ÁFRICA
Akashinga: las mujeres que enfrentan a los cazadores furtivos y transforman la conservación en África
31.10.2026
HARARE (Uypress) – En las reservas naturales de Zimbabue, un grupo de mujeres patrulla extensas zonas de vegetación para proteger a los elefantes y otras especies amenazadas por la caza furtiva. Son las Akashinga, cuyo nombre significa “las valientes” en lengua shona. Entrenadas para identificar rastros, detectar amenazas y enfrentar actividades ilegales, estas guardaparques forman parte de una iniciativa que combina la conservación de la fauna africana con la generación de empleo y oportunidades para mujeres de comunidades rurales.
El proyecto nació en 2017 por iniciativa de Damien Mander, un exmilitar australiano que fundó la International Anti-Poaching Foundation (IAPF), organización que posteriormente adoptó el nombre Akashinga.
Lo que comenzó con 16 mujeres se convirtió en un modelo de conservación comunitaria que actualmente desarrolla actividades en distintos territorios de África austral. Según la organización, las acciones realizadas junto con otras instituciones contribuyeron a reducir un 90% la caza furtiva de elefantes en el valle del Zambeze, una región que alberga una de las poblaciones de estos animales más importantes del continente.
De mujeres vulnerables a protectoras de la vida silvestre
Una de las características más singulares de Akashinga es su proceso de selección de personal.
Desde sus comienzos, la iniciativa buscó ofrecer oportunidades a mujeres que habían atravesado situaciones de violencia doméstica, pobreza, desempleo o exclusión social.
Entre las primeras integrantes había madres solteras, sobrevivientes de violencia de género y mujeres que necesitaban ingresos para sostener a sus familias.
La propuesta fue particularmente significativa en comunidades rurales donde las posibilidades de empleo remunerado eran limitadas.
Las postulantes debieron superar un exigente proceso de preparación física y psicológica, diseñado para desarrollar las capacidades necesarias para desempeñarse como guardaparques.
El entrenamiento incluye técnicas de supervivencia, orientación, rastreo de animales y personas, identificación de trampas, primeros auxilios, defensa personal, procedimientos de detención y utilización de armas.
Pero la organización insiste en que el objetivo no es simplemente crear otra fuerza armada. Su modelo procura priorizar el conocimiento del territorio, la prevención de conflictos y la cooperación con las comunidades.
Como documentó National Geographic en un reportaje sobre las primeras integrantes, la preparación transformó las perspectivas de mujeres que anteriormente habían tenido escasas oportunidades de autonomía económica.
Por qué una unidad integrada por mujeres
Damien Mander comenzó su trayectoria en la conservación utilizando métodos cercanos a los aprendidos durante su experiencia militar.
Sin embargo, con el tiempo cuestionó la eficacia de una estrategia basada casi exclusivamente en la confrontación armada contra los cazadores furtivos.
Su organización identificó que la protección de la fauna dependía también de la confianza de las comunidades que convivían con los animales y de las alternativas económicas disponibles para sus habitantes.
En ese contexto surgió la decisión de formar unidades lideradas por mujeres de las propias localidades.
Mander ha sostenido que las mujeres seleccionadas demostraron una importante capacidad para generar vínculos comunitarios y obtener información sobre actividades ilegales.
También expresó que observaba en ellas una menor disposición a participar en prácticas corruptas.
Esa apreciación corresponde a la experiencia relatada por el fundador y no constituye una demostración de que las mujeres sean, por naturaleza, menos corruptibles que los hombres.
La estrategia de Akashinga se apoya principalmente en otra característica: sus integrantes pertenecen a las comunidades donde trabajan y tienen un interés directo en que los ecosistemas protegidos generen beneficios económicos y sociales duraderos.
De esta forma, la conservación deja de presentarse como una actividad impuesta desde el exterior y pasa a involucrar a las poblaciones locales.
Una reducción del 90% en la caza furtiva de elefantes
El resultado ambiental más destacado por Akashinga es la disminución de la caza ilegal de elefantes en las áreas donde participa de las tareas de protección.
La organización informa una reducción del 90% en el valle del Zambeze, alcanzada mediante acciones de vigilancia, inteligencia comunitaria y cooperación con otras entidades de conservación.
El dato corresponde a territorios específicos y no significa que la caza furtiva haya disminuido en esa proporción en todo Zimbabue ni en el continente africano.
Según los antecedentes publicados por la iniciativa, las operaciones también han permitido identificar redes de tráfico de marfil, detectar trampas y colaborar en la detención de personas vinculadas con delitos contra la fauna.
El área de trabajo tiene una importancia especial para la supervivencia de los elefantes africanos, amenazados históricamente por el comercio ilegal de marfil y la pérdida de hábitats naturales.
Las actividades de las guardaparques incluyen además el monitoreo de otras especies, la prevención de conflictos entre habitantes y animales y la protección de corredores ecológicos.
Akashinga atribuye sus resultados a una combinación de presencia territorial permanente y relaciones de confianza con las comunidades, más que exclusivamente al uso de armas o a la capacidad de respuesta ante amenazas inmediatas.
El empleo como herramienta de autonomía
El proyecto también ha modificado la vida económica de muchas de sus integrantes.
A través de sus salarios, las guardaparques pueden sostener a sus familias, financiar la educación de sus hijos, mejorar sus viviendas y desarrollar una independencia que antes les resultaba difícil alcanzar.
La organización informa que algunas integrantes han logrado adquirir propiedades, obtener licencias de conducir y acceder a estudios superiores.
El impacto se extiende a las comunidades rurales, donde el empleo vinculado con la conservación puede crear alternativas a actividades que perjudican los ecosistemas.
La idea central consiste en que las poblaciones cercanas a las reservas encuentren beneficios tangibles en la supervivencia de los animales y en la protección del territorio.
Cuando preservar la fauna genera ingresos, oportunidades laborales y mejores condiciones de vida, la conservación deja de depender exclusivamente de la presencia de patrullas armadas.
Así, las mujeres de Akashinga no solo cumplen funciones de vigilancia, sino que también se convierten en referentes sociales dentro de sus comunidades.
De 16 mujeres a una red de conservación africana
La experiencia inicial de Zimbabue permitió ampliar progresivamente el alcance de Akashinga.
En 2022 comenzó su expansión hacia Mozambique, donde se formaron nuevas unidades femeninas dedicadas a la protección de ecosistemas terrestres y costeros.
La organización también desarrolla actividades de conservación en Botsuana y Namibia.
Actualmente informa que, mediante sus diferentes programas y asociaciones, participa en la gestión y protección de más de 13 millones de acres, equivalentes a aproximadamente 5,3 millones de hectáreas.
Esa superficie comprende diversas iniciativas de conservación y no debe interpretarse como un territorio patrullado exclusivamente por las unidades femeninas.
La organización cuenta con más de 400 trabajadores locales e internacionales y proyecta continuar aumentando la participación de mujeres en las tareas de protección ambiental.
La conservación también depende de las comunidades
El proyecto constituye una alternativa a los modelos tradicionales de protección ambiental basados fundamentalmente en la vigilancia y la persecución de infractores.
La experiencia de Akashinga demuestra que las políticas de conservación pueden incorporar objetivos sociales y económicos sin abandonar las tareas de control.
Su estrategia busca que las comunidades participen de las decisiones, reciban beneficios y desarrollen un interés permanente en mantener los ecosistemas protegidos.
Este enfoque también ha generado debates. La utilización de personal armado en reservas naturales plantea interrogantes sobre la seguridad, el uso de la fuerza y las relaciones entre guardaparques y habitantes.
La organización sostiene que su modelo prioriza la prevención, la comunicación y la cooperación comunitaria, reservando los procedimientos de intervención para situaciones que lo requieren.
El documental Akashinga: The Brave Ones, producido por National Geographic y con participación del cineasta James Cameron como productor ejecutivo, contribuyó a dar proyección internacional a la experiencia y a las historias personales de sus protagonistas.
Proteger animales y transformar vidas
La historia de Akashinga plantea una pregunta que trasciende las fronteras africanas: ¿puede la conservación de la naturaleza convertirse también en una política de desarrollo social?
La experiencia de Zimbabue ofrece elementos para responder afirmativamente, aunque sus resultados deben analizarse considerando las condiciones particulares de los territorios y las comunidades donde se desarrolla.
No todas las reservas naturales enfrentan los mismos problemas, ni todos los programas pueden reproducirse de manera automática en otros países.
Sin embargo, la integración de empleo, capacitación, participación comunitaria y protección ambiental representa una estrategia que puede resultar relevante para otras regiones del mundo.
En el caso de Akashinga, mujeres que anteriormente enfrentaban situaciones de exclusión se convirtieron en protagonistas de la defensa de algunos de los ecosistemas más valiosos de África.
Su trabajo muestra que proteger la naturaleza no necesariamente significa elegir entre los animales y las personas.
En determinadas condiciones, preservar la biodiversidad puede convertirse también en una forma de construir oportunidades y mejorar la vida de quienes habitan los territorios protegidos.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias