ECONOMÍA / GUERRA, EMPRESAS Y COSTOS GLOBALES
La guerra en Medio Oriente ya le costó al menos US$ 25.000 millones a empresas de todo el mundo
18.05.2026
LONDRES (Uypress) – La guerra en Medio Oriente ya generó un costo de al menos US$ 25.000 millones para empresas de Estados Unidos, Europa y Asia, según un análisis de Reuters sobre comunicados corporativos difundidos desde el inicio del conflicto a fines de febrero. La cifra sigue creciendo y muestra que el impacto económico de la guerra ya desbordó el precio del petróleo.
El relevamiento identificó al menos 279 compañías que mencionaron la guerra como motivo para adoptar medidas defensivas, revisar previsiones, trasladar costos, reducir producción, modificar cadenas de suministro, ajustar precios o advertir sobre impacto en márgenes. El dato confirma que el conflicto no es solo una crisis militar o energética: ya funciona como un shock global sobre costos empresariales, comercio y expectativas.
El principal canal de contagio es la energía. El cierre parcial del estrecho de Ormuz y la inseguridad sobre rutas marítimas elevaron los precios del crudo por encima de los US$ 100 por barril y encarecieron combustibles, transporte, seguros, materias primas y logística. Ormuz es una vía crítica para el comercio mundial de petróleo y gas, por lo que cualquier bloqueo o restricción se traslada rápidamente al resto de la economía.
El golpe más fuerte aparece en las aerolíneas, que concentran cerca de US$ 15.000 millones del costo estimado. El encarecimiento del jet fuel, la necesidad de modificar rutas, la caída de capacidad y los recargos operativos golpean directamente a un sector que depende del combustible como uno de sus principales costos estructurales. La guerra está dejando aviones en tierra, reduciendo frecuencias y presionando tarifas.
La industria manufacturera también siente el impacto. Empresas dependientes de acero, aluminio, plásticos, petroquímicos, transporte marítimo y piezas importadas enfrentan costos más altos y demoras en entregas. Toyota, por ejemplo, advirtió un impacto de unos US$ 4.300 millones por los efectos de la guerra, en un contexto de mayores costos de materiales, retrasos logísticos y presión sobre sus previsiones de beneficios.
El caso de Tata Motors muestra que el problema alcanza también a fabricantes de mercados emergentes. La automotriz india reportó buenos resultados trimestrales, pero advirtió sobre presiones futuras por el conflicto con Irán, especialmente por el aumento de materias primas, fletes, acero, aluminio y volatilidad del diésel.
El sector energético y de servicios petroleros también está atrapado en la paradoja de la crisis. Aunque los precios altos pueden beneficiar a productores, empresas como SLB advirtieron que el cierre efectivo de Ormuz y la disrupción de suministros aumentaron sus costos y obligaron a buscar mecanismos para trasladar parte de ese impacto a clientes.
La logística vive una situación ambivalente. Algunas empresas europeas del sector se beneficiaron por tarifas más altas y desvíos de rutas, pero al mismo tiempo advierten que la persistencia del caos marítimo puede deteriorar previsibilidad, elevar costos operativos y afectar contratos de mediano plazo. En otras palabras, algunos balances pueden mejorar en el corto plazo, pero la incertidumbre logística amenaza la planificación global.
El impacto se transmite en cadena. El petróleo caro encarece combustibles; los combustibles caros suben fletes; los fletes caros elevan costos de alimentos, bienes industriales y productos de consumo; y esos aumentos terminan presionando inflación, salarios, tasas de interés y decisiones de inversión.
Por eso, el costo de US$ 25.000 millones debe leerse como un piso, no como una cifra final. Reuters construyó el cálculo a partir de comunicados corporativos disponibles, por lo que quedan fuera compañías no cotizadas, pequeñas y medianas empresas, firmas que todavía no cuantificaron impactos y costos indirectos que aparecerán en próximos balances.
La presión puede aumentar en el segundo trimestre. Muchas empresas lograron absorber parte del shock inicial con inventarios, coberturas, contratos previos o traslado parcial de precios. Pero si la guerra continúa, esas defensas empiezan a agotarse y el impacto sobre márgenes será más visible.
El problema para los bancos centrales es especialmente delicado. Una guerra que eleva energía y transporte genera inflación de costos, pero también puede enfriar actividad por menor consumo e inversión. Esa combinación complica las decisiones monetarias: bajar tasas demasiado pronto puede alimentar inflación; mantenerlas altas puede profundizar la desaceleración.
Europa y Asia aparecen particularmente expuestas por su dependencia energética y por su inserción en cadenas manufactureras globales. América Latina puede tener efectos mixtos: algunos exportadores de materias primas pueden beneficiarse por precios altos, pero países importadores de combustibles sufrirán presión sobre inflación, cuentas externas y subsidios energéticos.
El dato empresarial revela una dimensión menos visible de la guerra. Las víctimas directas están en la región, pero el costo económico se reparte por todo el mundo. Una interrupción en Ormuz se refleja en balances de aerolíneas, automotrices, fabricantes de electrodomésticos, compañías de consumo masivo, navieras, petroleras, químicas y minoristas.
La guerra en Medio Oriente ya dejó de ser un riesgo externo para las empresas globales. Es una línea concreta en sus resultados financieros. Y mientras no se normalicen las rutas energéticas, cada nuevo ataque, bloqueo o demora diplomática seguirá ampliando una factura que ya supera los US$ 25.000 millones y que todavía no muestra señales claras de haber tocado techo.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias