INTERNACIONAL
Asia siente en la vida diaria el impacto de las restricciones en Ormuz
11.04.2026
NUEVA DELHI/DHAKA/COLOMBO (Uypress) – El cuello de botella en el estrecho de Ormuz ya no se mide solo en mercados o geopolítica: en varios países de Asia y de su periferia se traduce en colas para conseguir gas, racionamiento de combustibles, menos transporte, presión sobre alimentos y restricciones al trabajo y a la movilidad. Reuters recordó que antes de la crisis por esa vía pasaba cerca de 20% del petróleo mundial
En India, uno de los impactos más visibles apareció en algo tan básico como la comida callejera y los pequeños restaurantes. Reuters informó que la escasez de cilindros de gas comercial obligó a muchos locales a reducir operaciones en plena temporada alta, afectando incluso el consumo de aceites y azúcar. Un vendedor de chole bhature dijo que estuvo días sin poder abrir por falta de gas y que, aun cuando consiguió un cilindro, no sabe cuándo recibirá el siguiente. El gobierno respondió con recortes de impuestos a naftas y gasoil, desvío de gas hacia usuarios prioritarios y mayores órdenes de producción de GLP.
En Bangladesh, la crisis golpea sobre todo al campo. Reuters reportó que la falta de diésel, las ventas racionadas y las largas colas en estaciones están complicando el riego en plena siembra del arroz de verano, un cultivo clave para un país de 175 millones de habitantes. Agricultores consultados por la agencia contaron que pasan el día esperando combustible y la noche trabajando la tierra, con temor a menores rindes y a un nuevo empuje de la inflación alimentaria.
Sri Lanka, todavía frágil tras su propia crisis financiera, volvió a sentir el impacto energético de forma directa. Reuters consignó que el país racionó combustibles, subió los precios en surtidor alrededor de 35% y hasta declaró feriados los miércoles para ahorrar consumo. A eso se suman recortes en trenes y ómnibus y nuevas presiones sobre tarifas eléctricas, en un cuadro donde el encarecimiento de la energía vuelve a tensar reservas y cuentas públicas.
En Nepal, el efecto inmediato fue el miedo al desabastecimiento. Reuters informó que las autoridades empezaron a rellenar solo la mitad de los cilindros de gas doméstico para evitar acaparamiento, mientras se multiplicaban las filas frente a las plantas de recarga. El dato es revelador: aun sin una interrupción total del suministro, la sola amenaza sobre Ormuz disparó compras de pánico y obligó al Estado a racionar para calmar a la población.
El impacto alcanza también a países del sudeste asiático donde el problema no es solo abastecer hogares, sino sostener la vida urbana y la actividad económica. Indonesia limitó las ventas de combustible a 50 litros diarios por automóvil y adoptó trabajo remoto parcial para empleados públicos; Tailandia ordenó teletrabajo, reducción de viajes oficiales y ahorro estricto de energía en oficinas; Malasia advirtió que sus reservas solo alcanzaban hasta fines de mayo y abrió vías especiales para evitar faltantes de medicamentos y dispositivos médicos.
Más al norte, Corea del Sur buscó asegurar crudo, nafta y hasta helio para su industria, mientras sus refinerías operaban entre 10% y 20% por debajo de lo normal. Y en la región aérea, la presión también empieza a sentirse: Reuters calculó que al menos 400.000 barriles diarios de combustible de aviación que normalmente se producen en Asia-Pacífico con crudo que pasa por Ormuz quedaron afectados, anticipando más recortes de vuelos y mayores costos para pasajeros y logística.
Así, la crisis dejó de ser un problema lejano de petroleros y cancillerías. En Asia, las restricciones en Ormuz ya se expresan en frituras que no se cocinan, arroz que no se riega, oficinas que cierran antes, transporte que se reduce y familias que vuelven a hacer fila para conseguir energía. La dimensión social del shock, más que el precio internacional del barril, es lo que empieza a marcar el verdadero alcance de la crisis.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias