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El PRO gana poder en la Casa Rosada y redefine la segunda etapa de Milei

03.07.2026

BUENOS AIRES (Uypress) – El Gobierno argentino atraviesa una nueva etapa política. La salida de Manuel Adorni y la llegada de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete marcaron algo más que un recambio de nombres: expresan un reordenamiento del poder dentro de la administración de Javier Milei.

La imagen resume el momento: otro dirigente identificado con el PRO, el partido fundado por Mauricio Macri, asume responsabilidades centrales dentro de un gobierno libertario que llegó al poder con una identidad propia, de ruptura con la política tradicional y con fuerte rechazo a las estructuras partidarias previas.

Santilli, exdirigente del PRO y con larga trayectoria en la política argentina, fue designado para reemplazar a Adorni tras una crisis que desgastó a la Casa Rosada. Su llegada al cargo más importante del gabinete busca ordenar la gestión, recomponer vínculos con gobernadores y legisladores, y darle al Gobierno mayor capacidad de negociación parlamentaria.

La paradoja política es evidente. Milei construyó parte de su identidad enfrentando a “la casta” y diferenciándose del macrismo. Sin embargo, en la segunda parte de su mandato, buena parte de la estabilidad del Ejecutivo empieza a depender de dirigentes formados en la experiencia del PRO y, en muchos casos, del gobierno de Macri entre 2015 y 2019.

El movimiento no es aislado. Según relevamientos periodísticos, el ascenso de Santilli implica que más de una decena de altos cargos del actual Gobierno provienen del PRO o fueron funcionarios durante la presidencia de Macri. El País señaló que, tras la renovación del gabinete, cinco de los ocho ministros de Milei tienen ese origen político o administrativo.

En términos simbólicos, el oficialismo parece pasar del “mileísmo sin Milei” —un esquema en el que figuras secundarias del universo libertario administraban áreas clave mientras el Presidente concentraba la conducción discursiva— a una suerte de “macrismo sin Macri”: dirigentes amarillos ocupando posiciones de poder, pero sin que el expresidente controle formalmente el Gobierno.

Para Macri, el escenario tiene una doble lectura. Por un lado, confirma que el Gobierno necesita cuadros con experiencia de gestión y negociación política, muchos de ellos provenientes de su propio espacio. Por otro, exhibe una pérdida de conducción directa sobre ese capital político: el PRO ingresa al poder, pero no necesariamente bajo su mando.

Santilli encarna esa tensión. Tiene vínculos con el macrismo, recorrido territorial en la provincia de Buenos Aires y capacidad de diálogo con gobernadores y bloques legislativos. Pero ahora su poder depende de Milei, de Karina Milei y del equilibrio interno de La Libertad Avanza.

La Casa Rosada necesita resultados. Tras meses de desgaste por el caso Adorni, el Gobierno intenta relanzar su agenda de reformas y recuperar iniciativa política. La incorporación de Santilli apunta a mostrar una etapa más pragmática: menos épica discursiva y más negociación institucional.

El riesgo para Milei es que esa necesidad de gobernabilidad termine alterando la identidad original de su proyecto. La Libertad Avanza nació como una fuerza que pretendía desplazar al PRO como expresión central del antikirchnerismo. Ahora, sin embargo, debe apoyarse en dirigentes de ese mismo espacio para sostener la administración cotidiana y buscar votos en el Congreso.

Para el PRO, el proceso también implica una transformación profunda. Ya no aparece solo como aliado parlamentario ni como fuerza que acompaña desde afuera. Su presencia en el Ejecutivo lo convierte en parte de la gestión, con beneficios, costos y responsabilidades.

El reordenamiento deja una pregunta abierta: si el Gobierno logra estabilizarse, ¿el mérito será de Milei por ampliar su base política o del PRO por aportar estructura y oficio? Y si la gestión vuelve a enfrentar turbulencias, ¿quién pagará el costo político de esa convivencia?

Lo cierto es que el segundo tiempo ya empezó. Milei conserva la Presidencia, Karina Milei mantiene peso en la arquitectura del poder y Macri sigue mirando desde afuera. Pero cada vez más dirigentes amarillos juegan con camiseta violeta.

En ese nuevo tablero, el oficialismo argentino deja de ser exclusivamente libertario y empieza a parecerse a una coalición de hecho: una administración encabezada por Milei, sostenida por La Libertad Avanza y cada vez más atravesada por el peso político del PRO.

Internacionales
2026-07-03T10:22:00

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