EEUU-CHINA / NUEVA TENSIÓN COMERCIAL

China rechaza acusaciones de trabajo forzoso y critica nuevos aranceles de Trump

03.06.2026

PEKÍN (Uypress) – China rechazó este miércoles las acusaciones de trabajo forzoso utilizadas por Estados Unidos para justificar una nueva propuesta de aranceles, en un episodio que vuelve a tensar la relación comercial entre las dos mayores economías del mundo.

La respuesta de Pekín se produjo después de que la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos propusiera aplicar aranceles adicionales a importaciones procedentes de 60 economías, tras una investigación sobre supuestas fallas para impedir el ingreso de bienes producidos con trabajo forzoso.

La medida forma parte de la estrategia de la administración de Donald Trump para reconstruir su agenda arancelaria luego de reveses judiciales en Estados Unidos. El nuevo esquema se apoya en la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, una herramienta utilizada para responder a prácticas consideradas desleales o perjudiciales para el comercio estadounidense.

Según el planteo del USTR, los países investigados no impusieron o no aplicaron de manera suficiente prohibiciones a la importación de bienes producidos mediante trabajo forzoso. En función de esa evaluación, Washington propuso aranceles adicionales de 10% o 12,5%, según el nivel de regulación o compromiso asumido por cada economía.

China quedó dentro del grupo expuesto a la tasa de 12,5%, junto a otros socios comerciales relevantes como India, Japón, Corea del Sur, Vietnam, Australia y Nueva Zelanda. La Unión Europea, Reino Unido, Canadá y México aparecen en otra categoría, con una tasa propuesta de 10% o con exenciones parciales vinculadas a acuerdos comerciales o productos específicos.

La vocera del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Mao Ning, afirmó que el “llamado trabajo forzoso” no existe en China y acusó a Washington de utilizar ese argumento como pretexto para la manipulación política y la imposición de medidas comerciales unilaterales.

Pekín sostuvo además que se opone a todas las formas de aranceles unilaterales y que las diferencias económicas y comerciales deben resolverse mediante diálogo y consultas, sobre la base de igualdad, respeto mutuo y reciprocidad.

El punto más sensible de la disputa vuelve a ser Xinjiang. Estados Unidos sostiene desde hace años que productos vinculados a esa región, especialmente algodón, textiles, paneles solares y componentes industriales, pueden estar asociados a trabajo forzoso de minorías musulmanas. China rechaza esas denuncias y las considera parte de una campaña política contra su modelo de desarrollo.

La propuesta estadounidense no se limita a China. También alcanza a aliados tradicionales de Washington, lo que generó cuestionamientos en Europa, Canadá y otros países. Varios gobiernos sostienen que ya cuentan con normas contra el trabajo forzoso y que la administración Trump está utilizando el tema como base jurídica para reinstalar barreras comerciales más amplias.

El USTR abrió un período de consulta pública hasta el 6 de julio y prevé realizar audiencias el 7 de julio antes de adoptar una decisión final. La medida incluye además una extensa lista de exenciones para productos sensibles, entre ellos petróleo, medicamentos, alimentos, minerales críticos, piezas aeronáuticas y determinados bienes sujetos a otros regímenes arancelarios.

La tensión llega en un momento de relación inestable entre Washington y Pekín. Aunque ambos gobiernos han intentado mantener canales de negociación, la disputa por aranceles, tecnología, subsidios industriales, controles de exportación y cadenas de suministro sigue ocupando el centro de la agenda bilateral.

Para China, el nuevo movimiento confirma que Estados Unidos busca contener su competitividad mediante instrumentos comerciales, incluso bajo argumentos laborales o de derechos humanos. Para Washington, en cambio, la medida apunta a proteger a trabajadores y empresas estadounidenses de una competencia que considera distorsionada.

El episodio muestra cómo el trabajo forzoso pasó de ser una discusión de derechos humanos a convertirse en una herramienta central de política comercial. La consecuencia inmediata es una nueva capa de incertidumbre para empresas que dependen de cadenas globales de suministro y que ahora deberán evaluar no solo costos, sino también origen, trazabilidad y riesgo regulatorio.

La disputa todavía no implica la aplicación automática de los nuevos aranceles, pero sí marca un nuevo capítulo en la competencia económica entre Estados Unidos y China. Si la propuesta avanza, el comercio bilateral volverá a quedar bajo presión y aumentará el riesgo de represalias, negociaciones cruzadas o nuevas excepciones sectoriales.

Internacionales
2026-06-03T13:11:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias