CHINA / ÁFRICA Y GEOPOLÍTICA

China abre su mercado a África y acelera su disputa de influencia con Occidente

03.05.2026

BEIJING (Uypress) – China aplicó desde el 1° de mayo una política de arancel cero para productos de 53 países africanos con los que mantiene relaciones diplomáticas. La medida busca ampliar comercio, inversión e influencia política en África, en plena competencia global con Estados Unidos y Europa.

La decisión fue presentada por Xinhua como una política “histórica” de apertura hacia África. China ya había eliminado aranceles para 33 países africanos menos desarrollados desde diciembre de 2024, pero ahora extendió el beneficio a otros 20 países, incluidos mercados de mayor peso como Sudáfrica, Egipto, Nigeria, Kenia y Argelia. El único país africano excluido es Eswatini, que mantiene vínculos diplomáticos con Taiwán.

El esquema tendrá una vigencia inicial de dos años para los países que no integran la categoría de menos desarrollados. Durante ese período, Beijing buscará avanzar hacia un acuerdo de Asociación Económica China-África para el Desarrollo Compartido, que convertiría el arancel cero en un mecanismo más estable. Entre los productos beneficiados aparecen cacao de Costa de Marfil y Ghana, café y aguacates de Kenia, y cítricos y vino de Sudáfrica, que antes enfrentaban aranceles de entre 8% y 30%.

La medida tiene una dimensión comercial clara. China es el mayor socio comercial de África y el intercambio bilateral alcanzó en 2025 un récord de US$348.000 millones. Pero la relación sigue siendo profundamente asimétrica: China exportó al continente unos US$225.000 millones e importó US$123.000 millones, lo que amplió el déficit comercial africano.

Ese desequilibrio es uno de los puntos más sensibles. Durante años, África exportó principalmente materias primas —petróleo, minerales, productos agrícolas— e importó bienes manufacturados chinos de mayor valor agregado. La promesa de Beijing es que el arancel cero, combinado con inversión, tecnología y procesamiento local, ayude a industrializar cadenas africanas. El riesgo es que la apertura termine reforzando el patrón tradicional: África como proveedora primaria y China como gran plataforma industrial.

La política arancelaria forma parte de una estrategia más amplia. En la cumbre del Foro de Cooperación China-África de 2024, Xi Jinping prometió cerca de US$51.000 millones en apoyo financiero durante tres años, más proyectos de infraestructura y la creación de al menos un millón de empleos. Reuters informó que el paquete incluye líneas de crédito, inversión de empresas chinas, asistencia militar y programas de cooperación en industria, agricultura, infraestructura, comercio e inversión.

La presencia china en África no es nueva ni se limita al comercio. Según la base de datos Chinese Loans to Africa, del Global Development Policy Center de Boston University, entre 2000 y 2024, 42 prestamistas chinos firmaron 1.319 compromisos de préstamos por US$180.870 millones con 49 gobiernos africanos y siete instituciones regionales. En 2025, el flujo de nuevos préstamos bajó a poco menos de US$2.100 millones, lo que muestra una recalibración: menos financiamiento masivo y más foco en proyectos selectivos, comercio, inversión y cadenas productivas.

Beijing presenta esta política como una respuesta al proteccionismo occidental. El Ministerio de Relaciones Exteriores chino sostuvo que el arancel cero es una muestra de “apertura unilateral” y una herramienta para fortalecer la cooperación del Sur Global. En el discurso oficial, China ofrece acceso a mercado sin exigir reciprocidad inmediata ni condicionar asuntos internos de los países africanos.

Pero también hay cálculo geopolítico. En un continente de 1.500 millones de habitantes, con peso creciente en minerales críticos, energía, alimentos, infraestructura, puertos y votos en organismos multilaterales, ampliar relaciones económicas equivale a ganar presencia estratégica. La exclusión de Eswatini, único país africano con relaciones diplomáticas con Taiwán, muestra que la apertura comercial también funciona como instrumento de presión diplomática dentro de la política de “una sola China”.

La disputa con Estados Unidos es cada vez más visible. Reuters informó que el corredor de Lobito, impulsado por Washington y socios africanos e internacionales, busca conectar minas de cobre y cobalto en Zambia y República Democrática del Congo con el puerto atlántico de Lobito, en Angola. El proyecto, estimado entre US$3.000 millones y US$5.000 millones, es presentado como una respuesta occidental a la influencia china en infraestructura y minerales estratégicos.

Ese contrapunto confirma que África volvió a ocupar un lugar central en la competencia global. China ofrece mercado, financiamiento, infraestructura y manufacturas; Estados Unidos y Europa intentan recuperar espacio con corredores logísticos, minerales críticos, energía y financiamiento alternativo. Para los países africanos, esa rivalidad puede abrir oportunidades si logran negociar transferencia tecnológica, empleo local, industrialización y mejores términos comerciales.

La política de arancel cero no convierte automáticamente a China en un socio desinteresado ni resuelve los problemas estructurales africanos. Pero sí marca un movimiento estratégico de gran alcance: Beijing busca presentarse como el socio comercial más abierto para África en un momento de proteccionismo occidental, tensiones geopolíticas y disputa por recursos críticos.

La pregunta de fondo es si esta nueva etapa permitirá a África vender más productos con valor agregado o si solo profundizará una relación desigual con otro centro de poder global. Para China, la respuesta ya está en marcha: abrir su mercado, consolidar alianzas, aislar diplomáticamente a Taiwán, asegurar recursos y fortalecer su liderazgo en el Sur Global. Para África, el desafío será transformar esa apertura en desarrollo propio, y no apenas en una nueva dependencia.

Internacionales
2026-05-03T12:44:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias