza a penetrar actividades sociales y económicas que durante buena parte de la historia revolucionaria estuvieron fuera del mercado.
El auge de las mipymes
El corazón de esta transformación está en las micro, pequeñas y medianas empresas.
Desde que el gobierno cubano autorizó formalmente las mipymes privadas en 2021, el sector empresarial no estatal ha ganado presencia en la economía. La apertura surgió en medio de una crisis caracterizada por escasez, inflación, problemas energéticos, dificultades para importar y una creciente incapacidad del Estado para garantizar determinados bienes y servicios.
La lógica del gobierno cubano ha cambiado gradualmente: allí donde el Estado no dispone de recursos suficientes, el capital privado puede convertirse en una herramienta para sostener la actividad económica.
El propio subtítulo elegido por Le Monde diplomatique para el artículo sintetiza el fenómeno: "Reformas económicas y auge de las mipymes".
Pero el crecimiento del sector privado plantea una contradicción mucho más profunda que la mera incorporación de nuevas formas empresariales.
Está generando nuevos propietarios, empresarios y sectores sociales con capacidades de consumo muy superiores a las de los trabajadores que dependen de salarios estatales.
Una nueva clase acomodada
La transformación económica comienza así a convertirse también en una transformación social. La apertura favorece la consolidación de una clase emprendedora que dispone de capital, acceso a divisas, conexiones internacionales y capacidad para importar productos o desarrollar negocios que resultan inaccesibles para una parte importante de la población.
Ese fenómeno introduce desigualdades cada vez más visibles en una sociedad cuyo proyecto político estuvo históricamente construido alrededor de la reducción de las diferencias sociales.
La contradicción es evidente: para preservar el sistema, el gobierno cubano está utilizando instrumentos económicos que inevitablemente modifican algunas de las bases sobre las que ese mismo sistema fue construido.
El artículo de Neima describe precisamente esa paradoja: las autoridades intentan evitar el colapso mediante una liberalización económica que al mismo tiempo impulsa la aparición de sectores acomodados cuya existencia habría resultado incompatible con buena parte del discurso tradicional de la Revolución.
El peso de las sanciones estadounidenses
El proceso, sin embargo, no puede comprenderse únicamente como una decisión ideológica del gobierno cubano. La economía continúa sometida a fuertes restricciones externas. Estados Unidos mantiene el embargo y durante los últimos años ha recurrido a nuevas sanciones contra empresas, instituciones y funcionarios cubanos.
En julio fueron sancionadas diez nuevas empresas y entidades gubernamentales. Washington mantiene así lo que el artículo caracteriza como una estrategia de "estrangulamiento económico" sobre la isla.
Esa presión limita el acceso de Cuba a financiamiento, inversiones y mercados internacionales y se combina con problemas estructurales propios de su economía.
El resultado es un Estado con cada vez menos capacidad financiera para mantener por sí solo los niveles de producción, inversión y servicios que históricamente asumió.
Liberalizar para preservar
Ahí aparece la gran paradoja del momento cubano. La apertura al mercado no necesariamente implica que el gobierno haya abandonado formalmente el socialismo. La liberalización aparece, por el contrario, como una herramienta pragmática para impedir que la crisis económica termine comprometiendo la supervivencia del propio sistema.
La iniciativa privada pasa así de ser considerada durante décadas una amenaza potencial para el proyecto revolucionario a transformarse en uno de los instrumentos utilizados para sostener la economía.
La experiencia remite inevitablemente a debates que otros países socialistas afrontaron décadas atrás: hasta qué punto puede incorporarse el mercado sin alterar la naturaleza política del sistema y qué ocurre cuando la propiedad privada genera nuevos grupos sociales con intereses económicos propios. En Cuba, esas preguntas ya no pertenecen únicamente al terreno teórico.
Una transformación que recién comienza
La apertura de una residencia privada para adultos mayores en El Vedado funciona entonces como algo más que una curiosidad empresarial. Es una pequeña expresión de un cambio mucho mayor.
En una Habana castigada por años de crisis, apagones, escasez y deterioro de servicios públicos, comienzan a convivir realidades económicas cada vez más diferentes: establecimientos estatales sin recursos junto a nuevos emprendimientos privados; trabajadores remunerados en pesos frente a empresarios con acceso a divisas; consumo restringido para una parte de la sociedad y nuevos espacios destinados a quienes poseen capacidad de pago.
La cuestión que se abre es hasta dónde puede llegar esa transformación.
La dirección cubana pretende utilizar el mercado para recuperar dinamismo económico sin renunciar al control político ni a la definición socialista del sistema. Pero el crecimiento de las mipymes, la expansión de la propiedad privada y la aparición de una nueva clase empresarial introducen dinámicas que difícilmente puedan quedar limitadas exclusivamente al terreno económico.
Cuba enfrenta así una de las contradicciones más profundas desde el triunfo de la Revolución: para intentar preservar un sistema construido contra el capitalismo, está recurriendo cada vez más a mecanismos propios del capitalismo para sostenerlo.
No significa todavía que Cuba haya abandonado su modelo socialista. Pero sí que la frontera entre Estado y mercado, que durante décadas pareció claramente definida, está siendo desplazada por la propia necesidad de supervivencia económica.
Y quizás allí radique la verdadera dimensión del momento que atraviesa la isla: más que una reforma puntual, Cuba comienza a discutir en los hechos qué parte de su viejo modelo puede conservar y cuánto mercado necesita aceptar para evitar que ese modelo termine colapsando.
Foto: ANSA
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias