INTERNACIONALES / ENERGÍA

China gana peso en Cuba con parques solares en medio de una crisis eléctrica crítica

15.07.2026

LA HABANA (Uypress) – Cuba volvió a quedar a oscuras en medio de una crisis energética que combina falta de combustible, infraestructura envejecida, sanciones estadounidenses y creciente dependencia de socios externos. En ese escenario, China se consolida como actor clave en la estrategia cubana para acelerar la instalación de parques solares y reducir, al menos parcialmente, el peso del petróleo en la generación eléctrica.

Reuters informó que el sistema eléctrico nacional cubano colapsó el martes 14 de julio, en lo que fue la tercera caída general en nueve días. El Ministerio de Energía y Minas habló de una “desconexión total del sistema eléctrico”, mientras las autoridades intentaban recomponer el suministro mediante “microislas” eléctricas para priorizar hospitales, industrias alimentarias y servicios esenciales.

La crisis no es solo técnica. Cuba enfrenta una fuerte escasez de combustible desde comienzos de año. AP informó que la isla produce apenas 40% del combustible que necesita y que no tiene a la vista una solución estable para las importaciones. Reuters atribuyó la profundización del problema al bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos, que afectó el suministro desde Venezuela y México.

Ese vacío energético abrió espacio para una respuesta china centrada en la energía solar. The Washington Post informó que China está ayudando a Cuba a acelerar la captura de energía renovable mediante equipamiento, asistencia técnica y financiamiento, en un contexto en el que la isla atraviesa su peor crisis energética en décadas. Según ese medio, las exportaciones chinas de equipos solares a Cuba pasaron de unos US$ 5 millones en 2023 a US$ 117 millones en 2025.

El plan cubano prevé instalar 92 parques solares fotovoltaicos hasta 2028, con una capacidad total de 2.012 megawatts. Granma informó que el primer parque del programa fue sincronizado al Sistema Eléctrico Nacional en febrero de 2025, con una potencia de 21,87 MW, y que la transición busca reducir el uso de combustibles fósiles e importaciones energéticas.

Reuters ya había informado en marzo de 2025 que Cuba avanzaba en un plan respaldado por China para instalar más de 50 parques solares durante ese año, con capacidad superior a 1.000 MW. El objetivo oficial más amplio es que las fuentes renovables lleguen a 24% de la generación eléctrica hacia 2030, frente a alrededor de 4% en ese momento.

El apoyo chino también incluye donaciones directas. Granma informó que China entregó insumos para instalar otros 120 MW en parques solares fotovoltaicos, en un proyecto ejecutado por Shanghai Electric y la Unión Eléctrica de Cuba. Esa cooperación comprende una primera fase de 35 MW y una segunda de 85 MW, con instalaciones previstas en varias provincias.

Para La Habana, la apuesta solar tiene una lógica inmediata: cada megawatt generado durante el día reduce consumo de diésel y fueloil, combustibles que Cuba no logra importar en cantidad suficiente. También permite aliviar parcialmente la generación distribuida, disminuir el uso de motores térmicos y reservar combustible para horarios de mayor demanda.

Pero la energía solar no resuelve por sí sola la crisis. El propio presidente Miguel Díaz-Canel reconoció, según The Washington Post, que aun con el aumento de la capacidad fotovoltaica Cuba sigue necesitando petróleo. El problema es estructural: termoeléctricas antiguas, falta de repuestos, redes deterioradas, bajo financiamiento, dependencia de importaciones y una economía sin margen para sostener inversiones de gran escala.

El especialista Jorge Piñón, entrevistado por UyPress en junio, advirtió precisamente sobre ese límite: la energía solar puede ser útil y rentable, pero no alcanza para sostener por sí sola un sistema eléctrico nacional. Cuba necesita generación de base, respaldo, combustibles, mantenimiento y diversificación real de su matriz.

La dimensión geopolítica es evidente. China no solo vende paneles o financia infraestructura; utiliza su dominio global en tecnologías renovables como herramienta de influencia. En Cuba, esa presencia tiene un valor estratégico particular: ocurre a menos de 200 kilómetros de Florida, en un país sometido a fuertes presiones de Washington y con una histórica dependencia energética de aliados externos.

El discurso chino presenta la cooperación como apoyo humanitario y económico. Pero también consolida una posición de poder en el Caribe. Al suministrar equipamiento, tecnología, financiamiento y capacidad de instalación, Beijing gana influencia sobre una infraestructura crítica en un país donde Estados Unidos intenta aumentar la presión política y económica.

Para Cuba, el margen de maniobra es reducido. La isla necesita electricidad para sostener hospitales, transporte, alimentos, agua, comunicaciones, pequeñas empresas y vida cotidiana. AP informó que los apagones ya afectan actividades básicas como cocinar, abastecerse de agua, conectarse a internet y trasladarse, mientras muchas familias recurren a paneles, baterías portátiles, motos eléctricas y triciclos con apoyo fotovoltaico para sobrevivir a los cortes.

La paradoja es que Cuba tiene buenas condiciones naturales para la energía solar, pero llega tarde y en emergencia. Lo que podría haber sido una transición planificada aparece ahora como una carrera contra el colapso. Los parques solares pueden reducir parte del déficit diurno, pero requieren baterías, redes estables, inversión continua y respaldo térmico o renovable para la noche y los picos de demanda.

El avance chino ofrece oxígeno, pero también genera dependencia. La isla reemplaza una vulnerabilidad, la del petróleo importado, por otra: la dependencia tecnológica, financiera y logística de un proveedor dominante. En un contexto de sanciones, aislamiento y falta de divisas, esa dependencia puede ser inevitable, pero no deja de tener costos estratégicos.

La crisis cubana muestra una tendencia más amplia. La energía ya no es solo una cuestión económica o ambiental; es también un campo de disputa geopolítica. Estados Unidos presiona sobre combustibles y financiamiento. China responde con paneles solares, baterías y obras rápidas. Cuba queda en el centro de esa pulseada, intentando evitar que la falta de electricidad se transforme en una crisis social todavía mayor.

La energía solar puede ser una salida parcial, pero no una solución total. Para que el programa chino tenga impacto sostenido, Cuba necesita estabilizar su red, incorporar almacenamiento, recuperar plantas de base, mejorar mantenimiento y garantizar una política energética que no dependa exclusivamente de la urgencia ni de la ayuda externa.

Por ahora, los apagones siguen marcando la vida cotidiana. El avance de los parques solares muestra una dirección posible, pero también la magnitud del problema: Cuba no solo necesita más paneles. Necesita reconstruir un sistema eléctrico nacional que lleva años funcionando al límite.

Imagen: Ahora.cu / archivo

Internacionales
2026-07-15T14:34:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias