ANÁLISIS

El “Gran Israel” no figura como doctrina oficial, pero la coalición de Netanyahu alimenta esa hipótesis

15.04.2026

JERUSALÉN (Uypress) - No hay una declaración formal del gobierno israelí que adopte como doctrina estatal el mapa bíblico “del río de Egipto al Éufrates”. Pero sí hay una convergencia que alimenta esa hipótesis: sectores centrales de la coalición de Benjamin Netanyahu sostienen posiciones anexionistas o abiertamente antiestatales respecto de Palestina, mientras Israel amplía su control territorial o militar en Gaza, Cisjordania, Líbano, Siria y, por la vía bélica, también en el frente con Irán

La referencia ideológica existe. La fórmula del territorio “desde el río de Egipto hasta el Éufrates” remite a Génesis 15:18 y forma parte de una tradición político-religiosa que no es marginal en la derecha israelí. Lo decisivo, sin embargo, es distinguir entre imaginario y doctrina oficial: cuando Bezalel Smotrich habló en 2023 frente a un mapa que incluía Jordania y los territorios palestinos, Israel hizo llegar a Amán el mensaje de que esos dichos no representaban la posición oficial del Estado.

El problema es que esa desautorización convive con una coalición donde los sectores más duros tienen peso real. Reuters describió al gabinete que volvió al poder en 2022 como un gobierno de línea dura que prometía expandir asentamientos en Cisjordania. Desde entonces, Itamar Ben-Gvir volvió a fortalecer la mayoría oficialista y Reuters lo identifica como jefe del partido ultranacionalista y procolono Jewish Power, mientras Smotrich, además de liderar Religious Zionism, ejerce funciones de supervisión sobre los colonos desde Defensa y planteó públicamente que 2025 debía ser el año de la “soberanía” israelí en Cisjordania.

Es ahí donde los hechos empiezan a reforzar la hipótesis. Reuters informó que la estrategia israelí evolucionó hacia la creación de zonas tampón en Gaza, Siria y Líbano, y que ese giro coloca al país en una suerte de guerra semipermanente. Netanyahu afirmó el 31 de marzo que Israel ya estableció “cinturones de seguridad” profundos más allá de sus fronteras: en Gaza, en Siria —desde el monte Hermón hasta el Yarmuk— y en Líbano. La propia agencia añadió que, si esa lógica se consolida, Israel habrá pasado a ocupar o controlar territorio en Líbano, Siria, Cisjordania y Gaza al mismo tiempo.

En Cisjordania, además, el avance ya no es retórico. Reuters reportó la aprobación de 34 nuevos asentamientos y recordó que Smotrich presenta esa política como una forma de “enterrar” la idea de un futuro Estado palestino. En el mismo período, Naciones Unidas y organizaciones israelíes de derechos humanos denunciaron aumento de violencia de colonos y desplazamiento de comunidades palestinas. Es decir: el frente cisjordano no solo acompaña la guerra regional, sino que produce hechos duraderos de ocupación y fragmentación territorial.

En Líbano, el salto político fue todavía más explícito. Reuters consignó que Smotrich pidió que la nueva frontera israelí llegue hasta el río Litani, en la declaración más clara de anexión formulada por un alto funcionario israelí en este frente. Al mismo tiempo, la ofensiva israelí en el sur libanés busca despejar una franja hasta ese río y destruir aldeas consideradas posiciones de Hezbollah. En Siria, Reuters informó que Israel consolidó una zona de control militar más allá de la frontera reconocida. Y el frente con Irán terminó de completar el cuadro de una guerra regional abierta, aunque allí la lógica sea menos territorial que estratégica.

Gaza sigue siendo el centro material de esa dinámica. Reuters, citando a la ONU, informó que la ofensiva dejó más de 72.000 muertos, desplazó a la mayor parte de la población y dañó o destruyó buena parte del enclave, mientras una comisión de investigación de la ONU afirmó que tanto Israel como Hamas cometieron “atrocity crimes”. La Corte Internacional de Justicia, por su parte, ordenó a Israel detener su ofensiva en Rafah y facilitar el ingreso de ayuda, aunque el fondo del caso por genocidio sigue sin resolverse.

Con ese cuadro, la conclusión más sólida no es que Israel haya oficializado el “Gran Israel” como doctrina estatal. Eso no está probado. Lo que sí está probado es que la coalición que sostiene a Netanyahu incluye actores que hablan en términos de soberanía, anexión o reasentamiento, y que las acciones militares y territoriales de Israel en varios frentes van produciendo una realidad compatible con esa visión. La hipótesis, entonces, no nace de una consigna aislada ni de una cita bíblica por sí sola: nace del cruce entre programa ideológico y expansión efectiva sobre el terreno.

Internacionales
2026-04-15T19:03:00

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