TENSIÓN EN EL SENADO ARGENTINO
El oficialismo hizo caer la sesión y Adorni vuelve a ganar tiempo
BUENOS AIRES (Uypress) – El gobierno de Javier Milei volvió a ganar tiempo en el Congreso. La sesión del Senado argentino convocada para este jueves, en la que debía discutirse la eventual interpelación del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, se cayó por falta de quórum.
La convocatoria estaba fijada para las 11:00, pero transcurrida la media hora reglamentaria el presidente provisional de la Cámara, Bartolomé Abdala, debió levantar la sesión. El número de legisladores presentes quedó lejos de los 37 necesarios para iniciar el debate.
La escena dejó una imagen política clara. Legisladores de La Libertad Avanza y de bloques aliados ingresaron al recinto, pero muchos no ocuparon sus bancas. De esa forma, el oficialismo evitó que se abriera la sesión y bloqueó la posibilidad de que avanzara el tratamiento de los proyectos vinculados a la interpelación de Adorni.
La maniobra buscó reducir el riesgo de una votación incómoda para el Gobierno. En la previa, el oficialismo no tenía plena certeza sobre el comportamiento de todos los bloques dialoguistas, especialmente después de que el PRO presentara su propio proyecto para citar al jefe de Gabinete el próximo 2 de julio.
El bloque macrista, que en varias votaciones fue aliado clave de La Libertad Avanza, había elevado la presión al plantear una citación directa a Adorni. Esa jugada modificó el equilibrio parlamentario y abrió la posibilidad de que parte de la oposición y sectores dialoguistas confluyeran en una mayoría suficiente para avanzar.
Ante ese escenario, la conducción libertaria del Senado optó por impedir el inicio de la sesión. La estrategia fue simple: si no había quórum, no había debate; y si no había debate, Adorni evitaba una definición inmediata sobre su comparecencia.
La discusión formal giraba en torno al procedimiento. La oposición pretendía habilitar el tratamiento de la interpelación en el recinto, mientras que el oficialismo buscaba enviar el tema a la Comisión de Asuntos Constitucionales. Esa vía permitiría administrar los tiempos, demorar la citación y descomprimir el costo político.
La Libertad Avanza también impulsó una interpretación reglamentaria más exigente: que el tratamiento sobre tablas necesitara dos tercios de los presentes. Con esa regla, el oficialismo podía bloquear el avance reuniendo apenas un tercio de la Cámara más uno.
El PRO terminó aceptando esa lectura, aunque mantuvo su propio proyecto. Esa ambigüedad fue clave. Por un lado, el macrismo mostró distancia frente al Gobierno y sostuvo que Adorni debe dar explicaciones. Por otro, no rompió completamente con la estrategia oficialista de elevar el umbral de votos necesario para avanzar.
La sesión caída deja a Adorni con algo más de oxígeno, pero no resuelve la crisis. El jefe de Gabinete sigue en el centro de los cuestionamientos por su situación patrimonial, sus rectificaciones ante organismos públicos y las explicaciones que distintos sectores de la oposición consideran insuficientes.
El Gobierno sostiene que no hay elementos para desplazarlo y que la discusión es parte de una ofensiva política. Sin embargo, el caso ya produjo desgaste dentro del propio oficialismo ampliado. Dirigentes del PRO y senadores aliados vienen señalando que la permanencia de Adorni afecta el discurso de transparencia y austeridad que Milei construyó como una de sus principales banderas.
Patricia Bullrich, jefa del bloque de La Libertad Avanza en el Senado, quedó otra vez en el centro de la operación parlamentaria. Su sector había buscado ordenar el tratamiento del tema y evitar una exposición directa del jefe de Gabinete. La caída de la sesión mostró que, al menos por ahora, logró impedir una votación que podía complicar al funcionario.
Pero la maniobra también tuvo costo político. Para la oposición, no se trató de una sesión que simplemente fracasó, sino de un bloqueo deliberado. El argumento opositor es que el oficialismo eligió vaciar el recinto para evitar que el jefe de Gabinete rindiera cuentas ante el Parlamento.
La tensión se trasladará ahora a las comisiones y a las próximas convocatorias. La Libertad Avanza intentará estirar los tiempos, mientras la oposición buscará reinstalar el tema en el recinto y forzar una nueva definición pública.
El caso Adorni se convirtió así en una prueba de gobernabilidad para Milei. El oficialismo carece de mayoría propia y depende de acuerdos con bloques dialoguistas para sostener su agenda legislativa. Cada maniobra para blindar al jefe de Gabinete tensiona esos vínculos y expone la fragilidad parlamentaria del Gobierno.
Para el Presidente, sostener a Adorni implica evitar una señal de debilidad frente a la oposición. Para sus aliados, en cambio, el costo de defenderlo empieza a ser cada vez más difícil de administrar.
La sesión de este jueves dejó una conclusión inmediata: Adorni ganó tiempo otra vez. Pero también dejó otra evidencia: el Gobierno tuvo que impedir el debate para conseguirlo.
El episodio no cierra la crisis, apenas la posterga. La interpelación seguirá sobre la mesa, la oposición insistirá con el pedido de explicaciones y el Senado volverá a ser el escenario donde se mida hasta dónde llegan los apoyos reales del oficialismo.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias