MERCADOS / ORO, PETRÓLEO Y TASAS

El oro cae pese a la guerra: el refugio pierde fuerza ante el temor a tasas altas

05.05.2026

NUEVA YORK (Uypress) – El oro acumula una corrección superior al 10% desde el inicio de la guerra en Irán, aunque el conflicto elevó el riesgo global. La clave está en el petróleo: la suba de la energía reavivó la inflación, fortaleció al dólar y redujo las expectativas de recortes de tasas.

El movimiento parece contradictorio solo en apariencia. En una guerra, el oro suele funcionar como activo refugio: sube cuando aumenta la incertidumbre, cuando los inversores buscan protección y cuando cae la confianza en activos financieros tradicionales. Pero esta vez el canal dominante no fue solo el miedo geopolítico, sino el impacto del petróleo sobre la inflación y sobre la política monetaria.

Reuters informó que el oro cayó el lunes 4 de mayo presionado por un dólar más firme y por la incertidumbre en Medio Oriente, que mantiene vivas las preocupaciones inflacionarias y reduce las expectativas de recortes de tasas en Estados Unidos. El oro al contado llegó a caer 1,6% hasta US$ 4.538,19 por onza, mientras los futuros cedieron 2,1%. Al día siguiente rebotó parcialmente, pero seguía cerca de mínimos de más de un mes.

La explicación central está en las tasas reales. El oro no paga intereses ni dividendos. Cuando los inversores esperan tasas más bajas, el costo de oportunidad de tener oro cae y el metal se vuelve más atractivo. Pero cuando el mercado empieza a anticipar tasas altas durante más tiempo, o incluso nuevos aumentos, los bonos del Tesoro, el dólar y otros activos remunerados ganan atractivo relativo frente al metal.

La guerra en Irán cambió esa expectativa. El encarecimiento del petróleo y del gas elevó el riesgo de que la inflación sea más persistente, especialmente por el impacto sobre transporte, combustibles, fertilizantes, alimentos y costos industriales. Reuters informó que una encuesta entre economistas postergó la expectativa de recortes de la Reserva Federal hacia fines de 2026, precisamente por los riesgos inflacionarios derivados del shock energético.

Funcionarios de la propia Reserva Federal reforzaron ese mensaje. Mary Daly, presidenta de la Fed de San Francisco, dijo a Reuters que el shock petrolero implica que bajar la inflación tomará más tiempo. Alberto Musalem, de la Fed de St. Louis, advirtió que los altos precios del petróleo podrían mantener la inflación subyacente cerca de un punto porcentual por encima de la meta de 2% durante el resto del año, obligando a mantener las tasas sin cambios por más tiempo.

Ese contexto explica por qué el oro no reaccionó como refugio clásico. El mercado no está leyendo la guerra solo como un riesgo militar, sino como un shock de costos. Si el petróleo sube, la inflación se recalienta; si la inflación se recalienta, los bancos centrales tienen menos margen para bajar tasas; y si las tasas se mantienen altas, el oro pierde parte de su atractivo financiero.

El dólar también juega un papel decisivo. Como el oro cotiza internacionalmente en dólares, una moneda estadounidense más fuerte encarece el metal para compradores que operan en otras divisas. En las últimas ruedas, la combinación de dólar firme, petróleo alto y menor expectativa de recortes de tasas generó presión adicional sobre el oro, aun cuando la incertidumbre geopolítica seguía elevada.

La caída tampoco puede analizarse sin mirar el punto de partida. El oro había tenido una suba extraordinaria antes de la corrección. Investing.com, con base en datos del World Gold Council, señaló que el metal había alcanzado un máximo histórico de US$ 5.595,46 por onza el 29 de enero, después de un 2025 de fuerte apreciación. En ese contexto, parte de la baja reciente también puede leerse como toma de ganancias después de una carrera alcista muy pronunciada.

La demanda estructural, de todos modos, no desapareció. El World Gold Council informó que los bancos centrales compraron 244 toneladas netas de oro en el primer trimestre de 2026, 3% más que un año antes, mientras los ETF respaldados por oro sumaron 62 toneladas. También señaló que la demanda de joyería cayó 23% en volumen por los altos precios, aunque el gasto en valor siguió aumentando.

Ese contraste muestra que el mercado está dividido. En el largo plazo, bancos centrales, inversores asiáticos y compradores que buscan diversificación siguen viendo valor en el oro. En el corto plazo, los traders responden a tasas, dólar, inflación y posicionamiento financiero. Por eso puede haber compras estructurales y, al mismo tiempo, caídas diarias o semanales fuertes.

La situación global refuerza la incertidumbre. Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, advirtió que si la guerra en Medio Oriente se prolonga hasta 2027 y el petróleo se mantiene cerca de US$ 125 por barril, el impacto sobre crecimiento e inflación puede ser mucho más severo. Reuters informó que el escenario adverso del FMI, con menor crecimiento y más inflación, ya empieza a parecerse a la realidad de mercado.

Ese es el punto que incomoda al oro. En una crisis financiera clásica, el metal tiende a beneficiarse porque los bancos centrales bajan tasas, aumentan liquidez y los inversores buscan cobertura. En una crisis de oferta energética, en cambio, la inflación puede obligar a mantener políticas monetarias restrictivas. El refugio sigue existiendo, pero compite contra rendimientos más altos y contra un dólar más fuerte.

La caída, por tanto, no significa que el oro haya perdido su condición de activo defensivo. Significa que en este episodio la variable dominante es otra. El mercado teme menos un colapso financiero inmediato y más una combinación de inflación persistente, crecimiento débil y bancos centrales atrapados. Ese escenario, cercano a una estanflación, suele ser más complejo para todos los activos.

Para los próximos meses, el precio del oro dependerá de tres factores. El primero será el petróleo: si Ormuz se normaliza y el crudo retrocede, podrían volver las apuestas a recortes de tasas y el oro tendría margen para recomponerse. El segundo será la Reserva Federal: cualquier señal de pausa prolongada o de suba adicional mantendría presión sobre el metal. El tercero será la demanda física y de bancos centrales, que puede limitar las caídas si se mantiene firme.

La paradoja de 2026 es que el oro cae no porque el mundo sea menos riesgoso, sino porque el riesgo tomó una forma distinta. La guerra no está llevando al mercado a descontar dinero más barato, sino energía más cara. Y mientras el petróleo alimente inflación, el refugio dorado seguirá atrapado entre dos fuerzas: la búsqueda de protección frente a la incertidumbre y el castigo de tasas altas por más tiempo.

Economía
2026-05-05T16:45:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias