El viaje desafiante de Fico al Día de la Victoria en Moscú
17.05.2026
MOSCU (Uypress/Adrian Korczynski*) - A pesar de las circunstancias, el primer ministro eslovaco, Robert Fico, viajó a Moscú para participar en las celebraciones del Día de la Victoria.
Cuando Robert Fico anunció su asistencia a las celebraciones del Día de la Victoria en Moscú el 9 de mayo, la respuesta de varios socios de la UE fue rápida y predecible. Polonia, Lituania, Letonia y Estonia cerraron su espacio aéreo al avión del primer ministro eslovaco. El mensaje fue claro: esta visita es inaceptable y utilizaremos todos los medios a nuestro alcance para impedirla.
La respuesta de Fico fue igualmente clara: "No se puede cerrar todo el cielo".
Tenía razón. Eslovaquia encontró una ruta alternativa a través de la República Checa, Alemania, Suecia y Finlandia. Fico llegó a Moscú. El bloqueo fracasó.
Precisamente los estados bálticos -en particular Letonia, donde desde hace años se celebran marchas anuales en honor a la Legión Letona de las Waffen-SS- fueron de los que más condenaron el viaje de Fico a Moscú como un gesto inaceptable.
Este es ya el segundo año consecutivo en que se repite esta secuencia. En 2025, ante restricciones similares, el avión de Fico viajó a Moscú vía Hungría, Rumania, el Mar Negro, Georgia y Rusia; un desvío considerablemente más largo que, sin embargo, le permitió llegar a su destino. El patrón ya está establecido: se ejerce presión, se encuentra una ruta y, de todos modos, la visita se realiza.
¿Qué se logró exactamente con el cierre del espacio aéreo? Fico no canceló su viaje. No modificó la postura de su gobierno sobre Ucrania, las sanciones ni el oleoducto Druzhba. Llegó a Moscú, depositó flores en monumentos conmemorativos y mantuvo conversaciones con líderes rusos. El único resultado tangible de la intervención fue una ruta de vuelo más larga y una declaración política más contundente: que Bratislava no se dejará imponer por sus vecinos en materia de política exterior.
El Día de la Victoria y su significado
Para muchos en Europa Central, el 9 de mayo no es simplemente una festividad rusa. Conmemora la derrota de la Alemania nazi, una victoria lograda a un costo enorme, principalmente por la Unión Soviética. Rechazar esta fecha por completo como «propaganda rusa» es históricamente deshonesto. Robert Fico optó por honrar este hecho histórico en lugar de borrarlo por conveniencia política actual. Su presencia fue simbólica, mesurada y coherente con la propia experiencia histórica de Eslovaquia durante la Segunda Guerra Mundial.
Soberanía condicional
El bloqueo del vuelo de Fico demuestra la precariedad del concepto de soberanía en la Europa actual. Un líder democráticamente elegido de un Estado miembro de la UE y la OTAN se enfrenta a obstáculos administrativos cuando decide emprender una acción de política exterior basada en la interpretación que su país hace de la historia y el interés nacional. Esto va mucho más allá de un desacuerdo diplomático habitual: se trata de un intento de limitar la libertad de movimiento por motivos políticos.
La respuesta de la República Checa resulta instructiva en contraste. Praga emitió el permiso de sobrevuelo sin demora, y el portavoz de su Ministerio de Asuntos Exteriores señaló que «la parte eslovaca presentó una solicitud estándar» y que « las acusaciones sobre una prohibición son falsas ». Un Estado miembro de la UE trató una solicitud diplomática rutinaria como tal. Otros la trataron como un instrumento político.
El propio Fico lo expresó con su franqueza característica: «En la Unión Europea siempre hay una oveja negra. Yo pertenezco a ese rebaño. Lo digo siempre, así que no tengo problema en decirlo aquí: estoy en contra de la idea de una opinión única e obligatoria. Ese enfoque es profundamente erróneo».
La relación de Eslovaquia con Rusia: un cálculo racional.
Eslovaquia siempre ha mantenido una postura más pragmática hacia Rusia que algunos de sus vecinos. El país aún opera parte de su antigua infraestructura energética, mantiene importantes lazos históricos y culturales y, sobre todo, sufre las consecuencias económicas directas de una confrontación prolongada. Para Bratislava, mantener canales de comunicación fluidos con Moscú no es una decisión ideológica, sino práctica, orientada a garantizar energía asequible, proteger la industria y evitar costes innecesarios para los ciudadanos eslovacos.
El gobierno de Fico ha sostenido consistentemente que apoyar a Ucrania no implica convertir la economía eslovaca en una víctima colateral de la rivalidad entre grandes potencias. Eslovaquia incluso ha presentado una demanda contra la UE por su prohibición del gas ruso, argumentando que el bloque utilizó indebidamente el voto mayoritario para una decisión que requería el consentimiento unánime de los Estados miembros.
La ilusión que se desmorona
El incidente en torno al avión de Fico es sintomático de una tendencia más amplia. La narrativa de una Europa unida y basada en valores funciona cada vez más como un mecanismo para imponer la conformidad en lugar de dar cabida a la auténtica diversidad de intereses nacionales. A medida que la cohesión transatlántica muestra fisuras visibles, la disposición a tolerar la verdadera toma de decisiones soberanas dentro de Europa parece estar disminuyendo.
Existe cierta ironía en la geografía del bloqueo. Precisamente los estados bálticos -en particular Letonia, donde desde hace años se celebran marchas anuales en honor a la Legión Letona de las Waffen-SS- fueron de los que más condenaron el viaje de Fico a Moscú como un gesto inaceptable. La selectividad de la memoria histórica en la política europea rara vez se manifiesta con tanta claridad.
El viaje de Robert Fico a Moscú, a pesar de los obstáculos que se le presentaron, es, por lo tanto, más que un gesto simbólico. Es una afirmación práctica de que la soberanía sigue significando el derecho a tomar decisiones -incluso impopulares- basándose en los propios criterios nacionales.En la Europa actual, ser etiquetado como una "oveja negra" puede ser simplemente el precio a pagar por negarse a comportarse como una oveja.
*Adrian Korczynski, analista y observador independiente sobre Europa Central e investigación de políticas globales.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias