FERREO

Argentina: control de venta de divisas ¿por qué?

10.11.2011

BUENOS AIRES, 10 Nov (UYPRESS) – Pocos días después de las elecciones en las que Cristina Fernández obtuvo una gran victoria, sin que nadie lo anunciara previamente el gobierno decretó un férreo control en la venta de divisas ¿Por qué?

Este debate se ha instalado en la sociedad argentina, pero la versión más aceptada es que el gobierno tiene que frenar la compra de dólares porque el comercio exterior ya no genera las divisas necesarias para cubrir los pagos al exterior ni para mantener las reservas, en una economía que sigue creciendo pero mucho menos que en el año 2010.

Si bien la inflación es muy elevada. El gobierno habla del 8% (INDEC) y nadie le cree, las provincias y los analistas privados calculan el 25% anual, pero el consumo interno comenzó a enfriarse y esto detuvo las presiones inflacionarias.

El comercio exterior ya no genera los dólares suficientes para hacer frente a las obligaciones en moneda extranjera, el pago de las importaciones y los servicios financieros, como intereses o giro de utilidades.

Este año la cuenta corriente de la balanza de pagos, que engloba todos esos rubros, “reflejaría su primer déficit, del 0,6% del PBI, en la etapa posterior a la convertibilidad (un peso un dólar del gobierno Menem y De la Rua) señal inequívoca que se agotó el colchón cambiario, más allá del tecnicismo que se utilice para calcularlo.

A esto se agrega que también la cuenta capital y financiera, a pesar de algunos préstamos recibidos, será deficitaria por los pagos de la deuda y la fuerte salida de capitales. Por esas razones el Banco Central fue perdiendo reservas. Después de haber alcanzado los US$52.618 millones a fines de enero, ahora las reservas rondan los US$47.400 millones. La perspectiva es que sigan cayendo porque en diciembre el Gobierno tiene que pagar los US$2.300 millones del cupón PBI, divisas que difícilmente reingresen al sistema en un contexto de salida de capitales que solo este año supera los US$20.000 millones.

Y este es el problema más grave, en 10 meses de este año, salieron del país y del sistema financiero nacional, más de 20.000 millones de dólares.

Ese drenaje incesante fue agotando las “reservas de libre disponibilidad” –así denominadas a las que exceden la base monetaria–, poniendo en duda los pagos de la deuda privada que se cancelan con esas reservas y que en el proyecto de Presupuesto 2012 están calculadas en US$ 5.674 millones.

Sin embargo, de acuerdo al último informe del Banco Ciudad, “la brecha financiera, aun después de las renovaciones automáticas de deuda dentro del sector público y los desembolsos de organismos multilaterales, rondaría el próximo año los US$ 15.000 millones, algo que implicaría un golpe demasiado grande para las decrecientes reservas del Banco Central (BCRA). La otra caja utilizada intensamente en estos años es la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES), pero allí tampoco los fondos son infinitos, a la vez que una tercera vía –alentada por algunos funcionarios– consistiría en salir a buscar financiamiento, probablemente caro, en los mercados internacionales. El problema es que esto último se daría de narices con la campaña contra los organismos internacionales y el endeudamiento internacional que realizó el gobierno.

A su vez, la salida de capitales, el incremento de la tasa de interés, la presión sobre el dólar empezaron a tener consecuencias sobre la actividad económica real ya que el atesoramiento de divisas fuera del sistema como el encarecimiento de los créditos y deudas implica sustraer o restar fondos al consumo y a la inversión interna.

Este panorama se completa con un cuadro fiscal que desde 2009 fue convirtiéndose en claramente deficitario, incluso a pesar de las transferencias de las utilidades contables del Banco Central al Tesoro. Este año el déficit fiscal podría superar los $14.000 millones, contando como recursos corrientes las ayudas del BCRA y la ANSeS. Y con una inflación anual del 25%, muy por encima de la tasa de devaluación, lo que fue apreciando en términos reales al peso.

La Argentina fue agotando los amortiguadores macroeconómicos que permiten atenuar el impacto de un shock externo sobre el nivel de actividad económica. Sin superávits fiscales ni de la balanza de pagos, sin acceso al mercado de deuda, ni margen para absorber más apreciación real del tipo de cambio sin que ello no ponga el otro pie en el camino al atraso cambiario, incrementa la posibilidad de una devaluación como variable de ajuste, más aún si empeora el contexto internacional, afirman los analistas económicos..

Todo este panorama se inserta en una crisis internacional que fue trasladándose a la región a través de la baja de los precios de los commodities y un retiro de capitales para cubrir las pérdidas de las casas matrices y fondos de inversión. Y que empezó a incidir de manera más fuerte en Brasil, y por esa vía en la Argentina.

En un cambio de tendencia, y apenas advirtió una desaceleración económica, Brasil empezó a reducir la tasa de interés para depreciar el real, que estaba supervalorizado, lo que beneficiaba a la Argentina. Esta modificación cambiaria introdujo mayor ruido en el segmento cambiario argentino.

Además, la producción industrial brasileña cambió de signo y el instituto oficial de estadística (IBGE) reconoció una caída en septiembre del 2% de la actividad manufacturera, a la vez que la entidad que agrupa a las concesionarias de autos informó que las ventas de vehículos nuevos en octubre cayeron un 10%. Casi de inmediato, algunas terminales radicadas en la Argentina –que colocan más de la mitad de la producción en el vecino país– anunciaron suspensiones y vacaciones anticipadas a parte de su personal.

Como señala el informe del Banco Ciudad, “pasadas las elecciones presidenciales, la demanda de dólares del público y empresas continuó firme”, a pesar de que el Gobierno empezó a impulsar una suba de la tasa de interés para disuadir el pasaje de los depósitos en pesos a dólares. “Lejos de ceder, la fuga de dólares se mantuvo en niveles similares a los de las semanas previas, apuntando a sumar en octubre (al igual que en septiembre) un pico de US$3.700 millones mensuales, el cual arroja la friolera de US$22.000 millones en los últimos doce meses”.

Efectos sobre las causas En este marco es que el Banco Central anunció varias medidas dirigidas “a ampliar la oferta y reducir la demanda de dólares, al resultar claramente insuficientes las subas de tasas y las operaciones en los mercados de futuros encaradas antes de las elecciones”, como dijo el Banco Ciudad.

Estas medidas incluyeron: La obligación de las compañías mineras y petroleras de liquidar localmente el 100% de las divisas de sus exportaciones, anulando la posibilidad de dejar parte o todas esas divisas en el exterior.

Repatriación de unos US$2.000 millones de los fondos que las compañías aseguradoras tienen invertidos en el exterior.

La obligatoriedad de los no residentes a ingresar los dólares destinados a la compra de activos locales (incluyendo empresas, aportes de capital o inmuebles).

Un mayor control sobre la operatoria en los mercados cambiarios paralelos, fundamentalmente bajo la operatoria del denominado “contado con liquidación”.

La presencia de efectivos de las fuerzas de seguridad y de la AFIP en las casas de cambio, apuntando principalmente a los “coleros”.

Como todo esto no surtió efecto porque la fuga continuó, y hasta se aceleró, los argentinos se desayunaron que, desde el lunes 31 de octubre, para la compra de moneda extranjera se requeriría la autorización previa de la AFIP.

Así, bancos y casas de cambio, con sus sistemas conectados online, debían recibir la conformidad de la AFIP para vender cualquier moneda extranjera y en la cantidad autorizada por ese organismo. Y esa autorización de la AFIP dependía de la situación patrimonial, ingresos, consumos y otros parámetros declarados por cada contribuyente.

En tanto, hubo retiros de depósitos en moneda extranjera en los bancos por el temor a una pesificación o conversión a bonos y se trabaron operaciones inmobiliarias por la falta de dólares. Y el BCRA volvió a impulsar pequeños deslizamientos de la paridad cambiaria.

El miércoles hubo otra novedad. Ya con el proyecto de Presupuesto 2012 en el Congreso que contempla una suba del 19,2% en el monto de los subsidios, el Gobierno anunció que comenzará a reducir los subsidios a los servicios públicos –en lo inmediato de $600 millones, menos del 1% de los más de $70.000 millones del total–, en lo que se interpretó como un anuncio para tratar de sacar el tema cambiario de las preocupación de la gente, y obtener un apoyo de sectores empresarios y de la propia oposición. De todos modos, por la magnitud de los subsidios, cualquier reducción debería llevar varios años, pues, de lo contrario, tendría un muy fuerte impacto sobre la inflación y sería contractivo para la actividad económica.

Hoy, el mercado de cambios, en los hechos, está desdoblado, con una brecha no menor del 15%. La demanda de moneda extranjera está contenida por el requisito del visto bueno de la AFIP. La inflación sigue sostenida y ya comienzan algunas paritarias (con reclamos de más del 26%) que deben definir las subas salariales para enero de 2012. Y son muy fuertes los trascendidos de que no hay criterios uniformes entre Economía y el BCRA sobre cómo enfrentar la situación.

 

 

 

 

Internacionales
2011-11-10T12:04:00

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