MEDIO ORIENTE / LÍBANO, ISRAEL Y CRISIS HUMANITARIA
Israel intensifica ataques en el sur del Líbano y crecen denuncias de desplazamiento forzado
17.05.2026
BEIRUT (Uypress) – Nuevos ataques israelíes en el sur del Líbano dejaron civiles muertos, incluidos niños, familias desplazadas y rescatistas bajo riesgo permanente, pese a la tregua vigente. La situación alimenta denuncias de organizaciones humanitarias y autoridades libanesas sobre una ofensiva que vuelve cada vez más inhabitable una amplia franja del sur del país.
En los últimos días, la violencia volvió a escalar en localidades del sur libanés y en rutas cercanas a Sidón, Nabatieh y otras zonas ya golpeadas por semanas de bombardeos. Israel sostiene que sus operaciones apuntan contra infraestructura de Hezbolá y combatientes que preparan ataques contra sus tropas. Sin embargo, los reportes de terreno y los balances del Ministerio de Salud libanés muestran un impacto creciente sobre civiles, familias desplazadas, viviendas y personal de emergencia.
Uno de los episodios más graves ocurrió en Saksakiyeh, al sur de Sidón, donde un ataque israelí impactó contra un edificio residencial que albergaba familias desplazadas. L’Orient Today informó el 9 de mayo que el bombardeo mató al menos a siete personas, incluidos niños, y dejó varios heridos. La agencia Associated Press, citando al Ministerio de Salud libanés, también reportó que el ataque en esa localidad dejó al menos siete muertos, entre ellos una niña, y 15 heridos.
La información coincide con testimonios de periodistas y rescatistas en el lugar, que describieron el edificio como refugio de familias desplazadas desde pueblos más al sur. En esa zona, muchas personas habían abandonado sus casas por los ataques y buscaron protección en localidades consideradas menos expuestas, solo para volver a quedar bajo bombardeo.
Otro caso que generó fuerte conmoción ocurrió en Nabatieh. El Ministerio de Salud libanés informó que un dron israelí atacó a un hombre sirio que circulaba en motocicleta con su hija de 12 años. Según el reporte recogido por AP, tras un primer impacto ambos lograron alejarse; luego un segundo ataque mató al padre y un tercer impacto alcanzó a la niña, que murió más tarde en el hospital. Arab News también informó la misma secuencia, citando al Ministerio de Salud y a la agencia estatal libanesa.
Ese episodio resume la gravedad de las denuncias actuales. No se trata solo de ataques en zonas de combate, sino de operaciones con drones y misiles en áreas donde circulan civiles, desplazados y equipos de rescate. El Ministerio de Salud libanés calificó el ataque en Nabatieh como un acto de violencia deliberada contra civiles y niños, y lo presentó como una nueva violación del derecho internacional humanitario.
La situación de los rescatistas también se deterioró. Médicos Sin Fronteras condenó el 14 de mayo la muerte de dos miembros de la Defensa Civil libanesa en Nabatieh y advirtió que los equipos médicos y de rescate se ven obligados a demorar o limitar intervenciones por temor a nuevos ataques. Según MSF, ambulancias apoyadas por la organización pasan solo minutos en zonas bombardeadas, evitan usar maquinaria de excavación y demoran evacuaciones, dejando a personas atrapadas bajo escombros durante horas o incluso días.
La organización describió un patrón alarmante: ataques aéreos, drones y artillería que dañan hospitales, ambulancias y equipos médicos, y que matan o hieren a civiles, trabajadores de salud y primeros respondedores. Esa denuncia coincide con reportes de medios internacionales sobre ataques contra centros de defensa civil y personal sanitario en el sur del Líbano.
El viernes, un ataque israelí contra un centro sanitario vinculado al Comité Islámico de Salud, organización asociada a Hezbolá, mató a seis personas, entre ellas tres paramédicos, apenas horas después de que enviados israelíes y libaneses acordaran extender la tregua. Israel confirmó que había atacado lo que definió como infraestructura de Hezbolá y afirmó que los objetivos eran combatientes que preparaban disparos de cohetes contra sus tropas.
La coexistencia entre tregua y ataques es uno de los puntos más críticos. Aunque existe un alto el fuego parcial negociado con mediación estadounidense, Israel mantiene operaciones en el sur del Líbano, mientras Hezbolá continúa realizando ataques con drones y fuego contra posiciones israelíes. Naciones Unidas advirtió que ambas partes deben respetar la tregua y detener las hostilidades.
El gobierno libanés viene reclamando una presión más fuerte de Washington sobre Israel. El presidente Joseph Aoun pidió a Estados Unidos que intervenga para frenar ataques, demoliciones y operaciones militares israelíes en el sur del país. Reuters informó el 11 de mayo que, en los tres días anteriores, ataques israelíes habían causado 74 muertos, mientras las autoridades libanesas elevaban a 2.869 el número de fallecidos desde la reanudación de hostilidades el 2 de marzo.
El desplazamiento forzado es otra dimensión central. Más de un millón de personas han sido desplazadas en Líbano desde el inicio de la nueva fase del conflicto, de acuerdo con reportes oficiales y organismos internacionales. Familias enteras se mueven de pueblo en pueblo buscando zonas menos expuestas, pero los ataques en lugares de acogida como Saksakiyeh muestran que esa búsqueda de refugio puede resultar ilusoria.
Por eso crece el uso político y humanitario de expresiones como “limpieza étnica” o “vaciamiento” del sur libanés. No existe hasta ahora una calificación judicial internacional que establezca formalmente ese delito en este escenario específico. Pero las denuncias apuntan a un patrón: bombardeos persistentes, destrucción de viviendas, ataques contra infraestructura, riesgo para rescatistas y presión sobre la población civil para abandonar territorios enteros.
La Oficina de Derechos Humanos de Naciones Unidas ya había advertido en abril que los ataques israelíes en Líbano y los cohetes de Hezbolá contra Israel podían constituir graves violaciones del derecho internacional humanitario. El informe documentó patrones de ataques en zonas pobladas, edificios residenciales y daños amplios sobre derechos básicos como vida, salud, vivienda, educación, alimentación y libertad de movimiento.
Israel rechaza que busque desplazar deliberadamente a la población civil y afirma que sus operaciones responden a la presencia de Hezbolá en áreas pobladas, al uso de drones contra sus tropas y a la necesidad de garantizar seguridad en su frontera norte. El Ejército israelí sostiene que apunta a infraestructura militar, combatientes y centros operativos de la milicia chiita.
Pero el costo civil de esa estrategia es cada vez más difícil de separar del resultado militar. En la práctica, pueblos del sur libanés quedan destruidos, familias desplazadas son atacadas en nuevos refugios y los equipos de emergencia operan bajo amenaza de nuevos bombardeos. Esa combinación está debilitando la posibilidad de retorno y alimentando la percepción de que el sur del Líbano está siendo vaciado por la fuerza.
La guerra informativa también pesa. Israel difunde partes militares que hablan de objetivos de Hezbolá; autoridades libanesas y organizaciones humanitarias denuncian ataques contra civiles y rescatistas; medios internacionales verifican algunos episodios, pero no todos los detalles de cada testimonio de terreno. En ese contexto, la prudencia periodística exige distinguir entre hechos confirmados, denuncias documentadas y relatos todavía no verificados de forma independiente.
Los hechos confirmados son graves por sí mismos. Hubo ataques recientes en Saksakiyeh, Nabatieh, rutas al sur de Beirut y centros sanitarios; hubo niños muertos; hubo rescatistas asesinados; hubo familias desplazadas entre las víctimas; y hay evidencia de que las tareas de auxilio se dificultan por temor a nuevos impactos. Esa acumulación permite hablar de una crisis humanitaria en aceleración.
El sur del Líbano se encuentra así en una zona intermedia entre tregua formal y guerra efectiva. Hay canales diplomáticos abiertos, conversaciones con mediación estadounidense y declaraciones de desescalada. Pero sobre el terreno siguen los drones, los misiles, los desplazamientos, los escombros y los cuerpos recuperados con demora.
La pregunta de fondo es si la tregua puede sostenerse cuando una de sus partes mantiene operaciones militares casi diarias y la otra continúa respondiendo con ataques contra tropas israelíes. Mientras esa dinámica no cambie, la población civil seguirá pagando el costo mayor.
La escena descrita desde Saksakiyeh —familias refugiadas bajo escombros, rescatistas esperando autorización o temiendo nuevos bombardeos, cuerpos recuperados tarde— no aparece aislada. Forma parte de un patrón más amplio documentado en los últimos días. Y ese patrón deja una conclusión inquietante: el sur del Líbano no está viviendo una pausa de guerra, sino una guerra administrada bajo el nombre de tregua.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias