China expone su modelo de desarrollo a periodistas extranjeros y reivindica la batalla por la narrativa global

25.07.2026

BEIJING (Uypress) – Académicos, funcionarios y comunicadores chinos defendieron ante periodistas extranjeros el modelo de desarrollo del país, reivindicaron la erradicación de la pobreza extrema y explicaron por qué consideran que la batalla por la narrativa internacional es tan importante como el crecimiento económico.

El seminario, organizado por el Grupo de Comunicaciones Internacionales de China en coordinación con el Ministerio de Comercio, reunió a profesionales de medios de América Latina, África, Asia y Europa durante tres semanas de conferencias, visitas a ciudades y encuentros con especialistas. El objetivo declarado fue acercar a los participantes a la historia, la cultura y los avances de la modernización al estilo chino, un concepto que Pekín promueve como alternativa al modelo occidental de desarrollo.
Los expositores centraron buena parte de sus discursos en la erradicación de la pobreza extrema, logro que China declaró oficialmente en 2020 tras ocho años de esfuerzos concentrados. Según cifras del gobierno chino y del Banco Mundial, alrededor de 800 millones de personas salieron de la pobreza en las últimas décadas, una cifra que representa más de tres cuartas partes de la reducción de pobreza a nivel mundial en ese período. Los académicos presentaron el caso como evidencia de que un sistema de planificación a largo plazo, combinado con experimentación local y rendición de cuentas de los funcionarios, puede lograr resultados que los modelos basados únicamente en el mercado no han conseguido en otros contextos.
Uno de los ejes recurrentes del seminario fue la idea de que el crecimiento económico no basta si no se acompaña del control de la narrativa internacional. Varios comunicadores oficiales sostuvieron que China enfrenta una campaña sistemática de desinformación por parte de medios occidentales que, según ellos, distorsionan la realidad del país y presentan su modelo político como una amenaza. En ese sentido, la batalla por la narrativa fue presentada no como un ejercicio de propaganda, sino como una forma de corrección de lo que consideran una imagen sesgada construida desde fuera.
Los funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores que participaron en el evento enfatizaron que China no busca exportar su sistema político, pero sí defender su derecho a contar su propia historia sin intermediarios. Señalaron que el relato dominante en la prensa internacional, especialmente en lengua inglesa, ignora los avances materiales del país y magnifica los conflictos territoriales o las tensiones comerciales. Para contrarrestar eso, Pekín ha multiplicado en los últimos años sus inversiones en medios de comunicación internacionales, plataformas digitales y programas de intercambio con periodistas de países en desarrollo.
Durante las sesiones, los participantes visitaron provincias rurales donde se implementaron programas de desarrollo sostenible, centros tecnológicos en Shenzhen y proyectos de energía renovable en el norte del país. Los organizadores buscaban que los periodistas extranjeros vieran de primera mano la transformación material del territorio, lejos de las narrativas que, según Pekín, reducen a China a sus tensiones geopolíticas.
El seminario se inscribe en una estrategia más amplia de diplomacia pública que China ha intensificado desde 2020. El país ha pasado de ser un receptor de información sobre sí mismo a un emisor activo, con agencias de noticias estatales que operan en múltiples idiomas, acuerdos de contenido con medios latinoamericanos y africanos, y una presencia creciente en redes sociales globales. El mensaje subyacente es que el ascenso chino no es una anomalía autoritaria, sino una variante legítima de desarrollo que otros países del Sur Global podrían considerar.
Los críticos del modelo, incluidos analistas occidentales y organizaciones de derechos humanos, sostienen que estos programas de intercambio buscan cooptar a periodistas de países en desarrollo mediante un acceso privilegiado y un tratamiento favorable, en contraste con las restricciones que enfrentan los corresponsales extranjeros acreditados en China. También señalan que la narrativa oficial omite los costos humanos de las políticas de desarrollo, como el desplazamiento forzado, la represión de minorías étnicas en Xinjiang y el control estricto de la información.
Para los organizadores del seminario, esas críticas son precisamente el tipo de sesgo que intentan corregir. Uno de los académicos presentes afirmó que cada país tiene derecho a elegir su propio camino y que la pretensión de imponer un único modelo de democracia es en sí misma una forma de colonialismo intelectual. Esa línea argumentativa, recurrente en los discursos oficiales chinos, apela a la soberanía y al multilateralismo como contrapeso al liderazgo estadounidense en los organismos internacionales.
El evento concluyó con una declaración conjunta en la que los participantes —en calidad personal, no como representantes de sus medios— reconocieron la importancia de conocer de primera mano la realidad de los países antes de informar sobre ellos. La formulación, ambigua en su alcance, fue leída por algunos asistentes como un gesto de cortesía diplomática y por otros como una muestra de la efectividad del formato en generar adhesión simbólica.
Lo cierto es que China está invirtiendo recursos crecientes en moldear la percepción internacional de su modelo. Ya no se trata solo de crecer: se trata de que el mundo entienda por qué crece de esta manera. La batalla por la narrativa, en palabras de uno de los funcionarios presentes, es la batalla por el siglo XXI.

Internacionales
2026-07-25T17:14:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias