INTERNACIONALES / GUERRA EN MEDIO ORIENTE
Irak, presionado para elegir entre Washington y Teherán
04.09.2026
BAGDAD (Uypress) – Irak intenta mantenerse neutral en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, pero los ataques sobre su territorio, su dependencia del petróleo y las presiones enfrentadas de Washington y Teherán reducen cada vez más su margen de maniobra.
El país mantiene una relación estratégica con Estados Unidos, que conserva una influencia decisiva sobre el acceso de Bagdad al sistema financiero internacional. Al mismo tiempo, Irán es uno de sus principales socios comerciales y ejerce una fuerte influencia política y militar mediante partidos y grupos armados iraquíes.
Esta doble dependencia dificulta una alineación completa con cualquiera de los dos bloques. Elegir a Washington podría exponer a Irak a represalias iraníes y a una crisis interna con las milicias chiitas. Acercarse abiertamente a Teherán podría provocar sanciones estadounidenses capaces de paralizar su sistema bancario y sus finanzas públicas.
La respuesta más probable, mientras las circunstancias lo permitan, será continuar buscando un equilibrio. Sin embargo, la prolongación de la guerra podría convertir esa neutralidad en una posición cada vez más difícil de sostener.
Un país atacado desde ambos lados
Irak declaró que no forma parte de la guerra y pidió que su territorio no sea utilizado para lanzar operaciones contra países vecinos.
Esa posición no impidió que el conflicto atravesara sus fronteras. Instalaciones militares, dependencias diplomáticas, aeropuertos, campos petroleros y bases de grupos armados fueron alcanzados por drones, misiles y ataques aéreos.
Estados Unidos atacó posiciones de milicias iraquíes vinculadas con Irán después de que esas organizaciones lanzaran operaciones contra intereses estadounidenses. Irán y grupos aliados, por su parte, atacaron bases, instalaciones energéticas y objetivos situados en la región autónoma del Kurdistán.
Irak se convirtió así en uno de los pocos países de la región afectados por operaciones procedentes de ambos lados del conflicto.
La presencia simultánea de intereses estadounidenses, milicias proiraníes y organizaciones kurdo-iraníes transforma al territorio iraquí en un espacio de competencia entre fuerzas que el Gobierno de Bagdad no controla completamente.
La fragilidad institucional también limita la capacidad de respuesta. La guerra comenzó cuando el país todavía atravesaba una compleja transición política posterior a las elecciones de noviembre de 2025.
El petróleo sostiene al Estado iraquí
La principal vulnerabilidad de Irak es económica. Las ventas de petróleo representan más de 90% de los ingresos públicos y financian una de las mayores nóminas de funcionarios y pensionistas de la región.
El país produce alrededor de 4,8 millones de barriles diarios, principalmente en los campos del sur. Gran parte de ese crudo debe salir por terminales del golfo Pérsico y atravesar el estrecho de Ormuz.
La interrupción de la navegación y los ataques contra instalaciones energéticas obligaron a reducir la producción durante los primeros meses de la guerra. La falta de capacidad suficiente para almacenar el crudo agravó el problema.
Los campos del Kurdistán también fueron afectados. Algunas empresas extranjeras suspendieron temporalmente sus operaciones después de ataques contra instalaciones de Sarsang, Atrush y otras áreas productoras.
La situación mejoró parcialmente durante agosto. Las exportaciones iraquíes aumentaron de aproximadamente 1,35 millones de barriles diarios en julio a 2,34 millones, según funcionarios energéticos citados por Reuters.
La recuperación expuso, sin embargo, otra dimensión de la dependencia: fuentes del sector atribuyeron parte del aumento a las autorizaciones concedidas por Irán para que los petroleros iraquíes atravesaran el estrecho de Ormuz.
Washington controla una llave financiera
Aunque el petróleo pertenece a Irak, los ingresos generados por sus exportaciones mantienen una conexión fundamental con Estados Unidos.
Desde la invasión estadounidense de 2003, los dólares procedentes de las ventas de crudo iraquí se canalizan principalmente mediante cuentas vinculadas con el Banco de la Reserva Federal de Nueva York.
Irak mantiene más de US$ 100.000 millones en reservas depositadas en Estados Unidos y necesita la cooperación de Washington para acceder a dólares y sostener su sistema financiero.
Esa estructura concede al Gobierno estadounidense una capacidad de presión excepcional. Washington ya sancionó a bancos iraquíes acusados de realizar operaciones con Irán y, en abril, suspendió un envío de US$ 500 millones en efectivo para exigir medidas contra las milicias proiraníes.
Estados Unidos también amenazó con restringir el acceso a los ingresos petroleros si organizaciones vinculadas con Teherán ingresaban al próximo Gobierno iraquí.
Una interrupción prolongada de ese flujo podría provocar una depreciación del dinar, acelerar la inflación y dificultar el pago de salarios, pensiones y programas sociales.
Irán conserva influencia económica y militar
La presión estadounidense encuentra un límite en la profundidad de los vínculos entre Irak e Irán.
El comercio bilateral superó los US$ 10.000 millones durante 2025, impulsado principalmente por las exportaciones iraníes de alimentos, bienes de consumo, electricidad y gas.
Irak paga entre US$ 4.000 millones y US$ 5.000 millones anuales por el gas iraní utilizado en sus centrales eléctricas. Una interrupción de esos suministros podría agravar los apagones y afectar la actividad económica.
Irán también conserva influencia mediante partidos políticos y milicias chiitas integradas formalmente o relacionadas con las Fuerzas de Movilización Popular.
Algunas de esas organizaciones responden parcialmente a las instituciones iraquíes, pero mantienen estructuras propias de mando, financiamiento y armamento. Su capacidad militar limita el poder efectivo del Gobierno central.
El Ejecutivo estableció el 30 de septiembre como fecha para completar el retiro de la coalición internacional encabezada por Estados Unidos y para avanzar en el desarme de las organizaciones no estatales.
La coincidencia de ambos procesos resulta deliberada: varias milicias justifican la conservación de sus armas por la presencia de tropas extranjeras. Sin embargo, algunas organizaciones proiraníes todavía se resisten a entregar su arsenal.
¿Tendrá Irak que tomar partido?
Irak no necesita elegir formalmente un bando mientras pueda mantener abiertos sus canales con Washington y Teherán. Su objetivo inmediato es evitar que el conflicto destruya la relativa estabilidad alcanzada durante los últimos años.
La neutralidad no significa equidistancia. En el terreno financiero, Bagdad depende más de Estados Unidos; en materia energética, comercial y de seguridad interna, necesita preservar su relación con Irán.
La retirada de las fuerzas estadounidenses podría reducir uno de los motivos utilizados por las milicias para mantener las armas, pero no eliminará la influencia económica ni política de Washington.
Tampoco garantizará que los grupos vinculados con Teherán acepten quedar completamente subordinados al Estado iraquí.
El escenario más peligroso sería una exigencia estadounidense de interrumpir totalmente el comercio con Irán, acompañada por una negativa de las milicias a desarmarse. Bagdad tendría que decidir entonces entre proteger su acceso al sistema financiero occidental o evitar una confrontación interna con los aliados de Teherán.
Por ahora, Irak procura ganar tiempo, diversificar sus rutas petroleras y reducir su dependencia energética. Estados Unidos respalda la posible reapertura del oleoducto entre Kirkuk y el puerto sirio de Banias, que ofrecería una alternativa parcial al estrecho de Ormuz.
La capacidad de Irak para no elegir un bando dependerá, en última instancia, de que ambos contendientes consideren más conveniente preservar su estabilidad que convertirlo en otro frente de la guerra.
Imagen: Llamas que se elevan por la quema del exceso de petróleo en el yacimiento petrolífero West Qurna-2, al oeste de Basora, en el sur de Irak. (Fuente: Getty Images)
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias