SEGURIDAD / TERRORISMO Y ÁFRICA
EE.UU. y Nigeria anuncian la muerte de Abu Bilal al Minuki, señalado como número dos global de ISIS
17.05.2026
ABUYA (Uypress) – Estados Unidos y Nigeria anunciaron la muerte de Abu Bilal al Minuki, identificado por Washington y Abuya como el segundo al mando del Estado Islámico a nivel global. La operación fue presentada por Donald Trump como “meticulosamente planificada y muy compleja” y se desarrolló en el noreste de Nigeria.
El anuncio fue realizado por Trump y luego confirmado por el presidente nigeriano, Bola Ahmed Tinubu. Según las autoridades, al Minuki fue abatido junto a varios de sus lugartenientes en una operación conjunta entre fuerzas estadounidenses y nigerianas en la zona de Metele, en el estado de Borno, dentro de la cuenca del lago Chad.
El Ejército nigeriano describió la acción como una operación de precisión terrestre y aérea, coordinada durante la madrugada, sin bajas propias ni pérdida de equipos. La operación estuvo vinculada a la estructura militar nigeriana desplegada contra Boko Haram y el Estado Islámico en África Occidental, una de las insurgencias más persistentes del continente.
Trump afirmó que al Minuki era “el terrorista más activo del mundo” y sostuvo que su muerte debilita de forma significativa la capacidad operativa global de ISIS. El presidente estadounidense dijo que el dirigente yihadista había intentado esconderse en África, pero que fue localizado gracias al trabajo de inteligencia y a la cooperación con Nigeria.
Tinubu, por su parte, presentó el operativo como un hito en la cooperación antiterrorista entre ambos países. Para el gobierno nigeriano, la muerte de al Minuki representa un golpe importante contra la estructura del Estado Islámico en África Occidental, especialmente en una región donde los grupos armados han sostenido durante años ataques contra civiles, fuerzas de seguridad y comunidades rurales.
La información disponible exige una precisión. La identificación de al Minuki como “número dos global” de ISIS proviene de declaraciones de Estados Unidos y Nigeria. Medios internacionales y analistas especializados advierten que la estructura real de mando del Estado Islámico es opaca, descentralizada y difícil de verificar de forma independiente. Aun así, hay consenso en que se trataba de una figura de alto nivel dentro del entramado yihadista en África.
Abu Bilal al Minuki, también conocido como Abu Mainok o Abu Bakr al Mainuki, era ciudadano nigeriano y estaba bajo sanciones estadounidenses desde 2023 como terrorista global especialmente designado. Según registros estadounidenses, estaba vinculado al Estado Islámico y a estructuras operativas asociadas al lago Chad.
Su trayectoria habría comenzado dentro de Boko Haram antes de integrarse a la órbita del Estado Islámico. La escisión que dio origen al Estado Islámico en África Occidental convirtió a la región del lago Chad en uno de los principales focos de actividad yihadista del continente, con operaciones en Nigeria, Níger, Chad y Camerún.
Borno, el estado donde se realizó la operación, es el epicentro histórico de la insurgencia islamista en Nigeria. Desde hace más de una década, la violencia de Boko Haram y de su facción afiliada a ISIS provocó decenas de miles de muertos, desplazamientos masivos, secuestros, destrucción de aldeas y una crisis humanitaria prolongada.
La muerte de al Minuki tiene importancia porque confirma el peso creciente de África dentro del mapa global del yihadismo. Tras la pérdida territorial del “califato” en Siria e Irak, el Estado Islámico se reorganizó mediante franquicias regionales, células descentralizadas y redes de financiamiento, propaganda y entrenamiento. En ese nuevo esquema, África Occidental y el Sahel se volvieron espacios estratégicos.
Nigeria es uno de los países más afectados por esa transformación. El Estado Islámico en África Occidental combina ataques militares, control territorial intermitente, extorsión, reclutamiento, propaganda y vínculos con economías ilegales. Su capacidad para operar en zonas rurales, bosques, islas del lago Chad y fronteras porosas dificulta la respuesta estatal.
La cooperación con Estados Unidos se volvió, por tanto, un componente central de la estrategia nigeriana. Washington ha aumentado apoyo en inteligencia, vigilancia aérea, drones, entrenamiento y operaciones coordinadas contra objetivos de alto valor. La eliminación de al Minuki muestra que esa cooperación ya no se limita a asistencia técnica, sino que puede derivar en acciones directas sobre el terreno.
El operativo también tiene valor político para Trump. El presidente buscó presentar la operación como prueba de eficacia antiterrorista y de liderazgo global estadounidense. En su relato, la muerte de al Minuki refuerza la idea de que Estados Unidos puede golpear a líderes yihadistas incluso fuera de Medio Oriente y en escenarios africanos de alta complejidad.
Para Nigeria, el éxito militar llega en un momento sensible. El país enfrenta múltiples amenazas simultáneas: insurgencia yihadista en el noreste, grupos armados en el noroeste, violencia intercomunitaria, secuestros masivos y presión sobre sus fuerzas de seguridad. Una operación de alto perfil permite al gobierno mostrar resultados, aunque no resuelva por sí sola la crisis de seguridad.
La experiencia reciente demuestra que la muerte de un líder yihadista puede generar impacto, pero no necesariamente desarticular una organización. ISIS y sus filiales suelen reemplazar mandos, reconfigurar células y aprovechar vacíos estatales. El verdadero efecto dependerá de si la operación logra afectar también redes financieras, rutas logísticas, capacidad de reclutamiento y mandos intermedios.
El caso vuelve a mostrar, además, que la lucha contra ISIS ya no puede entenderse solo como un asunto de Irak o Siria. El centro de gravedad se desplazó parcialmente hacia África, donde la combinación de pobreza, debilidad estatal, fronteras extensas, conflictos locales y redes armadas permite a los grupos yihadistas adaptarse y sobrevivir.
La operación contra al Minuki deja una señal clara: Estados Unidos y Nigeria buscan golpear a la conducción del Estado Islámico en África Occidental antes de que consolide mayor capacidad regional y transnacional. Pero también recuerda que el combate contra el terrorismo no se define únicamente con operaciones exitosas. Se define, sobre todo, con control territorial, protección de civiles, inteligencia sostenida y capacidad estatal para ocupar los espacios que dejan los grupos armados.
La muerte de Abu Bilal al Minuki es un golpe relevante para ISIS. Pero el desafío de fondo permanece: evitar que el lago Chad y el Sahel sigan funcionando como una retaguardia estratégica del yihadismo global.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias