Cuba recurre al Vaticano en busca de ayuda mientras la presión de EE. UU. sume a la isla en una crisis
27.03.2026
CIUDAD DEL VATICANO (Uypress)— Acorralado por la administración Trump y enfrentando su mayor amenaza en décadas, el gobierno cubano busca la intercesión de una autoridad superior: el Vaticano. Funcionarios cubanos han solicitado al papa León XIV que ayude a persuadir a la administración Trump para que flexibilice su embargo petrolero, el cual está provocando una escasez paralizante de combustible y apagones.
Según nota de los periodistas Anthony Faiola y Samantha Schmidt publicado por The Washington Post, en reuniones de alto nivel -incluida una con el papa León XIV-, funcionarios cubanos han solicitado al Vaticano que actúe como interlocutor ante Estados Unidos. El objetivo es facilitar las conversaciones y lograr un alivio en la campaña de presión de la Casa Blanca para aislar a Cuba, la cual se ejerce mediante un bloqueo petrolero *de facto* que está provocando una escasez de combustible paralizante y empeorando los apagones, según varias personas familiarizadas con las conversaciones.
La súplica de La Habana se produce en un momento en que crece la preocupación del Vaticano por Cuba y sus 11 millones de habitantes.
La crisis petrolera es tan grave que está obstaculizando la distribución de la ayuda humanitaria financiada por el gobierno de EE. UU., la cual se canaliza a través de la Iglesia católica. La Casa Blanca ha citado dicha asistencia como prueba de que su intención es ayudar -y no perjudicar- al pueblo cubano.
Durante las últimas semanas, cajas de ayuda han permanecido varadas por periodos prolongados en los muelles cubanos debido a la falta de combustible para el transporte. El problema es tan severo que parte de la asistencia ha tenido que ser distribuida utilizando burros, según personas familiarizadas con las labores de socorro de la Iglesia.
Los pontífices -al menos desde Juan Pablo II en 1998- han denunciado el embargo comercial más amplio impuesto por EE. UU. a La Habana (vigente en gran medida desde 1960); esto, aun cuando el Vaticano ha servido -de manera más discreta- como mediador clave entre el gobierno comunista y Washington, destacando especialmente su labor al sentar las bases diplomáticas para la histórica visita del presidente Barack Obama a Cuba en marzo de 2016.
La esperanza actual -señalaron varias de las personas consultadas- se sustenta en la idea de que una institución de tan alto rango, liderada por un nuevo papa estadounidense, podría tener mayor influencia sobre el presidente Donald Trump -quien ha amenazado con "tomar" Cuba-, así como sobre los sectores más intransigentes (los "halcones") de su administración, quienes presionan a favor de un cambio de régimen en La Habana.
"Los cubanos siempre han creído que el Vaticano posee una especie de cualidad mágica", afirmó John S. Kavulich, presidente del Consejo Económico y Comercial EE. UU.-Cuba. "Y que su respaldo oficial (*imprimatur*) les reportará a su regreso a Cuba muchos más beneficios de los que ellos han invertido". Este artículo, que incluye detalles de las conversaciones no revelados anteriormente, se basa en entrevistas con 10 personas; entre ellas, cinco familiarizadas con la gestión diplomática que hablaron bajo condición de anonimato para contextualizar las delicadas discusiones.
Los cubanos buscan la ayuda del Vaticano en un momento en que los aliados tradicionales de La Habana -incluidos Venezuela y México- parecen reacios o incapaces de desafiar a Trump para acudir en auxilio de Cuba. Un funcionario ruso declaró el miércoles que su país estaba enviando suministros humanitarios a Cuba, incluido combustible, aunque no ofreció más detalles. La disposición de Moscú para enfrentarse directamente a Washington sigue siendo una incógnita.
El bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos en enero está paralizando el transporte, los hospitales y los servicios públicos, generando niveles de penuria que, según algunos observadores, son los peores desde el «Período Especial» cubano de principios de la década de 1990, cuando el colapso de la Unión Soviética privó al gobierno comunista de su principal respaldo.
En un plano más delicado, se le está pidiendo a la Santa Sede que determine cuál sería la concesión del «mínimo común denominador» que La Habana tendría que hacer para que la administración Trump suavice su campaña de presión, según una persona informada sobre las conversaciones.
Eso no significa que la gestión vaya a tener éxito.
Leo, nacido en Chicago, goza de gran prestigio en Estados Unidos. Sin embargo, la administración Trump no se ha visto conmovida por las críticas del pontífice a sus políticas -tanto internas como externas-; críticas que, si bien ocasionalmente han sido directas, la mayoría de las veces han sido indirectas. La semana pasada, Trump pareció desestimar una pregunta sobre la guerra con Irán centrada en el llamamiento de Leo a un alto el fuego, al afirmar: «No se decreta un alto el fuego cuando se está, literalmente, aniquilando al bando contrario».
«La administración no va a permitir que el Vaticano le dicte su política hacia Cuba», afirmó una de las personas familiarizadas con las conversaciones. «Son bienvenidos a opinar, pero la respuesta es: "Tienen razón, existen problemas, pero nosotros no los causamos"».
«El gobierno cubano podría realizar cambios que los mitiguen», continuó esta persona. «Por lo tanto, no nos entusiasma demasiado la idea de un *quid pro quo*, ya que realmente no necesitamos hacer nada para lograr que ellos actúen; se están desmoronando por sí solos y, en consecuencia, tarde o temprano conseguiremos lo que queremos».
El papa León XIV visita el complejo parroquial del Sacro Cuore di Gesù, en Ponte Mammolo -a las afueras de Roma-, el 15 de marzo. (Andrew Medichini/AP)
La Iglesia católica en Cuba sigue siendo la institución nacional más relevante de la isla después del gobierno, y ha alzado la voz con mayor firmeza: a finales de enero, los obispos cubanos lanzaron un audaz llamamiento en favor de los «cambios políticos que Cuba necesita».
No obstante, también declararon que «los gobiernos deberían ser capaces de resolver sus desacuerdos y conflictos mediante el diálogo y la diplomacia, y no a través de la coerción o la guerra»; palabras que León hizo suyas en un llamamiento público. El 1 de febrero, exhortó a «todas las partes responsables» a entablar un diálogo «para evitar la violencia y cualquier acción que pudiera agravar el sufrimiento del querido pueblo cubano».
En las últimas semanas, el Vaticano se ha transformado en un escenario improvisado para las conversaciones sobre el futuro de Cuba.
El 20 de febrero, Mike Hammer -el diplomático de mayor rango de la Embajada de EE. UU. en La Habana- y Brian Burch -embajador estadounidense ante la Santa Sede y estrecho aliado de Trump- se reunieron en Roma con el arzobispo Paul Richard Gallagher, número dos de la influyente Secretaría de Estado del Vaticano, para abordar el papel de la Iglesia católica.
Ese mismo día, Hammer y Burch se reunieron con un grupo de embajadores latinoamericanos ante el Vaticano para debatir «cómo colaborar con la Iglesia para respaldar el anhelo del pueblo cubano de gozar de oportunidades económicas y libertad». Durante la reunión, Hammer comunicó a los diplomáticos que el régimen cubano caería «en cuestión de días» y que Estados Unidos mantenía conversaciones con Raúl Guillermo Rodríguez Castro -nieto del expresidente Raúl Castro-, así como con una segunda persona, según una fuente familiarizada con el encuentro.
No obstante, a corto plazo -señaló Hammer-, Estados Unidos necesitaba hacer llegar a Cuba asistencia humanitaria -alimentos, ropa, mantas y otros artículos básicos- y lograr su distribución. Si dicha ayuda se canalizaba a través del gobierno cubano -afirmó-, nunca llegaría a las personas que realmente la necesitan.
La asistencia humanitaria como tema de conversación no resultó una sorpresa. El mes pasado, la Casa Blanca comprometió 6 millones de dólares en ayuda para Cuba, la cual se distribuiría a través de la Iglesia Católica; esta suma se sumaba a los 3 millones de dólares anunciados previamente para asistir a la población tras el paso del huracán Melissa, que azotó la isla en octubre.
Sin embargo, personas familiarizadas con las labores de socorro indicaron que, a medida que la asistencia ha ido llegando en las últimas semanas, gran parte de ella ha quedado varada en los muelles durante periodos prolongados debido a la falta de combustible para los camiones de transporte.
«Por un lado, desean hacer llegar la asistencia humanitaria a los necesitados a través de la Iglesia Católica, dado que esta tiene presencia en toda la isla», comentó una persona familiarizada con las labores de socorro. «Pero, al mismo tiempo, esa asistencia no puede ser entregada debido al bloqueo en el suministro de combustible. Es necesario levantar esas sanciones, pues la situación lleva así ya un par de meses».
El arzobispo de Miami, Thomas Wenski -quien lleva tres décadas colaborando con la asistencia humanitaria en Cuba-, señaló que su diócesis fue uno de los primeros grupos en operar en la isla tras el huracán Melissa para distribuir la ayuda. Wenski calificó como un hecho significativo el que el gobierno cubano no pusiera objeciones a la financiación estadounidense para la asistencia humanitaria; algo que no suele ocurrir con frecuencia, especialmente considerando que la ayuda llegó en cajas de cartón con la bandera estadounidense claramente visible en uno de sus costados.
«Tuvieron que tragar saliva y aceptar la asistencia del gobierno de Estados Unidos», relató Wenski.
La mayor parte de los contenedores de suministros llegaba al puerto de Mariel, en La Habana; sin embargo -explicó el arzobispo-, la Iglesia carecía de camiones de carga con combustible para transportar los suministros a lo largo de la isla.
Los líderes eclesiásticos lograron coordinar la llegada de un cargamento por vía marítima a Santiago, en el extremo opuesto de la isla, pero ello requirió una «cooperación más intensa» por parte del gobierno, señaló Wenski. El arzobispo recibió fotografías que mostraban a voluntarios de la Iglesia en Guantánamo distribuyendo la ayuda en triciclos motorizados y carretillas.
Otra persona familiarizada con la iniciativa comentó que la Iglesia también se había visto obligada a recurrir al uso de burros. «Parece una película de *Mad Max*», afirmó Wenski.
El reverendo Rolando Montes de Oca, sacerdote católico a cargo de tres parroquias en las afueras de La Habana, relató que recibió un cargamento de alimentos procedente de Estados Unidos, el cual distribuyó entre decenas de ancianos y personas con discapacidad de sus congregaciones que han estado dependiendo de la Iglesia para recibir sus comidas. Durante los cortes de electricidad, los voluntarios de la Iglesia tuvieron que cocinar con carbón, añadió.
Montes de Oca comentó que está reservando sus últimas gotas de gasolina para recoger y entregar ayuda, o para realizar otros desplazamientos esenciales; estima que sus reservas le alcanzarán hasta la Pascua, el 5 de abril, pero no mucho más tiempo. Para oficiar misa en las dos parroquias más distantes, recorre en bicicleta entre nueve y once millas.
El Departamento de Estado, en un comunicado, no abordó específicamente los retrasos logísticos, pero atribuyó las «trágicas condiciones» en Cuba a «la incompetencia, los fracasos y los abusos del régimen». Asimismo, señaló que Estados Unidos «colabora estrechamente con la Iglesia en diversos aspectos de nuestra diplomacia hacia Cuba».
En Roma, durante las reuniones eclesiásticas, se transmitió un mensaje claro a Hammer: el bloqueo petrolero está obstaculizando las labores de ayuda humanitaria.
Ocho días después, el ministro de Asuntos Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, llegó al Vaticano en una misión de alto nivel en calidad de «enviado especial» del presidente Miguel Díaz-Canel. Se reunió personalmente con Leo y con el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano.
Se hizo pública muy poca información al respecto. No obstante, según una persona informada sobre el contenido de las reuniones, Rodríguez invitó a Leo a visitar Cuba y solicitó su asistencia urgente para mitigar la crisis provocada por el bloqueo estadounidense. Menos de tres semanas después, Cuba anunció la liberación de 51 prisioneros como gesto de buena voluntad hacia el Vaticano.
Rodríguez conversó por separado en el Vaticano con Parolin en una reunión que resultó ser más «concreta», según indicó una persona informada sobre el asunto; en ella se incluyó una discusión sobre la necesidad de interceder ante los estadounidenses y explicar cuán grave se había vuelto la situación para los cubanos de a pie.
Ese mismo día, Hammer y Burch también se reunieron con Parolin. Una de las personas familiarizadas con las conversaciones señaló que el Vaticano busca una resolución en Cuba que no resulte «tan traumática» como lo ocurrido en Venezuela, cuando fuerzas militares estadounidenses intentaron capturar al presidente Nicolás Maduro. Aquella operación suscitó expresiones de preocupación por parte de Leo respecto a la autodeterminación y la soberanía de Venezuela.
El tema más delicado sigue siendo la sugerencia, planteada por algunos miembros de la administración Trump, de reemplazar a Díaz-Canel. La persona informada al respecto comentó que el Vaticano ha intentado orientar las conversaciones, en primer lugar, hacia una solución para la crisis humanitaria, buscando un alivio o exenciones específicas al bloqueo petrolero, al tiempo que insta a ambas partes a debatir sobre «la evolución del contexto sociopolítico».
El Vaticano declinó hacer comentarios sobre cualquiera de las conversaciones, más allá de reiterar su oposición al embargo estadounidense. Al ser consultado por periodistas a principios de este mes sobre la situación en Cuba, Parolin declaró: «Nosotros... hicimos lo que debíamos hacer por Cuba. Nos reunimos con el ministro de Asuntos Exteriores y dimos los pasos necesarios, siempre con la mira puesta en una solución a los problemas existentes basada en el diálogo».
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias