PERÚ / BALOTAJE PRESIDENCIAL
Boca de urna marca empate técnico en Perú y deja abierto el balotaje
07.06.2026
LIMA (Uypress) – Los primeros sondeos a boca de urna en Perú no muestran un ganador claro en la segunda vuelta presidencial entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, en una elección marcada por la polarización, la desconfianza institucional y el temor a un conteo prolongado.
El sondeo de Ipsos difundido al cierre de la votación ubicó a Fujimori, candidata de Fuerza Popular, con 50,7% de los votos, frente a 49,3% para Sánchez, de Juntos por el Perú. La diferencia se encuentra dentro del margen de error de tres puntos, por lo que el resultado debe considerarse un empate técnico.
Una medición de Datum, difundida por El Comercio, mostró una diferencia todavía menor: 50,53% para Fujimori y 49,47% para Sánchez. Ambos datos confirman que la elección quedó abierta y que será necesario esperar el avance del conteo rápido y los resultados oficiales de la ONPE.
Los primeros resultados oficiales difundidos por Reuters mostraban a Fujimori con 52,49% y a Sánchez con 47,50%, pero con apenas alrededor de 13% de los votos contabilizados. La propia agencia advirtió que los votos de Lima, bastión fujimorista, suelen contarse primero, mientras que Sánchez podría recuperar terreno a medida que ingresen actas de zonas rurales.
El candidato de izquierda pidió prudencia tras conocerse el boca de urna. “Nadie puede decir ya gané o ya perdí”, afirmó Sánchez, al señalar que el empate estadístico obliga a esperar los datos oficiales y respetar el proceso electoral.
La cautela tiene antecedentes. En 2021, la boca de urna también había colocado a Keiko Fujimori por delante de Pedro Castillo, pero el conteo oficial terminó revirtiendo la tendencia y dio la victoria al candidato de izquierda por un margen mínimo.
La segunda vuelta peruana enfrentó dos proyectos opuestos. Fujimori hizo campaña con un discurso de orden, seguridad, defensa de la inversión privada y recuperación de la autoridad estatal frente al crimen organizado. Sánchez se presentó como una alternativa de cambio, con mayor presencia estatal, nueva Constitución, redistribución de la riqueza minera y vínculos con sectores rurales y populares.
La elección también se desarrolló bajo la sombra de la primera vuelta de abril, que estuvo marcada por problemas logísticos, demoras en la instalación de mesas, reclamos y un conteo que tardó casi un mes en confirmar a los dos finalistas.
El Jurado Nacional de Elecciones ya había advertido que los resultados definitivos de la segunda vuelta podrían demorar si se presentan actas observadas, impugnaciones o pedidos de revisión. En un escenario tan ajustado, cada voto puede adquirir valor político y judicial.
Para los mercados, el resultado también es sensible. Fujimori es vista como la candidata más favorable a la continuidad del modelo económico y a la inversión privada, mientras Sánchez generó preocupación por sus propuestas de revisión constitucional, mayor regulación minera y redistribución de recursos. Sin embargo, el candidato de izquierda intentó moderar su mensaje en la recta final y prometió respetar contratos y la autonomía del Banco Central.
La incertidumbre electoral puede impactar sobre el sol peruano, la bolsa y los bonos en las próximas horas, especialmente si el conteo se mantiene cerrado o si alguno de los comandos de campaña cuestiona el proceso.
Perú llega a esta definición con una economía relativamente sólida, reservas internacionales elevadas y un Banco Central respetado, pero con una institucionalidad política debilitada. El país tuvo ocho presidentes en una década y mantiene altos niveles de desconfianza hacia el Congreso, los partidos y las autoridades electorales.
La jornada de votación fue observada por organismos nacionales e internacionales y, según la ONPE y reportes iniciales, transcurrió sin incidentes mayores. Aun así, la principal prueba del sistema electoral comenzará ahora: procesar las actas, resolver eventuales observaciones y proclamar un resultado aceptado por los actores políticos.
El próximo presidente deberá asumir el 28 de julio y gobernar un país fragmentado, con un Congreso sin mayorías claras, alta inseguridad ciudadana, presión social y fuertes diferencias territoriales entre Lima, la costa, el sur andino y las zonas rurales.
El boca de urna dejó una única certeza: Perú deberá esperar. Con diferencias mínimas, antecedentes de reversión en el conteo y una memoria electoral reciente cargada de denuncias, la prudencia será clave para evitar que una elección ajustada se transforme en una nueva crisis política.
Imagen: AFP
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias