INTERNACIONALES / MANIPULACIÓN POLÍTICA DIGITAL
La fábrica de mayorías: el caso Cerimedo revela cómo operan los bots en las campañas políticas
28.08.2026
LA PAZ (Uypress) – El allanamiento de varias propiedades vinculadas con el consultor político argentino Fernando Cerimedo en Bolivia abrió una ventana inesperada sobre uno de los mecanismos más opacos de las campañas electorales contemporáneas: la fabricación de relevancia, popularidad y consenso mediante redes coordinadas de cuentas falsas, automatizadas o administradas por operadores humanos.
La Fiscalía Departamental de La Paz informó que durante los procedimientos encontró dinero, documentos y lo que describió inicialmente como una “mini granja de bots”. Cerimedo, fundador del portal La Derecha Diario y consultor de dirigentes de derecha de varios países, negó que los equipos tuvieran esa finalidad. Su defensa sostuvo que se trataba de módems y teléfonos satelitales almacenados en cajas.
Hasta que concluyan los peritajes no es posible determinar cuántas cuentas podían controlarse desde esas instalaciones, qué plataformas utilizaban, durante cuánto tiempo funcionaron ni qué campañas resultaron beneficiadas.
El dato de las 50.000 cuentas que circula en redes sociales no procede del inventario de los equipos incautados. Tiene su origen en declaraciones anteriores atribuidas al propio Cerimedo, quien aseguró que su estructura disponía de decenas de miles de cuentas creadas artificialmente para operar en Argentina, además de otras utilizadas en Chile.
La cifra nunca fue verificada mediante una auditoría independiente. Tampoco está demostrado que todas esas cuentas estuvieran alojadas o fueran operadas desde Bolivia.
Lo comprobable es que Cerimedo reconoció públicamente el empleo de estructuras digitales destinadas a alterar la visibilidad de contenidos políticos. En una entrevista concedida a La Nación en mayo de 2023, durante la campaña presidencial de Javier Milei, respondió que tenía “un montón” de trolls y explicó con considerable precisión su finalidad.
Según su descripción, la estrategia consistía en producir una relevancia artificial alrededor de una publicación para que los algoritmos de las plataformas interpretaran que se trataba de un contenido de interés y lo mostraran a más usuarios reales.
Cerimedo aseguró que disponía de “miles” de perfiles generados mediante máquinas e inteligencia artificial, dirigidos por operadores que proporcionaban instrucciones y variables. Las cuentas se dejaban envejecer durante varios meses antes de utilizarlas para reducir las posibilidades de que los sistemas de seguridad las identificaran inmediatamente.
También reconoció que utilizaba cuentas coordinadas para etiquetar a personas influyentes, generar republicaciones y construir una “masa crítica” que posteriormente se trasladaba a grupos de Facebook y WhatsApp.
La operación descrita no necesita convencer directamente a miles de votantes falsos. Su primera misión es engañar al sistema encargado de decidir qué contenidos merecen visibilidad.
Las plataformas observan señales como la cantidad y velocidad de las reacciones, los comentarios, las republicaciones, el tiempo de visualización y la relación entre las cuentas participantes. Una red coordinada puede concentrar miles de interacciones durante los primeros minutos de una publicación y presentarla ante el algoritmo como una conversación espontánea que crece rápidamente.
Si la maniobra funciona, el contenido abandona el circuito artificial y comienza a llegar a usuarios auténticos. Algunos lo comparten, periodistas y dirigentes lo comentan y los medios tradicionales pueden terminar cubriendo una conversación que originalmente fue fabricada.
Ese proceso es conocido como amplificación artificial o astroturfing: una campaña organizada se presenta como si fuera una movilización popular surgida desde abajo.
No todas las cuentas que intervienen son bots completamente automatizados. Las operaciones modernas combinan bots, perfiles falsos manejados por personas, cuentas legítimas coordinadas, militantes, influencers remunerados y sistemas híbridos o “cíborgs”, en los cuales una parte de la actividad es automática y otra depende de operadores humanos.
La automatización permite publicar, seguir cuentas, compartir mensajes y reaccionar a gran escala. Los operadores humanos aportan variaciones lingüísticas, humor, insultos, respuestas contextuales y cambios de comportamiento destinados a evitar los detectores.
La inteligencia artificial facilita además la creación de fotografías, biografías y mensajes diferentes para cada perfil. Esto permite superar el modelo más rudimentario de cuentas que repetían exactamente el mismo texto a la misma hora.
Las granjas también pueden utilizar grandes cantidades de teléfonos reales, tarjetas SIM, módems, redes privadas virtuales y direcciones de internet diferentes. El objetivo es impedir que la plataforma descubra que cientos o miles de usuarios aparentemente independientes se encuentran bajo un mismo control.
La Derecha Diario ocupa un lugar relevante dentro de ese ecosistema porque combina producción periodística, activismo ideológico y amplificación en redes sociales.
Una investigación de Chequeado documentó que el portal difundió información falsa o engañosa sobre el atentado contra Cristina Fernández de Kirchner, el sistema electoral brasileño, el cambio climático, la educación sexual y otros asuntos políticos.
Después de la derrota de Jair Bolsonaro en 2022, La Derecha Diario Brasil difundió un video que presentaba como prueba de fraude determinadas diferencias entre modelos de urnas electrónicas. El Tribunal Superior Electoral brasileño consideró que el material contenía desinformación y ordenó retirarlo.
Cerimedo presentó posteriormente las mismas acusaciones ante una comisión del Senado brasileño. La investigación de la Policía Federal sobre el intento de impedir la asunción de Luiz Inácio Lula da Silva también examinó su participación en la difusión de narrativas que cuestionaban sin pruebas la legitimidad de las elecciones.
En Chile, el consultor afirmó haber participado en estrategias digitales relacionadas con las campañas contra las propuestas de nueva Constitución. Una investigación coordinada por el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística documentó la circulación anticipada y coordinada de etiquetas y contenidos posteriormente publicados por medios vinculados con su estructura.
En Argentina, Cerimedo se presentó como responsable de la comunicación de la campaña de Milei y admitió utilizar trolls, campañas negativas y mecanismos para intervenir sobre los algoritmos. La Derecha Diario se convirtió después en una de las fuentes reproducidas frecuentemente por el presidente argentino y por integrantes de su espacio político.
Estos antecedentes prueban la existencia de una metodología y su participación en distintas campañas. No permiten establecer por sí solos cuántos votos produjo esa actividad ni afirmar que Milei, Bolsonaro u otros dirigentes dependieran exclusivamente de cuentas falsas.
Las operaciones digitales funcionan mejor cuando explotan descontentos, temores y divisiones que ya existen. Los bots pueden aumentar la visibilidad de una corriente política real, pero difícilmente construyan desde cero un movimiento electoral duradero.
Su poder se encuentra en modificar la percepción del tamaño y la intensidad de ese movimiento.
Una persona que observa miles de comentarios similares puede concluir que se encuentra frente a la posición mayoritaria, aunque buena parte de esas manifestaciones proceda de una red coordinada. También puede interpretar que determinada candidatura está creciendo, que una propuesta es inevitable o que expresar una opinión contraria tendrá un costo social.
En ese punto resulta pertinente la teoría de la “espiral del silencio”, formulada durante la década de 1970 por la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann.
La teoría sostiene que las personas observan constantemente el clima de opinión de su entorno. Quienes creen que su posición coincide con la mayoría tienden a expresarla con mayor seguridad, mientras quienes se perciben en minoría pueden callar por temor al aislamiento, el rechazo o la sanción social.
El silencio de unos vuelve todavía más visible la opinión de otros. De esa manera se forma una espiral: una posición parece crecer porque sus partidarios hablan, mientras la contraria parece desaparecer porque sus defensores dejan de expresarla públicamente.
Las redes sociales pueden intensificar ese mecanismo porque convierten el supuesto respaldo colectivo en números visibles: seguidores, visualizaciones, tendencias, “me gusta”, comentarios y republicaciones.
Una granja de bots puede manipular esas señales y fabricar lo que parece ser una mayoría. Su efecto no consiste necesariamente en cambiar de inmediato la ideología de una persona, sino en alterar su percepción sobre qué piensa el resto de la sociedad.
La aplicación de la espiral del silencio al caso resulta teóricamente razonable, pero no debe presentarse como una relación causal demostrada. Para comprobarla sería necesario medir si los usuarios percibieron una opinión como mayoritaria, si esa percepción fue producida por cuentas artificiales y si posteriormente modificaron su conducta o decisión electoral.
Existen otros mecanismos complementarios mejor documentados. Los bots pueden fijar la agenda al conseguir que determinado asunto concentre la conversación; aumentar la polarización; distribuir desinformación; hostigar a periodistas y adversarios; ocultar otros contenidos mediante una inundación de mensajes y proporcionar una apariencia de legitimidad a dirigentes o propuestas minoritarias.
La Universidad de Oxford define estas prácticas como “propaganda computacional”: el uso combinado de automatización, algoritmos, datos y cuentas administradas para manipular la opinión pública.
Un estudio global del Oxford Internet Institute ya había identificado operaciones organizadas de manipulación en más de 80 países. Las estructuras detectadas no pertenecían únicamente a gobiernos o servicios de inteligencia. También intervenían partidos, candidatos, empresas de relaciones públicas, agencias de marketing y consultores privados.
El fenómeno tampoco es exclusivo de la derecha latinoamericana. Gobiernos, partidos y grupos de diferentes orientaciones ideológicas han utilizado cuentas falsas y redes coordinadas.
Meta informó que desde 2017 desmanteló más de 200 operaciones encubiertas de influencia procedentes de 68 países y desarrolladas en al menos 42 idiomas. La mayoría de las redes se dirigía contra audiencias de su propio país, aunque otras funcionaban como operaciones extranjeras.
En Asia, la empresa eliminó una red originada en China que utilizaba cuentas falsas para hacerse pasar por habitantes de Filipinas y otros países del sudeste asiático. Los perfiles amplificaban contenidos sobre el mar de China Meridional, criticaban a medios independientes y promovían mensajes favorables a determinados dirigentes filipinos.
Meta también desarticuló una operación interna en Filipinas vinculada con actores políticos y fuerzas de seguridad. Algunas de estas redes no dependían únicamente de programas automáticos: utilizaban personas reales coordinadas para comentar masivamente en publicaciones de medios y dirigentes y crear la apariencia de un apoyo extendido.
En China, investigaciones académicas encontraron que las redes automatizadas pueden influir durante períodos breves sobre los temas que ocupan la atención pública. En Japón se documentaron formas de propaganda computacional articuladas con activistas nacionalistas, mientras en India y Filipinas las aplicaciones de mensajería, los influencers y las redes partidarias adquirieron un papel central en la distribución segmentada de información política.
El antecedente internacional más conocido continúa siendo Cambridge Analytica, aunque su método fue diferente al de una granja convencional de bots.
La empresa obtuvo o procesó datos de decenas de millones de usuarios de Facebook y los combinó con información electoral y comercial para construir perfiles y dirigir publicidad política a grupos específicos.
Facebook estimó que la aplicación utilizada para recolectar la información pudo acceder a datos de hasta 87 millones de personas. La Oficina del Comisionado de Información británico confirmó graves irregularidades en la obtención y utilización de esos datos.
Cambridge Analytica demostró que la manipulación digital posee dos dimensiones complementarias. Una consiste en conocer y segmentar al votante; la otra, en fabricar y amplificar el contenido que recibirá.
Sin embargo, tampoco en aquel caso pudo establecerse con precisión cuántos votos cambiaron como consecuencia directa de la estrategia. La capacidad técnica, la utilización irregular de datos y la intención de influir quedaron documentadas; el efecto electoral exacto continúa siendo objeto de discusión.
Algo similar ocurre con las granjas de bots. La eliminación de una red puede producir caídas bruscas de seguidores, interacciones y alcance en las cuentas que se beneficiaban de ella. También puede revelar patrones: grupos de perfiles creados simultáneamente, nombres aleatorios, actividad ininterrumpida, mensajes casi idénticos o concentraciones de reacciones en períodos muy breves.
Pero una disminución de seguidores no demuestra por sí sola que un político haya contratado bots. Tampoco la desaparición de fotografías de perfil permite vincular automáticamente esas cuentas con la infraestructura allanada en Bolivia.
Para establecer esa relación se necesitan datos internos de las plataformas, registros técnicos, direcciones de conexión, información sobre pagos, dispositivos incautados y coincidencias verificables entre las cuentas y los sistemas utilizados para controlarlas.
Las plataformas suelen identificar estas operaciones por su comportamiento coordinado y no solamente por lo que publican. Meta define la “conducta inauténtica coordinada” como un esfuerzo organizado para manipular el debate público mediante cuentas falsas que ocultan quién dirige realmente la operación.
Cuando una red es desmantelada, sus efectos pueden volverse visibles: algunas tendencias pierden fuerza, determinadas publicaciones reciben muchas menos reacciones y cuentas aparentemente populares dejan de crecer. Sin embargo, esa observación debe acompañarse con análisis técnico para evitar convertir una sospecha razonable en una acusación sin pruebas.
El caso Cerimedo resulta especialmente significativo porque el consultor explicó públicamente el objetivo de la estructura que decía manejar: crear relevancia artificial para que los algoritmos multiplicaran el alcance del mensaje.
Esa declaración permite comprender el verdadero producto que ofrecen estas empresas. No venden solamente seguidores falsos. Venden visibilidad, percepción de consenso, hostigamiento contra adversarios, instalación de temas y la posibilidad de convertir una operación privada en una conversación aparentemente ciudadana.
El riesgo para la democracia no reside únicamente en que un mensaje falso sea creído. También aparece cuando los ciudadanos ya no pueden saber si la opinión pública que observan es auténtica, cuándo una conversación fue impulsada artificialmente o quién financió la campaña que invade sus pantallas.
Los bots no reemplazan a los votantes ni garantizan una victoria. Pero pueden deformar el escenario en el cual esos votantes toman decisiones, seleccionar los temas que dominan la campaña y hacer que una minoría organizada parezca una mayoría irresistible.
La investigación boliviana deberá determinar qué había realmente en las propiedades vinculadas con Cerimedo y para qué se utilizaba. Mientras tanto, sus propias declaraciones y los antecedentes documentados en Argentina, Brasil y Chile muestran que la manipulación algorítmica no es una teoría conspirativa, sino un servicio comercial ofrecido abiertamente dentro del mercado político latinoamericano.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias