Cuba después de la Revolución: el desafío de no vivir contra el pasado

12.09.2026

LA HABANA (Uypress)- El intelectual argentino Rubén Chababo publicó en la plataforma CubaxCuba un ensayo donde plantea que una transición democrática deberá juzgar seis décadas de régimen sin borrar su historia ni perpetuar la lógica que busca superar.

 

Chababo, profesor en Letras por la Universidad Nacional de Rosario y director del Museo de la Memoria de esa ciudad entre 2002 y 2014, sostiene que el ciclo histórico abierto en 1959 se aproxima a su fin y que «el paisaje de oscuridad, desesperación y ruina en el que sobreviven sus habitantes es la imagen más representativa de su presente».

El ensayo abre con dos citas del escritor Mario Vargas Llosa que funcionan como síntesis de la trayectoria intelectual de toda una generación latinoamericana: «A ningún latinoamericano escapa que la Revolución Cubana inaugura la transformación de América», escribió en el diario Revolución de La Habana en 1965; y luego, en 2019, ante Radio Martí: «El mito de Cuba ya se ha despedazado».

Para Chababo, Cuba no fue únicamente un acontecimiento cubano, sino también un fenómeno latinoamericano y mundial que durante la segunda mitad del siglo XX concentró la mirada de intelectuales de todo el espectro ideológico. Esa pluralidad de experiencias es precisamente lo que hace tan compleja la cuestión de la memoria futura: «No habrá, por lo tanto, una sola Cuba cuando se hable de ella en tiempo pasado. Habrá muchas Cubas, construidas desde experiencias y posiciones diferentes».

Para articular su argumento, el autor recurre a dos marcos teóricos. El primero es el concepto de «marcos sociales de la memoria» del sociólogo francés Maurice Halbwachs, quien demostró que no recordamos solos sino desde los grupos a los que pertenecemos. El segundo es la noción de «justa memoria» del filósofo Paul Ricoeur: «La justa memoria no supone que todas las memorias sean igualmente verdaderas ni que todas las experiencias posean el mismo valor moral. Reconocer la pluralidad del recuerdo no obliga a suspender el juicio histórico».

Esa memoria deberá conjugar realidades profundamente contradictorias: la fascinación que la Revolución despertó en el joven Vargas Llosa conviviendo con el terror que ya entonces recorría a escritores como Virgilio Piñera, hostigado por las «patrullas morales de la Seguridad del Estado» porque su vida y su obra no se adecuaban al modelo de parametrización. 

Chababo advierte que la Cuba futura deberá evitar dos tentaciones simétricas: «convertir el fin del régimen en una gigantesca operación de borramiento, actuando como si las décadas transcurridas desde 1959 hubieran sido solamente un error histórico», o conservar el relato de la Revolución como una totalidad cerrada incapaz de admitir sus contradicciones.

El autor establece además una distinción que considera decisiva: la diferencia entre un momento «anti» y un momento «post». El primero se define por aquello que combate y corre el riesgo de reproducir, aunque invertida, la lógica binaria del régimen anterior. «Una Cuba democrática tendrá que aprender a vivir después de la Revolución sin necesitar vivir permanentemente contra la Revolución», escribe. «Si el nuevo orden solo pudiera definirse por su oposición al anterior, el pasado continuaría gobernando el presente, aunque lo hiciera bajo un signo inverso».

El ensayo también llama a una autocrítica de quienes, desde fuera de la isla, contribuyeron a construir el mito revolucionario, y señala que las sucesivas dirigencias cubanas tendrán que responder por la violencia estatal y la persecución política. 

El texto se inscribe en un debate que en 2026 ha cobrado especial intensidad. El Centro de Estudios Convivencia presentó su Catálogo de Propuestas 2026 con 20 áreas temáticas elaboradas por más de 991 expertos, mientras que las rutas posibles hacia una transición siguen siendo objeto de análisis. Todo ello ocurre mientras Prisoners Defenders documenta 1,327 presos políticos en la isla al cierre de julio de 2026, la cifra más alta registrada por esa organización.

«Ese será acaso el mayor desafío de la Cuba futura», concluye Chababo: «no decidir de antemano qué Cuba merece ser recordada, sino crear las condiciones para que ingresen en la conversación histórica las distintas Cubas que coexistieron durante estas décadas: la Cuba de la utopía y la del desencanto; la Cuba refugio y la Cuba cárcel; la Cuba que alimentó esperanzas de emancipación y la Cuba que persiguió a quienes no aceptaron el orden impuesto».

Internacionales
2026-09-12T08:39:00

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias