A medida que avanza la guerra contra Irán, el agua se agrega al petróleo como otro recurso vulnerable
18.03.2026
LONDRES (Uypress) – Si bien el petróleo aparece en el centro de la escena de la guerra lanzada contra Irán por parte de Estados Unidos e Israel, a medida que la guerra se expande e involucra a los países vecinos del Golfo, se señala al agua como otro recurso vulnerable.
La región del Golfo alberga apenas el 2% de las reservas mundiales de agua dulce renovable y depende en gran medida de la desalinización, señala Nick Ericsson en un extenso informe para BBC Mundo.
Según el Instituto Francés de Relaciones Internacionales, el 90% del agua que consume Kuwait proviene de la desalinización; este porcentaje es del 86% en Omán, del 70% en Arabia Saudita y del 42% en Emiratos Árabes Unidos (EAU).
"En 2021, el volumen total de producción de las plantas desalinizadoras que extraen agua del Golfo superó los 20 millones de metros cúbicos diarios, lo que equivale a llenar 8.000 piscinas olímpicas cada día", declaró Will Le Quesne, del Centro de Ciencias del Medio Ambiente, la Pesca y la Acuicultura de Omán, al programa Newsday del Servicio Mundial de la BBC.
La agricultura y la producción de alimentos también dependen del agua desalinizada en el Golfo, dado que las reservas de agua subterránea -que normalmente se utilizarían para el riego- se han agotado en toda la región.
Y esta dependencia convierte a la infraestructura hídrica en una vulnerabilidad estratégica que tanto Estados Unidos como Irán parecen dispuestos a explotar, destaca Ericsson en su informe.
Al tiempo que evita enfrentar directamente a Estados Unidos, atacar la infraestructura hídrica parece formar parte de la estrategia de Irán, aunque se presente como una medida de represalia.
"Si los gobiernos del Golfo creen que su infraestructura hídrica está bajo ataque, es más probable que presionen a Estados Unidos para intentar poner fin a la guerra", afirma el profesor Marc Owen Jones, de la Universidad Northwestern en Qatar.
Los ataques de Irán tienen como objetivo "generar cierto nivel de pánico", influyendo así en la decisión de los civiles de "quedarse o marcharse".
Bahréin ha acusado a Irán de atacar directamente una planta desalinizadora, mientras que Irán afirma que un ataque estadounidense previo dañó una instalación hídrica en la isla de Qeshm, en el estrecho de Ormuz.
También se cree que los ataques iraníes contra el puerto de Jebel Ali, en Dubái, impactaron cerca de una de las plantas desalinizadoras más grandes del mundo.
Y así, son varias las plantas objetivo de ataques en los diferentes países.
"[Para Irán] esto es, más bien, un juego de señales", le dijo al Servicio Mundial de la BBC el profesor Kaveh Madani, director del Instituto de la Universidad de las Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud.
Irán también ha presentado cualquier acción emprendida como una respuesta "justificada" a los ataques dirigidos en su contra; concretamente, ha calificado los ataques en Bahréin como una represalia por el ataque estadounidense en la isla de Qeshm.
Cualquier ataque contra infraestructuras hídricas críticas pone de manifiesto la capacidad de Irán y hasta qué punto está dispuesto a llegar en respuesta a las acciones militares de Estados Unidos e Israel.
No obstante -sugiere Madani-, su poder reside en la amenaza de llevar a cabo ataques más sostenidos y selectivos contra el preciado suministro de agua del Golfo, y no constituye necesariamente un indicio de lo que Irán hará de forma definitiva en el futuro.
"El agua se ha utilizado [históricamente] siempre como arma para amenazar", afirma.
Imagen: adhocFOTOS/Pablo Vignali
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias