PODER Y GOBERNABILIDAD
La derrota de De la Espriella fue histórica, pero todavía no quiebra su mayoría
22.07.2026
BOGOTÁ (Uypress) – La elección de Honorio Henríquez como presidente del Senado representó un revés inédito para el mandatario electo Abelardo de la Espriella, pero no supone todavía la pérdida del control legislativo. El Centro Democrático, partido del nuevo titular de la cámara alta, se declaró colectividad de gobierno y mantiene su respaldo a la administración que comenzará el 7 de agosto
Como informó UyPress, Henríquez obtuvo 56 votos frente a los 45 alcanzados por Alfredo Deluque, el candidato promovido por De la Espriella. Su victoria fue posible mediante una alianza circunstancial entre el uribismo y el Pacto Histórico, dos fuerzas enfrentadas durante los últimos años.
El resultado rompió una tradición consolidada desde la Constitución de 1991. Al comienzo de cada período presidencial, el Congreso acostumbraba facilitar la elección de un dirigente cercano al mandatario entrante para presidir una de sus cámaras.
De la Espriella pretendía colocar en ese cargo a Deluque, integrante del Partido de La U y aliado personal. Álvaro Uribe, en cambio, reclamaba que la presidencia correspondiera al Centro Democrático por ser la bancada de gobierno con mayor representación.
El Pacto Histórico terminó inclinando la votación a favor de Henríquez. La izquierda presentó su respaldo como un rechazo político a De la Espriella, mientras el uribismo buscó defender el peso institucional de su partido frente al crecimiento de la nueva derecha reunida alrededor del presidente electo.
La coincidencia no constituye una coalición programática entre Gustavo Petro y Álvaro Uribe. Ambos sectores mantienen diferencias profundas sobre seguridad, economía, derechos sociales, acuerdos de paz y relaciones internacionales. Fue una alianza limitada a una votación concreta y con objetivos diferentes.
Para el uribismo, el propósito era impedir que De la Espriella desconociera los acuerdos tradicionales sobre la distribución de los cargos legislativos. Para el petrismo, significaba imponerle una primera derrota al nuevo gobierno antes de su posesión.
El revés tiene, por tanto, un peso simbólico mayor que su efecto inmediato sobre la gobernabilidad. Henríquez respaldó a De la Espriella durante la campaña electoral y el Centro Democrático se declaró partido de gobierno después de la segunda vuelta.
La colectividad fundada por Uribe cuenta con 47 congresistas y puso formalmente su bancada a disposición de la futura administración. De la Espriella perdió la disputa por colocar a un dirigente de su confianza, pero no necesariamente el respaldo del nuevo presidente del Senado.
El propio mandatario electo felicitó a Henríquez y planteó la necesidad de encontrar puntos de acuerdo desde la independencia de las dos ramas del poder público. El mensaje buscó reducir la dimensión de una derrota que, horas antes, había revelado los límites de su capacidad para ordenar al conjunto de la derecha.
Henríquez es senador desde 2014 y forma parte del Centro Democrático desde su fundación. Nació en Santa Marta en 1971, es abogado de la Universidad de La Sabana y fue director de la Escuela Superior de Administración Pública entre 2006 y 2012.
Durante su trayectoria parlamentaria ocupó las vicepresidencias del Senado y dirigió la Comisión Séptima, encargada de asuntos relacionados con trabajo, salud y seguridad social. Tras su elección prometió garantías para todas las corrientes políticas.
El nuevo presidente del Senado tendrá capacidad para conducir las sesiones plenarias y ordenar buena parte de la actividad de la cámara alta. No podrá decidir por sí solo el resultado de las votaciones, pero sí influirá sobre los tiempos y las prioridades de la discusión legislativa.
De la Espriella anunció que comenzará su gobierno con un paquete cercano a los 90 decretos sobre seguridad, lucha contra el narcotráfico, economía, salud y reorganización del Estado. Esa estrategia le permitiría mostrar decisiones inmediatas sin depender inicialmente de acuerdos parlamentarios.
Sin embargo, el presidente electo no podrá eludir al Congreso durante todo su mandato. Una eventual reforma tributaria, el Plan Nacional de Desarrollo y el presupuesto de 2027 necesitarán mayorías legislativas y obligarán al nuevo gobierno a negociar con Uribe, los partidos tradicionales y sectores independientes.
El Pacto Histórico, que cuenta con 26 senadores, será la principal bancada individual de la cámara alta. Petro también aceptó asumir la conducción de esa fuerza después de abandonar la Presidencia, mientras Iván Cepeda encabezará la oposición parlamentaria.
La votación demostró que una mayoría puede formarse contra el gobierno cuando coinciden intereses de sectores ideológicamente enfrentados. Eso no convierte al uribismo en oposición ni al petrismo en aliado de Henríquez, pero establece un precedente que De la Espriella deberá considerar.
La verdadera medida del revés no estará en la elección de la mesa directiva. Se conocerá cuando el nuevo gobierno presente su presupuesto, su plan de desarrollo y sus primeras reformas. Allí quedará claro si las “abejitas” de Uribe solo defendieron un cargo o si están dispuestas a volver a picar cuando la disputa involucre poder, recursos y orientación política.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias