ECONOMÍA / POLÍTICA MONETARIA Y PESIFICACIÓN
El BCU mantiene la tasa en 5,75% y apuesta a sostener la confianza en el peso
27.05.2026
MONTEVIDEO (Uypress) – El Banco Central del Uruguay resolvió mantener la tasa de política monetaria en 5,75%, en una decisión que confirma una pausa en el ciclo de bajas y refleja la cautela de la autoridad monetaria frente a un escenario internacional más inestable.
La decisión fue adoptada por unanimidad por el Directorio del BCU, con el objetivo de que la inflación converja hacia la meta de 4,5% y de preservar el anclaje de las expectativas. El organismo entiende que el contexto externo se volvió más volátil por la persistencia de precios elevados del petróleo, las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y un entorno financiero menos favorable para los países emergentes.
La inflación uruguaya se mantiene baja en términos históricos. En abril, el Índice de Precios del Consumo registró una variación mensual de 0,54%, acumuló 2,23% en el año y se ubicó en 3,16% en los últimos doce meses. El dato volvió a colocar a la inflación dentro del rango de tolerancia del Banco Central, aunque todavía por debajo del centro de la meta.
Pero el indicador que más valora la autoridad monetaria no es solo la inflación observada, sino las expectativas. Según el comunicado del Comité de Política Monetaria, las proyecciones a dos años de analistas y mercados financieros se mantienen alineadas con la meta de 4,5%, mientras que las expectativas de las empresas se ubican en torno a 5%. El promedio general se sitúa en 4,67%.
Ese dato es central porque muestra que, incluso en un contexto de shocks externos, Uruguay conserva credibilidad monetaria. En otras economías relevantes de la región y del mundo, como Brasil o Estados Unidos, las expectativas inflacionarias siguen bajo presión o por encima de los objetivos de sus bancos centrales. En Uruguay, en cambio, el BCU logra sostener la percepción de que la inflación futura se mantendrá dentro del marco anunciado.
La estabilidad de expectativas tiene efectos concretos. Permite que el mercado de deuda en pesos funcione con mayor profundidad, reduce primas de riesgo, mejora las condiciones para emitir instrumentos en moneda nacional y facilita que empresas y familias puedan tomar decisiones financieras sin cubrirse automáticamente en dólares.
Ese es uno de los puntos estratégicos de la actual conducción del Banco Central: usar la credibilidad antiinflacionaria como base para avanzar en la desdolarización. Uruguay sigue siendo una economía altamente dolarizada, especialmente en operaciones inmobiliarias, vehículos, ahorro y financiamiento empresarial. Cambiar esa matriz requiere algo más que regulación: exige confianza sostenida en el peso.
En esa línea, las autoridades del BCU mantuvieron reuniones recientes con ejecutivos de la banca pública y privada para impulsar una agenda orientada a ampliar el uso de la moneda nacional en decisiones de ahorro, crédito e inversión. El objetivo es desarrollar más instrumentos en pesos para empresas y familias, y generar una oferta financiera más profunda, competitiva y estable.
El crédito en moneda nacional aparece como una de las señales más relevantes. En la medida en que más empresas comienzan a financiarse en pesos, se reduce su exposición a variaciones del tipo de cambio y se fortalece la transmisión de la política monetaria. Para el BCU, ese proceso es clave: una economía menos dolarizada permite que la tasa de interés tenga mayor impacto sobre la actividad, la inflación y el crédito.
La pesificación también tiene una dimensión productiva. Si las empresas que venden en pesos se endeudan en dólares, quedan expuestas a saltos cambiarios que pueden afectar balances, inversión y empleo. En cambio, un mercado de crédito más desarrollado en moneda nacional reduce vulnerabilidades y permite planificar con menor riesgo financiero.
La decisión de mantener la tasa también muestra el equilibrio que intenta administrar el BCU. Por un lado, la inflación actual no exige una suba inmediata. Por otro, la volatilidad externa y los precios de la energía desaconsejan seguir recortando tasas demasiado rápido. La autoridad monetaria optó por mantener el “precio del dinero” estable y observar la evolución de los riesgos.
El comunicado dejó abierta esa puerta. El Banco Central afirmó que permanecerá atento a la materialización de riesgos inflacionarios y que actuará si las condiciones lo requieren. En otras palabras, la tasa queda quieta, pero la política monetaria no entra en piloto automático.
El contexto internacional obliga a esa prudencia. La suba del petróleo encarece costos, afecta combustibles, transporte y expectativas; las tensiones geopolíticas aumentan la búsqueda de refugio en el dólar; y las tasas internacionales de largo plazo generan condiciones más exigentes para economías emergentes. Uruguay, aunque mejor posicionado que otros países, no está aislado de esos movimientos.
La diferencia está en el punto de partida. Con inflación baja, expectativas alineadas, riesgo país contenido y mayor desarrollo del mercado en pesos, el BCU tiene margen para sostener una política monetaria menos defensiva que en otros momentos de la historia uruguaya.
La clave será no perder ese activo. En economías como la uruguaya, la credibilidad se construye lentamente y se puede deteriorar rápido. Por eso, el Banco Central parece haber elegido la cautela: no subir la tasa cuando la inflación sigue controlada, pero tampoco bajarla cuando el escenario externo empieza a mostrar señales de presión.
La decisión de mayo confirma que la batalla principal ya no es únicamente contra la inflación presente, sino por la confianza futura. Y en ese terreno, el BCU intenta consolidar un cambio más profundo: que el peso uruguayo deje de ser solo moneda de circulación y se convierta cada vez más en moneda de ahorro, crédito e inversión.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias