La guerra de información es ahora parte integral de la confrontación estratégica
05.08.2026
WASHINGTON (Uypress/Cristiano Meier*) - El tiempo parece ser un factor determinante en estos conflictos prolongados, ya que está surgiendo un nuevo orden internacional en el que aún no existe un sistema establecido para garantizar la paz.
La guerra de información es ahora parte integral de la confrontación estratégica
WASHINGTON (Uypress/Cristiano Meier*) - El tiempo parece ser un factor determinante en estos conflictos prolongados, ya que está surgiendo un nuevo orden internacional en el que aún no existe un sistema establecido para garantizar la paz.
Las tensiones entre Estados Unidos e Irán siguen aumentando en múltiples ámbitos, abarcando la diplomacia, la seguridad, los intereses energéticos y la competencia geopolítica. En el centro del conflicto se encuentra el estrecho de Ormuz, una vía marítima estratégica para el comercio mundial de petróleo y gas, pero que cada vez más se ha convertido en símbolo de una confrontación que trasciende la esfera militar y tiene implicaciones sistémicas.
El presidente estadounidense, Donald Trump, ha acusado a los líderes iraníes de mantener una actitud contradictoria en la fase que Washington define como una posible resolución del conflicto.
"Los funcionarios iraníes se comportan de forma ambigua: primero insisten en iniciar negociaciones, luego declaran públicamente que no quieren hablar de nada con Estados Unidos", escribió Trump en la plataforma de redes sociales Truth Social.
El presidente estadounidense reiteró entonces la postura de la Casa Blanca sobre el control del estrecho de Ormuz: "Siguen afirmando que el estrecho estará bajo su control, cuando en realidad ya está totalmente controlado por la Armada estadounidense y nuestro bloqueo, o, como algunos lo llaman, el 'muro de acero estadounidense'".
Sin embargo, en las horas previas, algunos medios estadounidenses habían sugerido un escenario más favorable, especulando sobre la posibilidad de un acuerdo preliminar que allanara el camino para un acuerdo sobre el programa nuclear iraní. Teherán, no obstante, negó estos informes, aclarando que las conversaciones en curso solo se refieren a la mediación de Omán en relación con las regulaciones para la navegación en el estrecho de Ormuz.
Las constantes filtraciones, seguidas de oportunas negaciones, revelan hasta qué punto la guerra de información se ha convertido en parte integral de la confrontación estratégica. Los dos principales problemas de la crisis siguen sin resolverse: el control político y militar del estrecho de Ormuz y el futuro del programa nuclear iraní.
Estos problemas se sustentan en intereses globales. Por un lado, la competencia por la supremacía energética en Oriente Medio; por otro, el desafío al equilibrio geopolítico internacional, en un contexto marcado por la creciente influencia de los países BRICS, de los que Irán forma parte. El estrecho de Ormuz es, además, uno de los principales corredores marítimos del mundo, crucial no solo para el transporte de petróleo y gas natural, sino también para materias primas estratégicas, en particular las esenciales para la producción de fertilizantes y la seguridad alimentaria mundial.
Por lo tanto, la situación sigue siendo extremadamente delicada. Los anuncios de la Casa Blanca y los ajustes subsiguientes confirman que aún está lejos de alcanzarse un acuerdo estable. A esto se suma la complejidad del posicionamiento internacional de Irán, respaldado por socios estratégicos como China y Rusia, que consideran a Teherán un actor clave en el reequilibrio de la dinámica de poder global.
En este contexto, la transición hacia un orden internacional multipolar se hace cada vez más evidente. Esta evolución cuestiona la centralidad de la estructura unipolar establecida tras la Guerra Fría y lleva a muchos países del Sur Global a exigir una mayor autonomía política, económica y financiera respecto al modelo occidental basado en la centralidad del dólar y las instituciones euroatlánticas.
El tiempo parece ser un factor crucial en este prolongado conflicto. Washington parece favorecer una pronta resolución de la crisis, mientras que Teherán y sus aliados parecen estar siguiendo una estrategia de desgaste mediante la negociación, convencidos de que el cambio gradual en el equilibrio de poder internacional podría fortalecer su posición.
Desde esta perspectiva, las crisis actuales ya no pueden interpretarse únicamente como conflictos militares regionales. Más bien, constituyen un campo de pruebas para modelos contrapuestos de gobernanza internacional, sistemas económicos y visiones del orden mundial. El estrecho de Ormuz se convierte así no solo en un centro comercial y energético, sino también en uno de los lugares simbólicos donde se está configurando la arquitectura geopolítica del siglo XXI.
Imagen: El príncipe heredero y primer ministro del Reino de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, habla durante una reunión con el presidente estadounidense Donald Trump en el Despacho Oval de la Casa Blanca en Washington, D.C., el 18 de noviembre de 2025. El 23 de julio de 2026, el presidente estadounidense Donald Trump declaró que un acuerdo nuclear con Arabia Saudita dependía del reconocimiento de Israel por parte del reino, lo que provocó la crisis del acuerdo al día siguiente de su firma. Riad se ha negado durante mucho tiempo a unirse a los llamados Acuerdos de Abraham con Israel, insistiendo, sobre todo después del conflicto de Gaza, en la necesidad de un proceso que conduzca a la creación de un Estado palestino. (Foto: Brendan Smialowski / AFP)
*Cristiano Meier - FaroDi Roma
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias