EEUU / ECONOMÍA Y MEDIO ORIENTE
Inflación de EEUU sube a 4,2% y la guerra presiona a la Fed
10.06.2026
WASHINGTON (Uypress) – La inflación de Estados Unidos volvió a acelerarse en mayo y alcanzó el 4,2% interanual, su nivel más alto desde abril de 2023, en un dato que confirma el impacto de la guerra en Medio Oriente sobre los precios de la energía y vuelve a complicar el margen de acción de la Reserva Federal.
El Índice de Precios al Consumidor subió 0,5% en mayo respecto a abril, en línea con lo esperado por el mercado. La aceleración interanual fue significativa: en abril la inflación había sido de 3,8% y en marzo de 3,3%, lejos del 2,4% registrado en febrero, antes de que el conflicto con Irán comenzara a trasladarse con fuerza a los precios del petróleo y los combustibles.
El dato central está en la energía. Según la Oficina de Estadísticas Laborales, el rubro energético aumentó 23,5% en los últimos 12 meses, mientras que las materias primas energéticas subieron 40,6%. La gasolina, uno de los componentes más sensibles para los hogares estadounidenses, registró un alza interanual de 40,5% y avanzó 7% solo en mayo.
Ese salto explica buena parte de la presión sobre el índice general. La guerra en Medio Oriente, el bloqueo parcial del estrecho de Ormuz y la incertidumbre sobre el suministro de crudo elevaron los precios internacionales del petróleo y encarecieron combustibles, transporte y servicios asociados.
La inflación de alimentos fue bastante menor, con un aumento de 3,1% interanual y 0,2% mensual. En cambio, los pasajes aéreos mostraron una suba fuerte, de 26,7% en 12 meses, reflejando el impacto del combustible sobre el transporte aéreo.
La sorpresa relativamente favorable estuvo en la inflación núcleo, que excluye alimentos y energía. Ese indicador subió 2,9% interanual y 0,2% mensual, por debajo del ritmo de abril. Para algunos analistas, eso muestra que el shock energético todavía no se transformó plenamente en una inflación generalizada de bienes y servicios.
Reuters recogió lecturas de mercado que apuntan justamente a esa diferencia. La inflación titular volvió a niveles incómodos, pero la núcleo mostró menor aceleración y algunos precios de bienes básicos no energéticos incluso cedieron.
El problema para la Reserva Federal es que la inflación general vuelve a ubicarse muy por encima de la meta de 2%. Aunque parte del aumento pueda ser temporal si se estabiliza el petróleo, la persistencia del conflicto en Medio Oriente mantiene abierta la posibilidad de que los precios altos de la energía se filtren a transporte, alimentos, logística y expectativas salariales.
El dato llega en un momento delicado para la política monetaria. La Fed había logrado reducir la inflación desde los picos posteriores a la pandemia, pero el nuevo shock energético vuelve a poner en duda la posibilidad de bajar tasas en el corto plazo. Algunos analistas consideran que el banco central deberá mantenerlas sin cambios por más tiempo; otros no descartan que vuelva a discutirse una suba si la presión continúa.
La Casa Blanca intentó relativizar el impacto y sostuvo que los precios deberían moderarse cuando se estabilice el conflicto y se normalicen los flujos energéticos. Pero para los hogares, el aumento de la gasolina ya se traduce en pérdida de poder de compra, mayor costo de transporte y presión sobre presupuestos familiares.
El efecto político también es evidente. La inflación fue uno de los temas más sensibles de la economía estadounidense en los últimos años, y un regreso por encima del 4% puede erosionar la confianza de consumidores y empresas.
Los mercados reaccionaron con cautela. Las bolsas estadounidenses operaron con bajas moderadas, los bonos del Tesoro se mantuvieron relativamente estables y el dólar retrocedió levemente. La lectura dominante fue que el dato no sorprendió al mercado, pero confirma que la guerra introdujo un nuevo foco de inestabilidad macroeconómica.
La situación deja a la economía estadounidense ante una tensión difícil. Por un lado, la inflación subyacente muestra señales de contención y no hay evidencia clara de una espiral generalizada. Por otro, la energía volvió a convertirse en un canal directo de transmisión de la guerra hacia los precios internos.
El próximo dato será clave para determinar si mayo marcó un pico o si la inflación seguirá escalando. Todo dependerá, en buena medida, de la evolución del petróleo, la seguridad en Ormuz y la duración del conflicto en Medio Oriente.
Por ahora, el dato confirma que la guerra ya no es solo un problema geopolítico. También se mide en surtidores, pasajes, costos logísticos y decisiones de la Reserva Federal.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias