ESTADOS UNIDOS / MERCADOS Y POLÍTICA
El “Trump trade” desafía a Wall Street: una canasta política triplica al S&P 500
27.04.2026
NUEVA YORK (Uypress) – Una canasta hipotética de acciones vinculadas a señales políticas de la Casa Blanca acumuló cerca de 75% desde el inicio del segundo mandato de Donald Trump, frente a aproximadamente 20% del S&P 500, según Bloomberg Intelligence. El dato reabre el debate sobre cuánto pesa hoy el poder político en Wall Street.
El análisis fue elaborado por Athanasios Psarofagis y Eric Balchunas, de Bloomberg Intelligence, y mide el desempeño de una cartera denominada “White House Basket” o “Hypothetical GRFT Basket”. La lógica no parte de los indicadores tradicionales de valuación, balances o ganancias esperadas, sino de compañías con vínculos directos o indirectos con decisiones, respaldos o prioridades de la Casa Blanca.
La conclusión es llamativa: seguir las señales políticas de Trump —sus anuncios, respaldos públicos, decisiones de política industrial o intervenciones sobre sectores estratégicos— habría sido mucho más rentable que comprar el índice amplio de Wall Street. Pero el propio informe advierte que se trata de una simulación basada en datos históricos, altamente concentrada en unas 16 acciones, y no de un índice diversificado ni de una estrategia directamente invertible.
El rendimiento aparece impulsado por empresas ubicadas en zonas sensibles de la agenda económica de Washington: semiconductores, tierras raras, defensa, inteligencia artificial, energía y compañías favorecidas por respaldo político explícito. Bloomberg Línea señala que Intel y USA Rare Earth figuran entre los nombres más fuertes de esa canasta, mientras otras empresas como Nvidia, AMD, Lockheed Martin, Northrop Grumman, Tesla, Palantir, Coinbase y Constellation Energy muestran comportamientos más dispares.
El caso Intel muestra con claridad el cambio de época. En agosto de 2025, Trump anunció que el gobierno de Estados Unidos tomaría una participación de 10% en la compañía mediante la conversión de subsidios del CHIPS Act en acciones, una intervención poco habitual en la política corporativa estadounidense. Reuters describió la medida como un paso extraordinario de la Casa Blanca en el sector privado, orientado a sostener la industria nacional de semiconductores.
Algo similar ocurre con los minerales críticos. USA Rare Earth informó en enero que la administración Trump respaldaría un paquete de deuda y capital por US$1.600 millones para desarrollar una mina y una planta de imanes en Texas, destinadas a abastecer sectores de defensa y alta tecnología. Reuters también informó que el gobierno tomaría una participación accionaria de 10% en la compañía como parte de ese esquema.
La estrategia se inscribe en una política más amplia de construcción de “campeones nacionales”. En febrero, Trump lanzó un plan de US$12.000 millones para crear una reserva estratégica de minerales críticos y reducir la dependencia de China, una decisión que impulsó acciones vinculadas a tierras raras y materiales estratégicos. En ese contexto, los inversores comenzaron a mirar menos los balances aislados y más la cercanía de cada empresa con las prioridades geopolíticas de Washington.
El fenómeno también tiene un costado incómodo. Si la proximidad al poder se transforma en una fuente de rentabilidad superior, el mercado deja de premiar solo productividad, innovación o eficiencia, y empieza a valorar el acceso político como un activo financiero. Esa dinámica puede favorecer a empresas estratégicas para el Estado, pero también abre preguntas sobre competencia, transparencia, captura regulatoria y uso de recursos públicos para sostener ganadores privados.
Bloomberg Intelligence advierte que la misma canasta que supera ampliamente al S&P 500 tiene una volatilidad mucho más alta, con caídas más profundas y ciclos de auge y retroceso más marcados. Es decir: el “Trump trade” funcionó muy bien hasta ahora, pero con un riesgo superior y una dependencia directa de decisiones políticas que pueden cambiar de un día para el otro.
La comparación con los ETF políticos existentes también marca una diferencia. Fondos como NANC o KRUZ, basados en operaciones declaradas por legisladores, tuvieron retornos más cercanos al mercado general y no replicaron la magnitud del “White House Basket”. Según el informe, los productos disponibles siguen compras de congresistas divulgadas públicamente, mientras que la canasta de Bloomberg Intelligence intenta capturar una influencia política más amplia.
Wall Street ya conocía la máxima “no pelearse con la Reserva Federal”. El nuevo ciclo agrega una variante más política: no subestimar a la Casa Blanca cuando define sectores estratégicos, anuncia compras públicas, toma participación en empresas o respalda compañías consideradas esenciales para la seguridad nacional. La diferencia es que esa señal no funciona como una regla estable de mercado, sino como una apuesta concentrada, sensible al humor presidencial y expuesta al riesgo de que la política cambie de dirección.
El “Trump trade” revela así una transformación más profunda: en la economía estadounidense, la frontera entre mercado, Estado y geopolítica se volvió más borrosa. Para algunos inversores, esa mezcla abrió una oportunidad excepcional. Para otros, es una advertencia sobre un mercado cada vez más dependiente de señales políticas, donde la rentabilidad puede venir menos de Wall Street que del despacho oval.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias